SuicidiosEl día 11 de este mes de octubre de 2017, el diario español ABC publicaba un artículo a doble página a cerca del suicidio; titulado la mayor causa de muerte entre los jóvenes españoles entre 15 y 29 años es por suicidios. (En digital pueden verlo aquí) Ya ve no es por causas naturales, infartos, fallo de algún órgano vital, cáncer, excesos etílicos, drogas, riesgos, accidentes… tráfico, laborable, actividades de riesgo, contagios, etc. No, no es por ninguna de esas causas, es por algo mucho más trágico, porque acaba con una vida en vocación de plenitud y porque compromete su esperanza eterna: es por suicidio. Esta es la causa mayor muerte en la juventud española; y que seguramente sea la de todo nuestro mundo occidental.
Ahora cabe preguntarse el porqué, cuál es la reflexión que nos hacemos (o tal vez jamás nos imaginamos hacérnosla) y cuál o cuáles son las respuestas y soluciones. ¿O no hemos llegado a tanto? ¿Entonces…? Ah, acaso duele tanta reflexión, pregunta, exigencia, responsabilidad… Lo cierto es que cada vez son más los suicidios; sin embargo, a la par, se habla menos de ellos. ¿Por qué? Para evitar el efecto psicológico de contagio, se argumenta por ahí. ¿Pero es esta la razón verdadera y única?
Sea como fuere, el caso es que hay mucha, demasiada (aunque siempre sería demasiada), gente que se suicida.
Datos:
En el mundo se suicidan al año más de 800.000 personas, una cada 40 segundos, por lo que el suicidio es una de las principales causas de muerte en el planeta, según un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cada día casi 3.000 personas ponen fin a su vida en el mundo y al menos 20 intentan suicidarse por cada una que lo consigue; es decir, unos 60.000. En España, cada año aumenta el número de suicidios: más de 4.000 personas (3 hombres por 1 mujer) se quitaron la vida en un solo año, convirtiendo así al suicidio en la principal causa de mortalidad de forma traumática o no natural.
¿Cuál es la causa por la que una persona llega a ese extremo tremendo de quitarse la vida? Algunas de ellas:
Por expectativas de éxito frustradas. Un signo de nuestro tiempo es que está creciendo el suicidio de personas de edad media en EE.UU., probablemente porque han llegado a una etapa de la vida donde sus expectativa materiales no se han cumplido, en razón de la crisis económica. Por miedo y pensamientos negativos sobre su futuro: de que no hay solución ni salida, por una enfermedad incurable, por errores cometidos, por pasos dados y decisiones tomadas…, que han conducido a una situación aparente de sin salida y de verlo todo negro. No son capaces de ver otra realidad. Por el daño causado. Creen que “desapareciendo”, acaban con el sufrimiento suyo y el que causan a sus familiares. Por una patología aguda depresiva. Hay quien posee un depresión endógena (sobre todo) que le resulta de una penalidad invencible. Quien la ha padecido dice que no hay nada peor. Por soledad. Es algo que cada vez se da más, pese y paradójicamente a ser la época histórica de los medios de comunicación y de la mayor densidad de población. Por vacio existencial. El no encontrar un sentido a la vida, un relato que le llene y de respuestas a las preguntas que lleva dentro, que plenifique su espiritualidad, la ausencia de trascendencia, de vida religiosa, etc. Por influencias malignas. Decía un exorcista: “El demonio está detrás de los suicidios; lleva sobre todo a las almas jóvenes al máximo grado de desesperación, alejándolas de Dios por completo, para que sus vidas pierdan el sentido para el que fueron creadas”.
“No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no la pena de que se la viva es responder a la pregunta fundamental de la filosofía”. (A. Camus).
Luis M. Mata |
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