Este es el análisis de la realidad de Venezuela:
Un país potencialmente muy rico, con unos recursos naturales extraordinarios, que se encuentra en la ruina, en una ruina total: económica, política, civil, social, moral, etc.
Venezuela políticamente es una tiranía corrupta y asesina: que durante décadas el chavismo y el madurismo de la “revolución bolivariana” ha ejercido el poder de manera criminal: arrebatando “manu militari” la propiedad privada, así como todos los bienes que les parecida, desde empresas, a tierras, minas y explotaciones.
Todo esto se ha producido violentamente reprimiendo a la población, matando y encarcelando y torturando a quienes se oponían o se sospechaba de tener una opinión política en contra o distinta. Es decir, lo clásico de un régimen tiránico comunista.
Ante esto, mucha gente, 9 millones de personas, casi un tercio de su población, tuvieron que huir del país, por temor y por hambre. Otros muchos, el 88% de la población actual, malvive, a consecuencia de las penurias económicas.
Bajo un simulacro de democracia, al que se convocó hace un año a los venezolanos, el régimen dictatorial, para no perder el poder que según las actas en poder de la oposición habían perdido por abrumadora mayoría, se declaró vencedor sin mostrar las actas. Es decir, que siguieron ostentando el poder de manera tramposa y con la fuerza de las armas y de todo el andamiaje estructural de un régimen que lo acapara todo: se calcula que hay unas 30.000 familias, 2.000 generales, miembros de la adjudicatura, funcionarios, civiles activistas, etc., que se han visto y ven favorecidos, enriquecidos, con todo los que han esquilmado y robado al país, en todos sus recursos y bienes. A esta riqueza inmensa extraída de la tierra y de la ciudadanía, se une la lograda a través del tráfico de las drogas.
Este es el análisis de este hermoso país, con un tamaño territorial casi el doble que España, y con mucha menos población, que podía nadar en la abundancia y en el bienestar de los ciudadanos y que sin embargo, se halla en un estado lamentable. Los parásitos de dentro y los de fuera (potencias del mundo que se han visto y ven favorecidas por este régimen brutal, de corte comunistas) se resisten y oponen a cualquier cambio; todo sea por seguir succionando vilmente la leche que dan las ubres de Venezuela.
Hay quien se está echado las manos a la cabeza ante la acción del gobierno de Trump, en el sentido de que supone una injerencia de un país extranjero en la soberanía de otro, lo cual supone una quiebra del ordenamiento del derecho internacional, etc.
Ante esta poderosa objeción, cabe decir, como afirmaban los clásicos: que ante una situación extrema de tiranía –y a lo dicho, añadir que la represión es asesina, con 900 presos políticos torturados, y los que se ignoran, más los asesinados; por un terror estatal paramilitar- hay que echar mano de lo moralmente permitido de la “defensa propia” y de la posibilidad del “tiranicidio”, según la doctrina de Santo Tomás de Aquino o fray Francisco de Vitoria.
Así, pues, ante esta detención del tirano Maduro, se comprende muy bien, ¿quién son los que se han alegrado y quienes no? Las víctimas –todos los masacrados, hambrientos y expulsados del país- se han alegrado, y en cambio, se han enfurecido aquellos rastreros que hasta el momento presente saqueado y hundido a Venezuela, a estos se unen muchos sectarios periodistas e ideólogos que fanatizados por sus ideas de extrema izquierda y wokistas tienen el pensamiento oscurecido y son incapaces de reconocer la verdad del drama de lo que está sucediendo desde hace ya muchos años en esa bendita tierra.
¡Dios guarde y bendiga a Venezuela!
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