Hay que poner pies en pared, antes de que se sea demasiado tarde. Porque un día, no tardando, el cachorrillo del animal con instinto salvaje al que hemos consentido que viviera en casa, cuando se haga mayor, de repente, sorprendiendo a todos (ingenuos, inconscientes, que se divertían con sus carantoñas y juegos), dará un zarpazo o hincará sus dientes… dejándonos helados… por tan ensangrentada muerte.
La China va por el mundo a su aire: 1º) da la impresión de que no se mete con nadie -no tiene ningún protagonismo internacional en defensa de tal o cual cosa de justicia (la ecología, países que abusan de sus poblaciones (vg.: Venezuela), las buenas prácticas económicas, etc.) y sin embargo, va tendiendo sus tentáculos (económicos) en muchos países del planeta (sobre todo en países en desarrollo), como vulgarmente se dice «a la chita callando»; 2º) a ese no meterse con nadie, existe una actitud semejante y recíproca: nadie se mete con ella, con lo que hace de puertas adentro, por mucho que sea lo que haga el Gobierno del Partido Comunista Chino: la dictadura existente, la represión de las libertades, las persecuciones de las religiones, el oscurantismo de lo que está pasando (vg.: el coronavirus, los desaparecidos, las penas de muerte, etc.), los campos de concentración, etc.
A este respecto:
«Harry Wu relató en Vientos amargos (Libros del Asteroide) su agónica huida de un país que lo había condenado al trabajo esclavo. Dedicó su vida a denunciar la salvaje dictadura comunista y a inventariar los campos de trabajo (laogai) en los que millones de prisioneros (como él durante 20 años) pasan a convertirse en piezas, pronto desechables, de la potente maquinaria de producción que es China. La Fundación creada en Washington por Wu ha logrado certificar la existencia de al menos 1.007 campos, que forman parte de la economía nacional y que son a la vez un potente y feroz mecanismo de reeducación ideológica.» (Elmundo.es)
«Gulag en China. El asesinato en masa de esos millones de chinos sucede en lo invisible. Informe de Human Rights Watch sobre el gran campo de concentración que es China: «El Gobierno chino conduce la ofensiva contra el sistema internacional de los derechos humanos más intensa que hemos visto desde la emergencia de ese sistema a mediados del siglo XX». Yo recupero sus cifras, a través de un libro reciente, el de Raúl Fernández Vítores acerca de ese infierno presidiario: Viaje a Tianjin. «90 campos laogai, verificados por la Laogai research foundation, que están en funcionamiento; el verdadero número es seguramente mayor. Entre tres y cinco millones, número estimativo de personas actualmente recluidas en estos campos. Entre 40 y 50 millones de personas han sido encarceladas en laogai desde 1949». (Gabriel Albiac, ABC)
Y de las vejaciones, humillaciones y violencias de todo tipo a las religiones, especialmente a la cristiana, son numerosas y constantes: pueden ver y documentarse -aunque sea solo como botón de muestra- leyendo algunos artículos publicados en nuestra categoría «China».
En fin, el mundo guarda mutismo, hasta acaricia a la bestia, la da una carta de ciudadanía, está en todos los foros internacionales, se le abren todas las puertas y se le «hace la ola» con todo tipo de lisonjas y parabienes. Algún día esto se va a pagar. Ahora, mientras tanto lo pagan otros: las pobres víctimas inocentes que no se pueden defender y que todo el mundo parece ignorar (o eso quiere creer).
Aquí cuadra el poema de dramaturgo y poeta alemán Beltrol Brel o del también alemán pastor luterano Martin Niemöller:
«Primero vinieron por los socialistas,
y yo no dije nada, porque yo no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas,
y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos,
y yo no dije nada, porque yo no era judío.
Luego vinieron por mí,
y no quedó nadie para hablar por mí«
Todo ello lleva a pensar, especialmente en estos días en que comeremos a la Virgen de Fátima, en lo que Ella nos advirtiera respecto al Comunismo…
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