
- Nos preocupamos por amar a Dios, y más valdría dejarnos amar por El. Cuando se es un poco niño se entiende esto, pues la niñez es el estado en que uno se deja amar. “Si no cambiáis y volvéis a ser como los niños, no podréis entrar en el Reino de los cielos” (Mt 18,3).
- Por amor Dios creó al ser humano, haciéndole «poco inferior a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad» (Hch 2,6),. En ese amor originante tiene lugar la energía amatoria. El don que propicia la donación. «Amémonos, porque El nos amó primero» (1 Jn 4,19).
- La confianza en los demás es a su vez confianza en nosotros mismos. Seguramente sea porque estamos hechos de la misma pasta y hemos salido de las mismas manos, manos amorosas que nos han llamado a la existencia confiando que fuéramos fieles a la vocación a la santidad en que se nos constituyó.
- Si alguien te incordia, te carga, te trata injustamente, etc., ora por ella y tu enfado disminuirá, y ambos seréis bendecidos.
- Si alguien te falla, te ofende, te falta al respeto, te hiere, etc., no se lo tengas en cuenta, encontrarás paz; tómalo como una oportunidad para ofrecérselo a Dios Padre en compañía del sacrificio de su Hijo Jesucristo.
- Dedica tiempo a la oración de adoración ante el Santísimo. Cuanto más tiempo dediques a estar con el Señor, más Dios de Él mismo, de su presencia, de su gracia, de su Espíritu, de su santidad te podrá dar.
- Jesús ayunó durante 40 días antes de comenzar su ministerio. Para integrar el ayuno en el sacrificio diario y se convierta en provecho para el alma, se puede comenzar retirando algo en las comidas. Uno puede renunciar a algo como el café, usar joyas o maquillaje, entrar a las redes sociales, etc.
- La humildad conduce a la santidad. Uno debe procurar siempre ser el último de la fila. También se debe dar gracias a Dios por el fracaso y pedirle que te encamine a lo que él quiere para ti.
- Para quien se dice cristiano -creer en Cristo y ser fiel al credo-, ha de aplicarse estas palabras de Juan: «El que afirma que permanece en El, debe conducirse como El se condujo» (1 Jn 2,6). Permanecer viene a significar un creer no teórico sino de pertenencia -es algo potente-; de esta íntima vinculación mística -de vida de gracia- se deriva conducirse, comportarse con actos concretos según Cristo.
- Mira, estate atento de si puedes ayudar a alguien, de sus necesidades, etc., y hazlo sin preguntarte nada más. Da gracias a Dios de que puedas hacer tal cosa. Y sigue.
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