Hoy día en parroquías -que frecuentamos- con una población de 20.000 personas, que no lleguen a ir a misa a diario ni 20, es verdaderamente significativo de lo que está pasando. Jamás había orurrido algo así. Esto es totalmente nuevo y alarmante. ¿Qué hacer?
¡Hay tanto en juego! Al que cree en el Evangelio, le procura una fuerza salvadora ; es decir, la fe le hace piadoso, justo, santo; y esto es lo que procura la salvación. (Cfr.: Rom 1,16ss). Creer es fundamental.
Hay que evangelizar a los no bautizados y reevangelizar a los bautizados, especialmente a los más cercanos. Es una cuestión de fundamentalísima de la Iglesia Católica en Occidente, y es algo que afecta e nos implica a todos; es una grave responsabilidad para todos los creyentes, condición sine qua non de nuestro ser de cristianos seguidores de Cristo, que mandó a sus discípulos a anunciar el Evangelio, a compartir la Buena Nueva del tesoro encontrado; y conlleva el que lo afrontemos conjuntamente, sinodalmente, como Iglesia de Cristo.
La caída de la práctica religiosa, mayoritariamente en Occidente, desde hace unas décadas es lisa y llanamente llamativa, y ha de causar alarma en los que nos decimos creer. ¡Hay que hacer algo y hacerlo ya!
Desde una perspectiva occidental, ya no se trata, como antaño, de ir a tierras lejanas, sino que hay que misionar aquí, en nuestros barrios, a los más próximos. De modo que cada parroquia ha de centrarse en evangelizar en su radio de acción, atrayendo a los tibios alejados y convirtiendo a los no creyentes.
Para ello hay que tener en cuenta:
Conocer las casusas de la increencia actual: En ser humano occidental se está produciendo un cambio interior que le imposibilita la religación a Dios, o religión; este cambio o crisis del ser se debe a los desarraigos: espiritual, es en Dios donde está el origen y destino; existencial, pues una vida sin origen y destino entra en una angustiosa vida sin sentido; intelectual, pues la carencia de metafísica se suple de idealismos y utopías; moral, confundiendo la voluntad con los impulsos vitales, lo cual desemboca en desarraigos del vínculos humanos, sociales y familiares, que nos llevan a un individualismo orgulloso y egoísta, que nos lleva a poder político para que nos salve.
Es obvio que a este tipo de ser humano occidental tan sin raíces mentales, culturales y espirituales se le hace dificilísimo ser atraído por verdades profundas; desarraigo se vive en la superficie de uno mismo. Y esto es lo que ocurre; de modo que ante alguien así, los creyentes lo tennos complicado para hacerles llegar el Evangelio, pues este tipo de persona no encuentra resonancia atractiva en su interior ante la Verdad.
No obstante, no queda otra, humildemente hay que reconocer que no puede hacer gran cosa, pero hay que hacerla. Sin embargo, sabemos que no depende fundamentalmente de nosotros, que mayormente Dios es el que hace casi todo; esta es nuestra esperanza. De modo que como primera estrategia de actuación: se impone la oración: hay que dedicar mucho tiempo a ella, pensemos que Cristo, rezaba mucho, que en los momentos cruciales: como antes de la elección de sus discípulos así lo hizo; como antes de emprender su vida pública, apartándose al silencio del desierto; como ante su pasión, en el huerto de los olivos. Es decir, que nos podemos aplicar el sabio dicho de los santos padres, de “orar como si todo dependiese de Dios y esforcémonos como si todo dependiese de nosotros”.
¿Cómo atacar esa personalidad refractaria a la del ser humano actual? ¿Qué podemos hacer? ¿En qué tenemos que poner nuestros esfuerzos para obtener algún resultado?
Primero, como acabamos decir, rezar, rezar mucho, para que Dios se sirva de nosotros para su causa, y para que espiritualmente estemos preparados, que el trato con Él, nos proporcione un algo especial, además de su conocimiento, que comunicar a esas personas impenetrables a los que comunicar el mensaje de un Dios Amor. El grupo ha de reunirse periódicamente para rezar la misión evangelizadora. . Si no rezamos frecuentemente decaerá tu eficacia en la evangelización y discipulado
Anunciar con argumentos convincentes. Valientemente. No hay temer a la razón, sino todo lo contrario. La fe en razonable. En un mundo bastante irracional, las verdades lógicas en que se apoya y sustenta la fe, pueden tener impacto. Hay pues que estar convencidos de nuestras buenas razones, y que con ellas podemos ir a cualquier parte. Pero hay que armarse de razones contra el discurso dominante.
Hay que emprender acciones muy concretas: tener abierto el templo lo más posible, para que la gente pueda entra a hablar con el Señor un rato, o por la razón que sea, por curiosidad, o porque esta desanimo y no sabe a dónde acudir a estar a solas, etc., Dios puede aprovechar la ocasión para tocar a ese corazón que se le ha puesto a tiro. (Obviamente, el grupo de la sinodalidad, parroquial, ha de revelarse para no dejar la iglesia abierta sola, si existe algún riesgo…, claro).
Hay que activar Cáritas, que sea un testimonio eficaz de la fe que se vive. Hay que pensar en acciones concretas a realizar… repartir comida, salir por las calles de noche a dar un bocadillo, algo caliente, ropa, un saco de dormir, etc., a gente sin techo.
Hay que buscar al prójimo necesitado, al enfermo, al solitario, al anciano…
Hay que dar a conocer con buenos argumentos las verdades de fe, repartirlas en folletos, escritos y tarjetitas, notas, etc., manualmente o buzoneando, etc. Recordemos que san Francisco de Sales metía notitas por debajo de las puertas de los vecinos.
Hay que usar Internet, es un lugar de entrar en contacto, de comunicar, de dar a conocer…, es una ventana y voz potente, que va a más, y no hay que desaprovecharlo. Allí donde esté el ser humano tiene que hacerse presente la Iglesia con el anuncio del Evangelio.
Tener también siempre presente que la evangelización ocurrirá por ósmosis, con el ejemplo o testimonio, viviendo como buenos cristianos, santamente. Evangelizar con la palabra hecha vida.
La Iglesia está llamada a ser espacio la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, ayudado, perdonado, estimado… tratado como hermano.
Concienciar a los padres de su responsabilidad primera que es la de educar a sus hijos según la voluntad de Dios, asistir con ellos a misa, orar en familia, etc. Es sabido que de hogares piadosos es de donde surgen vocaciones religiosas. Los padres deber ser conscientes que la mejor herencia que pueden dejar a sus hijos, no son bienes materiales, estudios, profesión, etc., sino la fe. La fe es lo más importante de la vida.
Hay que movilizarse, la labor evangelizadora requiere de esfuerzo, de dedicar tiempo y hasta dinero, etc. Todo empeño está justificado porque Cristo nos ha confiado a sus discípulos la tarea de darle a conocer, para que a través suyo los seres humanos conozcan a Dios Padre por la acción del Espíritu Santo.
Estas son algunas ideas o acciones misionales evangelizadoras, pero hay muchas más que sinodalmente se han de aportar y llevar a cabo.
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