Pensamientos de Fe (91)

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  1. El mayor drama de nuestro tiempo es la pérdida de conciencia moral de las nuevas generaciones; que está a su vez y de alguna manera en conexión proporcional a la caída de la religiosidad. Lo cual va a tener dimensiones catastróficas.     
  2. Y en estas estamos: La verdad no existe o no tiene por qué ser tenida en cuenta, si contraviene los deseos temporales de unos seres humanos que se ha propuesto definir lo que es verdad. El consenso es quien determina lo que es verdad. De modo que no hay nada establecido por la naturaleza, las constituciones democráticas, valores fundamentales, etc., puede prevalecer sobre la verdad que una sociedad se da a sí mismo en cualquier tiempo y lugar.
  3. Hay quien no se compromete y moralmente se pone en situación comprometedora. La realidad compromete siempre. Un cristiano pasivo, que vive tan tranquilo, es un cristiano irresponsable, un cristiano que está a punto de no ser cristiano, si no ha dejado ya de serlo.
  4. Las innumerables leyes, y que siempre van en aumento, por parte de los Estados, revelan una cosa: que se fracasa a la hora de organizar la sociedad y la convivencia; de ahí que tengan que poner más y más barrotes para conseguir de domeñar las conductas descontroladas de cada vez un mayor número de la población. Es como de los diez mandamientos pasar a los más de 600 preceptos de los fariseos. Son grilletes. Ya les criticó Jesucristo: «Lían fardos pesados y se los cargan a la gente….» (Mt 23,4).
  5. La zarpa controladora del poder político se cierne cada vez más peligrosamente sobre las personas. Uno -significativo- de tantos detalles es este: Se está llegando a una situación límite: el 50% de la ciudadanía está llegando a depender del Estado. Respetar las distancias de la libertad que garantiza la dignidad, sin caer en la siempre tentación…, solo lo puede proporcionar Dios.
  6. Tras lo visto en mi dilata experiencia personal he de concluir: que moralmente son más honrados, de mayor pulcritud e integridad, los cristianos prácticamente que el común de la gente que es indiferente religiosamente. En esto el tener fe si ayuda, sirve (en el sentido de que hay quien se pregunta que para qué sirve la religión): es decir hace mejores personas. Es decir, éticamente los cristianos verdaderos en su inmensa mayoría son irreprochables cabales, digno de fiar; en cambio, de los no creyentes, aseguraría que la mayoría, no lo son.
  7. Solo un corazón pulcro, tierno, bondadoso, dispuesto hacia los otros, en actitud de entrega y generosidad, puede tener gestos como el de María, que sin reparar en más se puso presta a ayudar a su pariente Isabel, o como en las bodas de Caná pendiente ante la necesidad ajena y haciendo lo posible por ayudar, y aún rompiendo los esquemas del Señor, al que «empujo» a actuar cuando no lo tenía previsto; pero el amor fue más fuerte. Y así fue siempre, desde que dijo «hágase….».
  8. Dominar y poseer son pulsiones «naturales» del ser humano desvirtuado. caído. Hoy se es inconsciente de ello, y aunque lo fuera, nada cambiaría, generalmente. Pues no se es capaz o se está dispuesto a ser o a actuar de otra manera. Lo cual corrompe, tan comúnmente, cualquier noble relación fundamentada en el amor. Solo con la ayuda (gracia) de Dios se puede vencer esa voluntad de dominio…
  9. Tenemos el poder de Cristo, de resucitar muertos, de realizar los milagros que El hizo. Aquí cantidad de gente que esta vitalmente muerte, que se encuentran como cadáveres viviente, pululando como espectros, sin trabajo, marginados, sin autoestima, sin futuro, sin vida propiamente hablando,… Y que tu, como Jesús ante la tumba de Lázaro, puedes decirles «sal fuera», vive, rescatarles del lugar de los muertos, tal y como Dios hizo
  10. Dios «no es omnipotente», es decir, que no lo puede todo: Dios puede -«a posteriori»- contra las leyes del orden establecido por Él, contra la lógica de su obra creadora, contra el mundo humano, que es tal por ser así; contra el mundo mejor posible.

 

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