Urgen los contemplativos

Con el aceleramiento histórico que la Humanidad está experimentando en esta etapa presente —y no nos referimos a los avances en todos los órdenes, científicos y tecnológicos, sino en la profunda transformación mental y espiritual—, es mucho lo que está en juego y cada día lo va a estar más, porque los años inmediatos —estimamos— van a suceder cosas que no creeremos.

Por ello, se necesitan contemplativos, almas de Dios, profetas, personas abrasados por el fuego divino, repletos de fe, entregados a la voluntad de Dios, como brasas ardientes hasta consumirse en el amor de divino. Porque estos son faros en medio de la niebla y quienes posibilitan que las gracias Dios ofrece a la Humanidad encuentren acogida y de quien Dios se sirve para hacer cumplir sus designios

Un santo profesor que conocimos, Antonio Hortelano, decía hace años: «Hoy el mundo necesita más que nunca de una vuelta a la contemplación… El verdadero profeta de la Iglesia del futuro será aquel que venga del `desierto´ como Moisés, Elías, el Bautista, Pablo y sobre todo Jesús, cargados de mística y con ese brillo especial que sólo tienen los hombres acostumbrados a hablar con Dios cara a cara.»

Son pocos, pero necesarios. Cual mástiles firmes de fe inquebrantable, el mundo necesita con urgencia de estos personajes —a veces, o muchas veces, anónimos— perdidos en cualquier recóndito lugar —claustros, parroquia, ermita, paraje… o incluso entre la muchedumbre de la gran ciudad— que silenciosamente, con absoluta humildad y en la indiferencia más absoluta, pasando desapercibidamente para el mundo, —y sin que lo sepamos bien comprender— sostienen al mismo mundo… Y todo ello, porque Dios, en místicamente, misteriosamente, lo ha querido así.

Sus pasos contradicen los caminos por los que el mundo va, un mundo peligrosamente perdido.

ACTUALIDAD CATÓLICA


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.