“Señor, no permitas que persistamos en el error”

En la película “Space Cowboys”  el actor Clint Eastwood ejerciendo de astronauta en una misión espacial en el momento del despegue reza esta plegaria: “Señor, no permitas que la caguemos“. Según parece ésta es una de las oraciones preferidas por los pilotos.

Hemos querido titular así, y no según la plegaria de los pilotos “tan explícita y contundente”,  pero no porque aparente un pelín ordinaria, sino porque revela algo más profundo y peligroso.

Esta plegaria poner de manifiesto la humildad de quien la pronuncia, consciente de que si Dios no lo remedia tal vez se meta la pata. Se pone bajo Su amparo, dada la pequeñez y la contingencia humana; al que se le otorgó una autonomía y libertad que sobrepasan sus fuerzas, abandonado a sí mismo tras la ruptura del pecado original y de los pecados propios.

Para la Realidad que verdaderamente importa, aquella en que se compromete el destino definitivo de la persona, contar con Dios es esencial. El es la vid que da vida a los sarmientos. Sin Él no se puede nada. Si no somos conscientes de esta verdad y la tenemos presente en cada instante de nuestras vidas y la hacemos plegaria, la “cagaremos” de forma mayúscula: persistiremos en el error, en aquella actitud constante que nos aleja de Dios e incluso a veces -o mayormente- de forma inconsciente.

Dios es tan maravilloso que nos ha creado otorgándonos una dignidad -a su semejanza-, de tal manera que es incapaz -por compromiso suyo de respeto a la grandeza creada amorosamente por Él- de invadir la libertad y responsabilidad constitutiva del hombre. Así, pues, Dios se atiene a ello y mantiene la “distancia”, sin sobrepasar el espacio de la personal que ha creado a imagen de su Hijo. .

Ahora bien, esta grandeza trae también un peligro igualmente grande: el que la criatura humana permanezca en el error (que sin duda llegará, una y muchas veces), y lo que es más grave que lo haga sin una plegaria de auxilio… Plegaria que hace trascender al humilde que se abre a Dios para que Éste actué en su vida ayudando a su hijo tal y como lo está deseando hacerlo. Lo contrario y más peligroso sería persistir en el error o pecado de soberbia.

 

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