No es una ¡ay! en sí por ellos, sino por aquellos que posibilitan su existencia, pudiendo evitarla. Esto es así de simple: Dios (Padre, Creador) ha querido que todos sus hijos coman, si alguno no come (visto que hay suficiente) es porque alguien le arrebata ese derecho. ¿Quién? Para este el ¡ay!, porque su hambre será eterna.
Hay suficiente, abundante, alimentos como para abastecer todas las necesidades del mundo, y sin embargo, la gente se sigue muriendo de hambre en número exagerado.
Las palabras de Jesús resuenen lapidariamente «pobres siempre tendréis con vosotros» (Jn 12,8). Y seguro que no pronunció esta sentencia porque creyera que nunca habría en la tierra la suficiente producción de alimentos para abastecer a toda su población, no, no era esta la razón, sino el que conocía el paño, el corazón del ser humano, donde la codicia, la injusticia y el egoísmo abundan dando como resultado la despreocupación por el prójimo, e incluso arrebatándoles lo que en derecho les corresponde: un lugar en el banquete de la vida a la que Dios Padre ha invitado a todos los hombres, con alimento suficiente. Decía contundentemente san Juan Crisóstomo: «No hacer participar a los pobres de los propios bienes es robarles y quitarles la vida. Lo que tenemos no son nuestros bienes, sino los suyos». Palabras de este tenor las podemos encontrar en todos los Santos Padres.
Les dejamos con algunos textos significativos del Catecismo de la Iglesia Católica:
2459 El hombre es el autor, el centro y el fin de toda la vida económica y social. El punto decisivo de la cuestión social consiste en que los bienes creados por Dios para todos lleguen de hecho a todos, según la justicia y con la ayuda de la caridad.
2463 En la multitud de seres humanos sin pan, sin techo, sin patria, hay que reconocer a Lázaro, el mendigo hambriento de la parábola (cf. Lc 16,19-31). En dicha multitud hay que oír a Jesús que dice: «Cuanto dejásteis de hacer con uno de estos, también conmigo dejásteis de hacerlo» (Mt 25,45).
2443 Dios bendice a los que ayudan a los pobres y reprueba a los que se niegan a hacerlo: «a quien te pide da, al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda» (Mt 5,42). «Gratis lo recibisteis, dadlo gratis» (Mt 10,8). Jesucristo reconocerá a sus elegidos en lo que hayan hecho por los pobres (cf. Mt 25,31-36). La buena nueva «anunciada a los pobres» (Mt 11,5; Lc 4,18) es el signo de la presencia de Cristo.
2444 «El amor de la Iglesia por los pobres…pertenece a su constante tradición » (CA 57). Está inspirado en el Evangelio de las bienaventuranzas (cf. Lc 6,20-22), en la pobreza de Jesús (cf. Mt 8,20), y en su atención a los pobres (cf. Mc 12,41-44). El amor a los pobres es también uno de los motivos del deber de trabajar, con el fin de «hacer partícipe al que se halle en necesidad» (Ef 4,28). No abarca sólo la pobreza material, sino también las numerosas formas de pobreza cultural y religiosa (cf. CA 57).
1397 La Eucaristía entraña un compromiso en favor de los pobres: Para recibir en la verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros debemos reconocer a Cristo en los más pobres, sus hermanos (cf. Mt 25,40).
En estos días el papa Francisco ha publicado un mensaje para la Jornada Mundial de los Pobres, donde denuncia que la pobreza es «creada por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la injusticia».
Carta de Santiago, cap. 5:
1 Ustedes, los ricos, lloren y giman por las desgracias que les van a sobrevenir.
2 Porque sus riquezas se han echado a perder y sus vestidos están roídos por la polilla.
3 Su oro y su plata se han herrumbrado, y esa herrumbre dará testimonio contra ustedes y devorará sus cuerpos como un fuego. ¡Ustedes han amontonado riquezas, ahora que es el tiempo final!
4 Sepan que el salario que han retenido a los que trabajaron en sus campos está clamando, y el clamor de los cosechadores ha llegado a los oídos del Señor del universo.
5 Ustedes llevaron en este mundo una vida de lujo y de placer, y se han cebado a sí mismos para el día de la matanza.