Pensamientos de Fe (179)

  1. Europa está moralmente naufragando, está perdiendo su alma cristiana, la grandeza de sus valores; el wokismo —modernismo actual— supone una mutación de tremendas consecuencias: una cultura de muerte, no ya solo por el aborto y la eutanasia, sino por la muerte en vida de su gente, la perdida de alma, su vaciamiento, su incapacidad para el sacrificio, para dar le vida, para el amor.         
  2. La moral más humana, la más elevada, la que ha mejorado el mundo, ha sido, es y siempre será la cristiana.
  3. La penitencia, la mortificación (domeñar las pasiones y refrenando  la voluntad), más que un empeño humano, es una gracia, tiene su inicio en una iniciativa en Dios. En la mística  cristina es la ascética que morti-fica (mor-mortis; facere, hacer), un medio de ayudar a las personas a llevar vidas virtuosas y santas.
  4. Todo santo tiene un pasado (de pecado), como todo pecador tiene un futuro (la esperanza de la conversión o de ser salvos).
  5. Dios crea de la nada, movido de amor, exclusivamente; no le mueve ninguna necesidad ni ninguna otra causa, tan sólo su efusión vital caridad (amor de gracia) interior a la comunión intratrinitaria.
  6. La naturaleza, el orden natural, la ley natural, la razón práctica o moral… es expresión de la voluntad del Creador inscrita en todos los seres humanos: la rebeldía de éste, una vez más y como Adán en el Paraíso, o como —en la mitología griega— Prometeo representa la rebelión contra el orden establecido, y mucho más tarde, el Iluminismo, entronizando a la diosa Razón, y en la actualidad, el absolutismo ideológico, sustituto de la verdad natural, de la realidad: la rebeldía del subjetivismo, de la voluntad caprichosa del ser humano, que no conoce ni respeta limites.
  7. Con pensarlo o desearlo —en definitiva, con ideologizarlo— no se consigue —como piensa el mundo progre— que se obtiene el bienestar, la felicidad, el paraíso en la tierra.
  8. Pecar es embrutecerse, animalizarse, perder cualidad de dignidad humana, desdibujar el rostro humano que Dios quiere como hijo asemejado al Hijo.
  9. Nadie nos ama como Dios, nadie quiere nuestro bien como Dios, nade como Dios respeta nuestra libertad. Ningún otro ser, por bueno que sea, puede llegar a tanto. Sólo Dios merece nuestra confianza absoluta.
  10. CS Lewis viene a decir en las Cartas del diablo a su sobrino: cuando des con un apersona que vive habitualmente de los sacramentos, que se arrodilla ante el Santísimo, adorándole, está en una zona de «clima espiritual» donde nuestras sugerencias —la lujuria, el orgullo intelectual, el rencor, la ira, la avaricia…— se disuelven como el humo. No hay nada que hacer, pues están sumergidos en la Gracia sobrenatural, que les hace intocables; aunque sí son tentados y hasta más que a los otros, porque estos, por su santidad y cuanto suponen a la acción de la gracia divina en el mundo, resultan insufribles para el diablo.

 

 

ACTUALIDAD CATÓLICA