Pensamientos de Fe (41)

  1. Conectar con lo sobrenatural, acceder al Misterio trascendente… es posible a todos, principalmente a los “pequeños” (Mt 11,25). Se nace con la inocencia necesaria. La inocencia accede, como el espíritu sencillo y del niño, a lo espiritual, a lo que está más allá de lo sensible; al espíritu inocente le es creíble porque lo ve factible, está abierto al asombro con absoluta naturalidad.           
  2. Todo se balancea en la confianza. Tal vez te sientas un tanto desconcertado. ¿Quién no a veces también; pero, abrámonos con la disposición de los niños, y digamos «Dios es el que sabe», pongámonos en sus manos. 
  3. Dejarse… Una pasividad en la que Dios nos pide que le dejemos hacer. Hacerse disponible, llevable como una hoja a merced según el viento, sin previsiones; así está el corazón del santo, a disposición del Espíritu que sopla cuando quiere, imprevisiblemente, pero siempre por nuestro bien.
  4. Todo radica en la confianza a dejarse llevar, a que Dios nos transporte más allá de lo que podríamos pensar. El miedo a lo desconocido y no tener el control suscita inseguridad y desconfianza. Es en ese momento donde se mide la fe; sin ella se resiste a que Dios actúe, reserva que frena que Dios obre en nosotros las promesas: impedimos la santificación.
  5. Quien no se apoya en la gracia de Dios, se apoya en arena movediza, no llegará lejos. Nada se sostiene por sí mismo, sino por Aquel que es su fundamento. Quien no hace pie por sostenerse en Dios, permanece en pie; pero quien hace pie rehusando confiarse en Dios, no se sostendrá. Sin la gracia lo humano se hunde irremisiblemente. No tomar esto en serio es grave.
  6. Dios lo puede hacer todo. Y lo que Él hace es sobrenatural,  tiene valor infinito. Para ¿qué pues esforzarnos en hacer denodadamente, lo que Dios puede hacer gratuitamente y con valor eterno? Dejar que Dios haga de ser todo nuestro empeño. No hacer para que Dios haga; es decir, no entorpecer el obrar del Espíritu Santo en nosotros y a través de nosotros.
  7. Confiarse a los brazos de Dios es la única respuesta verdaderamente válida a la acción salvadora de Jesucristo. Si uno no se siente capaz de abandonarse a Dios, es que no cree lo suficiente. Una carencia de apertura a Dios, impide que El puede llevarnos hasta el final. 
  8. Quien no conoce a Dios personalmente, quien no tiene la experiencia mística, es fácilmente que ante tantas interrogantes incomprensibles, se sienta decepcionado, y esta decepción haga imposible la confianza, es decir abrirse a la fe.
  9. Sabiendo la relevancia de la confianza en la vida espiritual, vivamos atentos a no acoger ciertos pensamientos que el maligno procura para provocarnos a la desconfianza. 
  10. Quien se adentra en el misterio de Dios y se deja llevar más y más por esa corriente de confianza y amistad, cuando lleguen los momentos de tempestad que amenazan con hacernos perecer, nada habremos de temer, contamos con Dios de nuestra parte. Sabemos en quién hemos puesto nuestra confianza.

 

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