Pensamientos de Fe (61)

  1. Dios, que es constante efusión de amor y comunicación, ¿cómo no te va a oír y contestar a cuando le dices? Sus respuestas, o no las escuchamos, debido a ti mismo, o que Dios, que tiene su tiempo, espera el momento oportuno para hacerlo.          
  2. Dios siempre atiende nuestras oraciones. Pero a veces lo inesperado de sus respuestas nos cuesta asumirlas que lo son.
  3. La verdad -como el Evangelio y las verdades de fe o dogmas se derivan de él- no se la discute, se la acoge, se la admira, se la quiere, se la vive.
  4. Decía santo Tomas de Aquino: «La fe nos viene dada como una serie de afirmaciones dogmáticas», recogidas de lo manifestado o revelado de la Palabra a los seres humanos. Estas expresiones o verdades se han de aceptar por fe. La fe que se apoya en esos dogmas, los ha de traspasar, como mediaciones, para llegar a la Realidad que apuntan: intimar con Dios.  
  5. La fe está íntimamente unidad a la esperanza. Las Bienaventuranzas (Mt 5,2-12), que son el paradigma de la santidad del alma cristiana, tienen un componente de esperanza -en cuanto virtud teologal- de consumación plena escatológica; es decir, hay un «ya pero todavía no».
  6. «Y como ellos no creían aún de pura alegría y admiración» (Lc 24,41). Era demasiado hermoso como para ser verdad: Jesús resucitado se apareció a los apostes. La fe en Dios conlleva lo sorprendente, nos expone a quedarnos atónitos ante la irrupción de lo sobrenatural… Se precisa un alma de niño para no desconfiar de lo increíble;  para que no nos reproche: “Me habéis visto y no creéis” (Jn 6,34).
  7. Decía el filósofo de la ética William David Ross: El hombre de conciencia moral desarrollada «intuye», «ve» más. Es decir, que a menos visión… peor moral; cosa que nos pasa hoy como nunca: somos ciegos de conciencia, o sea, amorales.
  8. Y algo parecido ya decía Miguel de Unamuno: La bondad es la mejor fuente de clarividencia espiritual. Las tinieblas -la maldad- no dejan ver… El bien se difumina, deja de tener perfiles atractivos. Y esto es una grave responsabilidad nuestra, de cada uno; de lo que deberemos responder; y no deseo asustar, o ¿igual sí?
  9. Lo espiritual tiene el componente del afecto sencillo y no tanto en el pensar, que como decía san Juan de Avila: «Este negocio más es de corazón que de cabeza, pues el amor es el fin del pensar». El tener una gran cabeza, el ser un gran pensador o intelectual, no asegura nada -incluso puede obstaculizar-; la humildad y la simplicidad de niño, puede estar más cerca de la voluntad de Dios, de su Reino de amor. Esta «capacidad» de la santa sencillez nos es propiciada a todos; aquella, la del mucho pensar… a algunos. La salvación por el amor es un designio divino para todos.
  10. Los pequeños, los que parecen no saber nada, que pasan sin hacer ruido, están en posesión del Secreto, es decir, es el Secreto el que los tienen a ellos, viven con toda naturalidad bajo el radio de acción de la presencia de Dios. ¡Ay de los sabios, ay de esos ricos intelectuales. Qué difícil lo tienen!

 

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