Pensamientos de Fe (54)

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  1. Slavoj Zizek  sostiene que el discurso dominante actual nos ha convertido en «sujetos de los placeres», lo que conduce a un determinarse siguiendo un padrón de conducta en que la conciencia y el contenido de la ley moral (natural y relevada).          
  2. El avance del mal puede sobrecogernos, incluso herirnos. Pero quien ama a Cristo y cree en su palabra ha derrotado al Maligno. Su luz brilla para muchos como señal de esperanza: Cristo ya ha vencido al mundo (cf. Jn 16,33), e «ilumina a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte» (Lc  1,78).
  3. Esto que dice san Francisco de Sales para la oración es válido -incluso más- para la Eucaristía:  «Al salir de esta oración afectiva, has de tener cuidado de no sacudir tu corazón, para que no derrame el bálsamo que la oración ha vertido en él; quiero decir que hay que guardar, por espacio de algún tiempo, el silencio y transportar suavemente el corazón, de la oración a las ocupaciones, conservando, todo el tiempo que sea posible, el sentimiento y los afectos concebidos.»
  4. El final de la vida de cada uno -y de todos- es traumatizante y doloroso, es decir, que la vida adquiere un rostro tremendo y desgarrador; es lo que supone desaparecer y, además, hacerlo por debilitamiento o deterioro mortal. Solo la esperanza teologal quebranta esa perspectiva aciaga.
  5. Somos en cuanto seres humanos creaturas tentadas de rebeldía contra lo dispuesto por el Creador. Lo peor es la obstinación en el orgullo. El orgullo es una cerrazón a no reconocer rendidamente la misericordia de Dios que se nos ofrece, es su Espíritu Santo que nos quiere dar, y el orgullo se resiste. El orgullo hecho soberbia es un casco cerrado donde Dios no podrá entrar. Una resistencia hermética que nos podrá condenar.
  6. Una resistencia hermética que nos podrá condenar. Es negar a Dios, desde la propia libertad, en que nos ha creado en grandeza. Ese riesgo es el de la dignidad otorgada por libertad; un mal uso, nos puede condenar. Rechazar al Espíritu Santo, oponerse a su bondad es renunciar a la salvación. Como dice san Agustín: Dios, que nos ha creado sin nosotros, no nos salvará sin nosotros. Estamos gravemente expuestos a que por nuestra parte la voluntad salvadora de Dios, no pueda cumplirse en nosotros.  
  7. «Por la gracia de Dios soy lo que soy» (1 Cor 15,10). Aquí entra la consideración de la gratitud, la humildad, lo dado… toda nuestro ser, nuestra existencia, es regalado, sin esfuerzo nuestro, sin merecimiento… todo adquiere una nota de pasividad, de dejarse hacer, de dejarse llevar, envueltos en una atmosfera de paz y amor, en la que se nos invita a creer y a estar para siempre y eternamente.
  8. Dios es amor, amor agápe, donado, caritativo, misericordioso… Es un padre que inspira confianza, y ningún temor; Él está de nuestra parte, nos coge de la mano y nos lleva… El temor es de nuestra parte.
  9. No te preocupes por ti, déjalo que lo haga Dios, él sabe más que tu de ti mismo. Y es el mejor «preocupador»; tanto que se abajo aquí, para que nada se perdiera.
  10. Confiar en Dios es el primer requisito para sentirse bien, y salvo.

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