Pensamientos de Fe (84)

 

  1. La misericordia de Dios se dirige especialmente a los que más la necesitan y menos la merecen.       
  2. Sin la fe, sin la esperanza y sin la experiencia del amor, es imposible ser cristiano, pues este vive en estado de disposición al padecimiento. «Mi carga es suave y mi yugo ligero». La carga y el yugo han de llevar el Mi, sino resulta insoportable, insufrible y sin sentido. Solo por la fe es soportable, solo por el amor es sufrible, solo por la esperanza tiene sentido.
  3. Hace falta al fe que experimenta su atractivo, su fascinación, su suavidad se adivina. La fascinación de la fe. Y una vez en medio de la lucha, de la cruz, del martirio (Santa Felicidad), se encuentra Jesús, en medio de mar, de la tormenta, está Jesús.  Si esto no se cree, no es posible: sin fe, no hay sacrificio. No se puede mirar a la cruz, sin ver en ella al Hijo de María.
  4. Hay que orar de manera profunda y por mucho tiempo. Ha habido muchos santos -aunque se podría decir de todos- que han orado diariamente por mucho tiempo, incluso quitándose horas de sueño, oraban durante muchas horas en la noche, en lugar de dormir. Y aún sin dormir tenía una vida muy activa durante el día. Según estudios, cuando se está en presencia de Dios, en oración contemplativa, el estado del cerebro, su actividad, es semejante a cuando se está en sueño profundo.
  5. «Corro hacia la meta, hacia el premio, al cual me llama Dios desde arriba en Cristo Jesús.» (Fil 3,14). Es legítima el hacer algún bien (al prójimo) por razón del premio sustentando en la esperanza derivada en la palabra de de Dios, confianza de la fe en Nuestro Señor Jesucristo.
  6. En un mundo sin Dios, sin respeto a su voluntad primariamente plasmada en la naturaleza humana, se llega a esto: ya desde niños, a partir de los 12 años, se dedican a la fornicación sin ningún pero, sin pensar en nada, movidos tan solo por el impulso de satisfacer el deseo, sin responsabilidad…, sin consideración ni respeto por el verdadero amor.
  7.  Este es el planteamiento vital que se tiene con arreglo a la dimensión sexual: sexo desnudo, desprovisto de amor, de compromiso y entrega verdaderos y, por supuesto, no abierto a la vida. Es decir, una bagatela, carente de mayor importancia, reducido a un «instante» fugaz de placer y poco más. Algo grande, denso, personalísimo, de experiencia única, de amor sublime…, reducido a la insignificancia, a la nada.
  8. Dios es un buen pagador. Cuanto más se le da, más y más paga; pues, como bellamente se dice: Dios no se deja ganar en generosidad. El pago de Dios es tan grande que no habiendo en este mundo tanto para pagar, Dios se compromete y reserva para pagar en la otra vida.
  9. En la Iglesia, todos estamos llamados a ser discípulos misioneros y a aportar nuestra propia contribución; cuanto menos, todos podemos y debemos ofrecer oraciones, sacrificios, ayudas materiales, etc. Y todos  tenemos la misión de hacer apostolado de la Verdad en nuestros entornos más cercanos.
  10. Cualquier perspectiva humana sin trascendencia o compromiso por ganar el mundo que aleja de Cristo, está abocado al fracaso; sin Dios, sin su gracia, nada se sostiene verdaderamente.

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