La crisis de la familia en España

La crisis de la familia en España. Ocaso moral y destrucción demográfica

“Quienes hablan mal de la Familia no saben lo que hacen, porque no saben lo que deshacen”. G.K. Chesterton advirtió, durante el pasado siglo, del inicio de un proceso de destrucción de la Familia natural en Europa occidental que, a través del liberalismo progresista (finalmente asumido, sin distinción, a izquierda y derecha del espectro político), serviría al naciente capitalismo globalizado para convertir a los ciudadanos en simples productores y consumidores a su servicio, sin vínculos con las “sociedades intermedias” (nación, gremio, familia) que unen al hombre consigo mismo (humanamente) y con los demás (solidariamente).

España es, quizás, a inicios del siglo XXI, el paradigma de este proceso de destrucción de la Familia, manifestada en una grave crisis demográfica de impacto aún por determinar, que pone en claro peligro la sostenibilidad presente y futura del Estado del bienestar. Situación producto del acelerado cambio sociocultural producido en nuestro país en las últimas décadas, marcado por el triunfo sin paliativos del individualismo consumista, que ha ido derrumbando, una tras otra, las tradiciones propias de su idiosincrasia nacional. La imparable pérdida de población y la inevitable reducción de la natalidad son consecuencias de este cambio, fundado en una crisis moral y social que ha situado a la Familia (especialmente al matrimonio y la maternidad) como elemento prescindible del itinerario vital de las nuevas generaciones, situación similar a otros países del entorno como Italia o Portugal, y que en el resto de Occidente solo ha sido paliado temporalmente por una inmigración masiva que en muchas ocasiones o se ha gestionado mal (desde un paradigma multiculturalista generador de guetos) o de manera ideológica (fomentando un modelo asimilacionista que negaba las diferencias culturales).

Y este cambio tiene un protagonista. El single como ideal, sin ataduras y sin cargas (solo o con pareja inestable), supuestamente libre para tener siendo, pero siempre esclavo para ser teniendo; y por ello, como productor al servicio, casi exclusivo, de un Mercado que lo puede utilizar como trabajador flexible todas aquellas horas que necesite y con un salario “competitivo” que pueda sufragar sus gastos más superfluos, y como consumidor compulsivo, guiado por el trending topic, que no conozca las palabras ahorrar (para el futuro) ni compartir (para su familia). El arquetipo de un tiempo y un lugar, posiblemente demasiado genérico pero posiblemente demasiado real.

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La realidad natural. La Familia como fundamento de todo Bienestar social.

Pese al olvido político-institucional y el desprecio sociocultural, solo reivindicando y protegiendo a la institución familiar se podrá, si no revertir si paliar las graves consecuencias político-sociales que ponen en entredicho el devenir inmediato del Welfare state: a) un nuevo estatuto jurídico-político de la Familia (regulador de la adopción, la maternidad y matrimonio); b) un organismo estatal especializado sobre Familia (Ministerio o Secretaria de Estado a nivel central, y consejerías autonómicas específicas); c) apoyo social y económico directo a la maternidad (campañas de sensibilización, redes de apoyo a las mujeres embarazadas, aumento de la prestación por hijo a cargo); d) medidas de conciliación real de la vida familiar y laboral (aumento de los permisos de paternidad/maternidad, generalizando la flexibilidad y racionalización de horarios, e impulsando la reducción de jornada y el teletrabajo).

Países como Rusia, azotado por una gravísima crisis demográfica durante su obligada transición del comunismo estatista a la democracia liberal más radical, demuestran como políticas públicas centradas en la defensa y promoción de la Familia y sus valores (celebrando oficialmente el 8 de julio el “Día nacional de la Familia, el amor y la fidelidad”), tanto con medidas legislativas como con campañas mediáticas, pueden tener éxito. En 2016, pese al contexto de crisis económica, y por cuarto año consecutivo, el país euroasiático volvió a ganar población, cuando décadas antes estudios norteamericanos anunciaban su colapso poblacional. Y asimismo, naciones del este y centro de Europa, como Armenia, Croacia, Eslovaquia, Georgia, Hungría, Macedonia, Rumania o Serbia, han fijado la defensa de la Familia como prioridad constitucional ante el declive poblacional de los últimos lustros. En este aspecto es relevante el ejemplo magiar, que bajo el gobierno de Viktor Orbán, sancionó en su Carta magna (2011) la protección integral de la Familia y la Vida, marco de impulso de las medidas legislativas húngaras que se ha traducido en un aumento constante del número de matrimonios (un 18% en 2015) y nacimientos.

Hay, por ello, alternativa. Así se convierte en fundamental y necesaria la reivindicación y protección en España de una institución ampliamente valorada por la ciudadanía en las sucesivas encuestas del Centro de Investigaciones sociológicas (CIS), pero más como referente sentimental que como horizonte vital real, más como leyenda hogareña que como opción práctica para la nuevas generaciones. Pese a ello, como la crisis socioeconómica [2007-2013] evidenció, esta institución fue el principal sostén en la conciliación laboral y el refugio obligado ante el despido y el desahucio, cuando el Mercado se contrajo (o explotó) y el Estado se recortó (o ajustó).

No hay nación que sobreviva sin fomentar y apoyar a la Familia. La Historia nos lo recuerda siempre. Familia no solo como medio imprescindible de relevo generacional, sino como instrumento esencial para mantener o alcanzar la armonía social, para asegurar el crecimiento o la supervivencia económica, para colaborar en la correcta socialización de los futuros ciudadanos, para ayudar socialmente a sus miembros “en las duras y en las maduras”, para generar redes vitales con vecinos y amigos, para garantizar la educación moral con la fraternidad de la fidelidad conyugal y del apoyo fraternal; en suma, para hacer posible ese urgente desarrollo humano integral y sostenible para todo el hombre y para todos los hombres, en tiempos de nostalgia por la identidad pasada y de incertidumbre por el progreso futuro. Un bien social a defender y promocionar, por tanto, desde políticas de acuerdo, recursos amplios y valores compartidos. Nuestro futuro, y el del Bienestar común, dependen de ello.

Y aunque parezca un milagro cambiar el destino de la Familia y la natalidad en España y Occidente, Chesterton ya nos enseño que “lo más increíble de los milagros es que ocurren”.

Sergio Fernández Riquelme, 25.07.2016

Fuente y texto completo: http://katehon.com/es/article/la-crisis-de-la-familia-en-espana-ocaso-moral-y-destruccion-demografica