Un Dios que no se deja domesticar

San Elías

Nos creemos que conocemos a Dios porque tenemos algunos conceptos claros sobre Él. Pero realmente Dios es muy misterioso. Hace las cosas de un modo que nos sorprende constantemente.

Le gusta actuar de una manera muy particular. Escoge a los pescadores pobres de Galilea, en un lugar apartado, ocupado, conquistado. Elige a una pobre mujer sencilla para ser la Madre de su Hijo. Escoge a unos niños pastorcitos para que se les aparezca María. Nos escoge a nosotros, que somos pecadores. Es un Dios misterioso que no se deja domesticar.

Aparece en nuestra vida como le da la gana, cuando le da la gana, hace lo que quiere. A veces nos da grandes alegrías, grandes regalos. De repente se calla, se duerme en la barca y parece que no despierta y que todo nos va a hundir. Nos deja ahí en vilo, y otras veces nos da muchísima claridad. Permite que seamos puestos a prueba, incluso que seamos tentados, incluso que pequemos.

Tiene un modo de hacer las cosas muy particular que nos muestra que es un Dios completamente libre, absolutamente creativo. No un concepto intelectual platónico, aristotélico, tomista, sino alguien que interactúa con nosotros, que tiene una historia de amor con nosotros, una historia de amistad. Pero alguien que está también por encima de la historia, y en ese sentido entra con total libertad en nuestra vida, en nuestra historia, hace lo que le da la gana y luego se va. Y cuando nos deja en remojo es por nuestro bien. Incluso cuando permite algún mal, Él saca un bien del mal.

Es un Dios al que no le puedes pillar. Cuando te crees que lo has comprendido, siempre te sorprende. Actúa a través de los pequeños, de los que parece que no son tenidos en cuenta. Nos saca de nuestra zona de confort constantemente, nos lleva a nuestros límites y desde ahí nos impulsa a ir más allá. Nos da gracia para poder seguir adelante y nos tensa hacia un ideal que nos supera, invitándonos a no aspirar a menos, incluso sabiendo que por nosotros mismos no podemos.

Es un Dios fascinante, misterioso. Y esa fascinación, ese misterio, hace que te enamores más de Él y que tu interés por Él se mantenga vivo. Nunca es un viejo conocido, nunca es alguien a quien ya se acabó de conocer. Es eterna novedad.

Y eso hace la vida cristiana apasionante.

Jesús María Silva Castignani

ReligionenLibertad


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