- Iglesia libre de los privilegios materiales, políticos y de toda índole, para estar totalmente disponible y verdaderamente abierta al mundo, y actuar como fermento transformador, según los valores eternos del Evangelio.
- Los Estados están progresivamente van acaparando más y más poder, adquiriendo un mayor protagonismo en las vidas de la gente, haciéndoles recaer su existencia en lo que el Estado les pueda dar. Lo cual tiene contrapartidas: convertir a la ciudadanía es seres pasivos, sin iniciativa propia, sin creatividad, sin responsabilidad, sin verdadera libertad. Dado este apabullante acaparamiento del gigantesco tamaño del Estado, la Iglesia -estando libre ataduras- puede ejercer una misión profética, de denuncia crítica…
- Dios se apasiona por sus «hijos», procurando que ninguno se pierda. La misericordia de Dios se dirige -con entrañas maternales- especialmente a los que más la necesitan y menos la merecen.
- Querido lector no sé si te pasa a ti como a mí; pero yo, en cuanto hay dos opciones y alguien ¾yo mismo¾ se decide por la más cómoda, empiezo a sospechar. Hay que rezar y rezar mucho pidiendo la gracia de salir de la zona de confort.
- La realidad existencial de relación con Cristo si es real impulsa, por su dinamismo, a la persona al compromiso que le exige. No puede haber cristiano sin compromiso activo en la transformación del mundo, según los valores del Reino.
- Ser cristiano requiere implicarse con la realidad que nos sale al encuentro desafiante: empeñarse en hacerla mejor, más justa y noble. Lo cual supone -según cada cual- una constante exigencia conducente a la acción concreta, económica, ética, profética y santificadora.
- Sin rezar «nada» de fe se puede hacer. Es tomarse en serio lo que Jesucristo dijo: «sin mí nada podéis hacer» (Jn 15,5). Amar posibilita o confirma la vinculación con Dios. De ahí que haya que tomarse muy en serio el hecho de orar, de tratar en amistad con Jesús, para estar en permanencia suya, como el sarmiento de la vid de la que recibe todo.
- En este sentido, esto dice el papa Francisco sobre la importante necesidad de la oración: «Rezar es el modo de dejar que Dios actúe en nosotros, para captar lo que Él quiere comunicarnos incluso en las situaciones más difíciles, rezar es para tener la fuerza de ir adelante.»
- Adquirir conocimientos como fin en sí mismo o con pretensiones intraterrenas: de prestigio, bienestar, poder, riqueza, goce, etc., es pertenecer a la lógica del mundo. Mientras no se transcienda ese orden, ese pensamiento posesivo, ese discurso existencial finito, no entraremos en el ámbito de las formas de Dios, del sentir semejante a Él.
- La diferencia de los cristianos con arreglo al que no cree se ve más que en el amor en moralidad: son más honrados, de mayor pulcritud e integridad. Pues el amor es místicamente difícil de valuar en su calidad cáritas, ágape, y está el factor de la gracia divina; y el no creyente también ama en igual muestra de amor -sacrificio, heroísmo y entrega por los que ama, los suyos- y en el que posiblemente actúa anónimamente la gracia divina. El cristiano se distingue por la efectiva proporción, la cantidad: ama y es mejor persona en mayor número.
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