Beato Charles de Foucauld, 1 de diciembre

En este 1 de diciembre recordamos a Carlos de Foucauld, que de ser un aristócrata y mujeriego llegó a los altares.

Santos de día:  Eloy, obispo y confesor, Patrono de joyerías y platerías. Nahúm, profeta; Próculo, obispo y mártir; Evasio, Teocleto, Leoncio, Castriciano, Agerico o Airy, obispos; Ansano, Natalia, Landoaldo, Amancio, confesores; Lucio, Rogato, Cándida, Casiano, Diodoro, Mariano, mártires; Edmundo Campion, Roberto Southwell y compañeros mártires; Florencia, virgen.

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Para conocer algo de cómo era y pensaba a continuación exponemos unas pinceladas de algunas expresiones suyas. Y aquí puede bajarse sus Escritos Espirituales: https://www.iesuscaritas.org/wp-content/uploads/2018/10/kupdf.net_escritos-espirituales-carlos-de-foucauld.pdf

  • «Quiero predicar el Evangelio con la vida»
  • «Padre, me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy las gracias. Estoy dispuesto a todo, lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla en mí y en todas tus criaturas. No deseo más, Padre»
  • “Buscar el tiempo para leer cada día algunas líneas de los santos evangelios, siguiendo siempre el orden, para poder, en un determinado periodo de tiempo, adquirir una visión completa y después de la lectura (que no ha de ser excesivamente prolongada: diez, quince, veinte líneas, medio capítulo, como máximo) meditar algunos minutos mentalmente o por escrito sobre las enseñanzas contenidas en vuestra lectura. Debéis tratar de impregnaros del espíritu de Jesús leyendo y releyendo, meditando y volviendo a meditar ininterrumpidamente sus palabras y ejemplos, a fin de que actúen sobre nuestras almas como la gota de agua que cae y recae sobre la piedra inmóvil”
  • «Jesús eligió de tal modo el último lugar, que nadie podrá quitárselo»
  • «Ser humilde en pensamientos, palabras acciones. No buscar ni amar el aprecio de los hombres, sino amar su desprecio. Cuando se ama se es humilde, pues se encuentra uno pequeño, una nada, al lado de lo que se ama»
  • «Seamos humildes en los deseos, no teniendo ninguna ambición, ningún deseo de la estimación de los hombres»
  • «La fe es incompatible con el orgullo, con la vanagloria, con el deseo de la estima de los hombres. Para creer, es necesario humillarse»
  • Inclinándose sobre el misterio de Belén, el Padre de Foucauld decía: «Si hay alguno que puede contemplarte en la gruta y seguir siendo rico, no lo sé: yo no puedo»
  • “Dios mío, tú nos dices que para orar no debemos considerarnos obligados a recitar oraciones vocales, sino que basta hablar interiormente en la oración mental; ni siquiera es necesario decirte interiormente palabra en esta oración, sino que basta con permanecer amorosamente a tus pies, contemplándote y fomentando, arrodillados ante ti, sentimientos de admiración, de compasión, de entrega, de deseo de tu gloria…”
  • «Es necesario orar mucho para mantenernos fieles en cualquier situación»
  • Para resistir a la tentación nos es necesario dos cosas: 1.º Largas horas consagradas a la oración diariamente, con una regularidad inviolable. 2.º La continua oración durante el resto del tiempo, es decir, que durante las diversas ocupaciones que llenan el resto de la jornada es necesario tener el espíritu unido sin cesar a Dios, los ojos continuamente vueltos hacia Él»
  • «Para que nuestra vida sea una vida de oración es necesario dos cosas: primeramente, que ella encierre en sí misma un tiempo suficientemente largo cada día consagrado a la oración; después, que durante las horas consagradas a otras ocupaciones quedemos unidos a Dios, conservando la presencia y volviéndonos a Él por frecuentes elevaciones de nuestros corazones y miradas…»
  • «La Eucaristía es Dios con nosotros, es Dios en nosotros, es Dios que se da perennemente a nosotros, para amar, adorar, abrazar y poseer»
  • “Adorar la Hostia santa debería ser el centro de la vida de todo hombre»
  • «El objetivo de cada vida humana debería ser la adoración de la santa Hostia»
  • “Qué delicia tan grande, Dios mío, poder pasar quince horas sin nada más que hacer que mirarte y decirte: Te amo”
  • “Tu felicidad, Jesús, me basta”

 

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Biografia

Carlos de Foucauld nació en Estrasburgo, Francia, en una familia aristocrática en 1858. A los seis años quedó huérfano y junto con su hermana fueron criados por su abuelo. Más adelante estudió con los jesuitas en Nancy y París.

Ingresó al servicio militar, pero años después fue dado de baja por mala conducta y se marchó con su amante. Por aquel tiempo se produjo una revuelta y Carlos volvió al ejército. Cuando todo acabó, renunció a su puesto para estudiar árabe y hebreo.

En 1883, haciéndose pasar por judío, realizó una expedición por el desierto de Marruecos, hizo mapas de los oasis y recibió la medalla de oro de la Sociedad Francesa de Geografía. Asimismo exploró Argelia y parte de Túnez.

En 1886 tuvo una experiencia profunda de conversión. Le impactó la vida entre los seguidores del Islam y el ver que aquellas personas se tomaban muy en serio su religión. En cambio, él había tenido una historia de derroche de dinero y en aventuras.

Con la ayuda de un sacerdote y después de una sincera confesión, optó por una vida más austera, durmiendo en el piso y orando por horas. Peregrinó hasta Tierra Santa y pasó por muchos retiros espirituales.

Con el tiempo ingresó al monasterio Notre Dames-des-Neiges de los monjes trapenses y tomó el nombre de Marie-Alberic.

Fue enviado al Monasterio de Akbes en Siria y luego a estudiar a Roma. Sin embargo, optó por retirarse de los trapenses ya que los pueblos africanos alejados de la fe estaban constantemente en sus pensamientos.

Volvió de peregrino a Tierra Santa y retornó a Francia. Tras estudiar un tiempo para el sacerdocio, fue ordenado en 1901.

Ya como sacerdote se fue a vivir cerca de Marruecos con la intención de anunciar el Evangelio. Comenzó a comprar esclavos para liberarlos y evangelizaba en la tribu nómada de los Tauregs.

Escribió varios libros sobre ellos y tradujo los Evangelios a su lengua. Logró establecerse en el corazón del desierto del Sahara en Tamanrasset (Hoggar, Argelia).

En 1909 fundó la Unión de Hermanos y Hermanas del Sagrado Corazón con la misión de evangelizar las colonias francesas de África. Los bereberes, personas pertenecientes a etnias al norte de África, decían que su bondad producía sentimientos amistosos hacia los franceses.

Sin embargo, el 1 de diciembre de 1916, el Beato Carlos de Foucauld murió en la puerta de su ermita por un disparo de fusil debido a una revuelta antifrancesa de los bereberes de Hoggar.

“Creo necesario morir como mártir, despojado de todo, tendido en el suelo, desnudo, cubierto de heridas y de sangre, de forma violenta y con una muerte dolorosa”, expresó en una ocasión, como presintiendo su muerte.

Diez congregaciones religiosas y ocho asociaciones de vida espiritual han surgido de su testimonio y carisma. Fue beatificado por Papa Benedicto XVI en 2005 y su fiesta litúrgica se celebra cada 1 de diciembre.

Aciprensa

 

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