Palabras del Papa, 17-11-2017

Palabras del Papa, 17-11-2017

 

Pensar en la muerte no es una fantasía mala, es una realidad. Si es mala o no es mala depende de mí, de cómo pienso yo. Pero que llegará, llegará. Y ase producirá el encuentro con el Señor. Esto será lo hermoso de la muerte. Será el encuentro con el Señor, será Él el que saldrá al encuentro, será Él el que dirá: “Ven, ven, bendito de mi Padre, ven conmigo”.

 

El Santo Padre habló sobre la muerte, sobre nuestro fin y el del mundo, en la misa de la mañana en Santa Marta:

La Iglesia, que es madre quiere que cada uno de nosotros piense en la propia muerte. Todos nosotros estamos acostumbrados a la normalidad de la vida: horarios, obligaciones, trabajo, momentos de descanso… Y pensamos que será siempre así. Pero un día  llegará la llamada de Jesús que nos dirá: “¡Ven!”.  Para algunos esta llamada será inesperada, para otros después de una larga enfermedad, no lo sabemos. Pero ¡la llamada llegará!. Y será una sorpresa. Y después vendrá la otra sorpresa del Señor: la vida eterna. Por esta razón la Iglesia en estos días nos dice: detente un poco, párate a pensar en la muerte.

 

Y hoy la Iglesia, hoy el Señor, con esa bondad que tiene, nos dice a cada uno de nosotros: “Detente, párate, no todos los días serán así. No te acostumbres como si esto fuera la eternidad. Llegará el día en que serás quitado, el otro permanecerá, tú serás quitada, tú serás quitado”. Es ir con el Señor, pensar que nuestra vida tendrá un fin. Y esto hace bien.

 

 Hoy, quizá, sea el último día, no sé, pero haré bien el trabajo. Y así con las relaciones en la familia o cuando vamos a ver al médico.

 

Pensar en la muerte no es una fantasía mala, es una realidad. Si es mala o no es mala depende de mí, de cómo pienso yo. Pero que llegará, llegará. Y ahí se producirá el encuentro con el Señor. Esto será lo hermoso de la muerte. Será el encuentro con el Señor, será Él el que saldrá al encuentro, será Él el que dirá: “Ven, ven, bendito de mi Padre, ven conmigo”.

 

Y ante la llamada del Señor ya no habrá tiempo para arreglar nuestras cosas.

 

El otro día me encontré con un sacerdote de unos 65 años, y tenía algo que no era bueno, no se sentía bien. Fue al médico y éste le dijo: ‘Mire, usted tiene esto, esto es algo malo, pero quizás estamos a tiempo de pararlo, haremos esto, si no se detiene haremos esto otro, y si tampoco funciona comenzaremos a caminar y yo le acompañaré hasta el final’. ¡Qué bueno ese médico, con cuánta dulzura dijo la verdad”!

Del mismo modo también nosotros acompañémonos en este camino, hagamos todo, pero siempre mirando hacia allá, al día en que “el Señor vendrá a buscarme para ir con Él”.

 

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