Santo Tomás de Villanueva, 10 de octubre

Hoy, 10 de octubre, se celebra la festividad de santo Tomás de Villanueva. Santo que curiosamente ordenó sacerdote al que fuera luego santo y que celebramos ayer, san Luis Beltrán.

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Cuando santo Tomás de Villanueva aceptó el arzobispado de Valencia, inquirió poco después de tomar posesión:

—¿Cuánta es la renta del obispado?

—Tantos miles de ducados —respondieron.

Y se entristeció porque le parecieron pocos.

Se extrañaron de su aparente codicia, hasta que él prosiguió:

—Poco dinero es ese para tantos pobres de Valencia.

Le izo el sastre un jersey y al cobrarlo señaló:

—30 pesetas.

—Es mucho —objeto Villanueva—. Con eso sirvo de comer a diez pobres. Si yo no lo admito, ¿saldrá Vd. perjudicado?

—No, Excelencia explicó el sastres—. Cualquiera me lo tomará pro ese precio.

—Pues lleváoslo y hacedme uno de 10.

El sastre se retiró criticando la tacañería del Prelado.

Trieste está el sastre porque una hija de iba a dotar, como era exigencia ineludible entonces.

—Llégate —le aconsejaron— a Tomás de Villanueva, que es muy caritativo.

—No lo creo, sino tacaño —contestó el sastre.

Mas tanto le insistieron, que se abrevió a ir al Arzobispo.

—¿Cuánto necesitas? —preguntó el Prelado.

—Dos mil pesetas, señor.

Le dobló la cantidad. Y antes de despedirle le acompañó hasta la puerta y le dijo:

—Un día me criticaste porque no acepté el jersey de 30 pesetas, hijo mío.[1]

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            Las únicas posesiones que tenía santo Tomás de Villanueva eran una Biblia y la ropa que llevaba puesta.

           Como veía que se iba a morir, repartió entre los pobres de Valencia lo que le habían regalado. Pero al darse cuenta de que cierto criado no había estado presente en el momento del reparto de “tan rica herencia”, le hizo llamar y le dijo:

           —Hijo mío, sólo me queda esta cama en la que me ves agonizante. Te la regalo. Y ahora que ya es tuya, ¿me la prestas, por amor de Dios, para poder morir en ella?[2]

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Biografia

 

Santo Tomás de Villanueva nació en 1486 en Fuenllana, Ciudad Real, España, zona geográfica mundialmente archiconocida porque Cervantes situó en ella a su Quijote. Tomás García Martínez, más conocido como Santo Tomás de Villanueva, creció en Villanueva de los Infantes, localidad natal de sus padres, de ahí el sobrenombre que le acompaña. Sus padres poseían una rica hacienda, pese a lo cual muchas veces el muchacho andaba desnudo porque había dado sus vestidos a los pobres. Queda en pie parte de la casa original, con un escudo en la esquina, al lado de un oratorio de la familia.
Fue el mayor de seis hermanos; uno de ellos también se abrazó al carisma agustino. Su formación cristiana y piedad con los pobres lo aprendió de su madre. Y tanto calaron sus enseñanzas en él, que lo mismo se desprendía de las prendas que vestía para dárselas a los menesterosos y volver a casa sin ellas –sabía que recibiría la aprobación materna– como de su merienda. Lo enviaron a estudiar a Alcalá de Henares con 15 años. Cursó filosofía en el colegio franciscano de San Diego, y en el de San Ildefonso. Cuando se integró en la Orden de los agustinos de Salamanca en 1516, estaba matriculado en teología, y desde 1512 había ejercido la docencia en filosofía en la universidad de Alcalá. Entre otros alumnos tuvo a los insignes Domingo de Soto y Hernando de Encinas. También fue consejero y confesor de Carlos I de España. Fue ordenado sacerdote en 1518, a la edad de 33 años. Después sería sucesivamente prior conventual, visitador general, y prior provincial de Andalucía y Castilla. Paulo III lo designó arzobispo de Valencia en 1544.

Se ha destacado del santo su intensa espiritualidad marcada por la oración continua, fidelidad, obediencia, la caridad con los enfermos, por los que se desvivía actuando como un ejemplar enfermero, y su amor al estudio. Entregado a los actos de piedad, y lector de textos devotos, era muy austero.  Poseía un encendido amor hacia los pobres hasta entregarles todos los bienes, incluida la propia cama, se desprendió del humilde jergón que le servía de lecho entregando a los pobres el dinero que le dieron. Decía: «La limosna no solo es dar, sino sacar de la necesidad al que la padece y librarla de ella cuando fuere posible».

Agraciado con experiencias místicas, no siempre pudo ocultarlas a los demás, como deseaba. Al terminar de oficiar la misa caía en éxtasis y los asistentes percibían su rostro nimbado por la luz. En una ocasión, predicando en Burgos, mientras levantaba el crucifijo exclamó: «¡Cristianos, miradle..!», sin poder añadir más por haberse sumido en un rapto.

Tuvo asimismo una gran devoción por la Virgen María, cuyo corazón comparó a la zarza ardiente, que nunca se consumía.

Murió el 8 de septiembre de 1555, a los 66 años. Paulo V lo beatificó el 7 de octubre de 1618. Alejandro VII lo canonizó el 1 de noviembre de 1658.

 

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[1] LÓPEZ MELÚS, RAFAEL Mª., Caminos de santidad V, ejemplos que edifican, Edibesa, Madrid 2000, pp.158-9.

[2] http://www.eusebiogomeznavarro.org

 

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