- La verdad generalmente implica responsabilidad o no gusta, por eso no se admite, gustosamente es preferible negar su existencia o elegir la mentira.
- La verdad, la naturaleza humana…, como otras, son realidades vitales que hoy día se han descartado del panorama conceptual. De ahí que el pensamiento y su componente ético vayan a la deriva.
- El mal uso de la libertad humana, sus pecados, son miserias «corregidas» por la misericordia divina. Allí donde abundan el mal, la desgracia humana, sobreabunda la gracia divina para paliar y recomponer la situación. De modo que es Dios quien, por puro amor misericordioso, viene a salvar al ser humano de su perdición.
- «Santo o nada», dice el dicho de quien se toma desde la fe y con absoluta seriedad su vida. Y para ser santo, como dicen los santos, lo primero es querer serlo. Es decir, estar determinado a emprender ese camino. Decía san Rafael Arnáiz Barón: “Quiero ser santo, delante de Dios, y no de los hombres; una santidad que se desenvuelva en el coro, en el trabajo, sobre todo, en el silencio; una santidad conocida solamente de Dios y de la cual ni incluso yo me dé cuenta, pues, entonces, ya no sería verdadera santidad”.
- Dar al Cesar lo que es del Cesar. Pero lo del Cesar que no nos lo den a nosotros. Lo cual tiene la lectura de que hemos de desapegarnos de lo político; toda atadura nos lastra, maniata a la Iglesia de su labor libre ante cualquier poder.
- La fe se ve corroborada por las obras que genera, por la conciencia que actúa bajo sus directrices -su doctrina-, por la acción moral que la justifica. La fe es real, encarnada, o no es; se convierte en metafísica, en pose, en música celestial, en un destilado aguardentoso adormecedor y tranquilizador.
- Hoy día se habla tan poco, tan poquísimo del infierno, que se diría que el único que parece creer en el Dios. En los evangelios aparece mencionado hasta 60 veces. Hoy en los púlpitos ¿Cuántas veces se menciona?
- De esto ya no se habla, se ha aparcado de la enseñanza de la doctrina de fe cristiana. Y es realmente nefasto. La condición pecadora del ser humano caído es un hecho que no se puede ningunear, y necesitamos de Dios para ser redimidos, para ser salvados del riesgo verdadero del infierno. El infierno es una verdad de fe.
- Existe ese riesgo de ir infierno, si no existe el hombre pecador, sino que todos somos buenos por naturaleza, sin no existen los pecados, si nada nos condena, etc. ¿para qué Dios? Y esto es lo que piensa mucha gente. De ahí el aumento de la increencia actual, de la deserción o apostasía generalizada en el mundo occidental.
- En todo don -teológicamente hablando- hay tarea. En relación con Dios, aunque todo es gratuito por su parte, hay una correspondencia -corresponsabilidad-humana, que no se puede obviar; pues el ser humano no desparece ante la acción de Dios, sino que dada su dignidad personal está llamada a participar a colaborar en la medida que sea en comunión con Dios.
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