Pensamientos de Fe (174)

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  1. El derecho natural (obra del Creador) libera de las ideologías (relativas, propias de la subjetividad humana).        

  1. Ante el bien moral de la gente no se puede permanecer indiferente, hay que implicarse, aunque esto general lleva aparejado el complicarse… Jesús fue testimonio de ello, y le acarreó a la muerte; lo mismo pasó con Juan Bautista y tantos otros que le han seguido a lo largo de la historia.
  2. Un ejemplo de lo que no es sinodalidad -y que lo «perpetraron» aquellos que están por ella- es que el obispo auxiliar de Madrid pasara de tal a arzobispo de Madrid y a cardenal, «ipso facto y  manu militari», de la noche a la mañana y por voluntad de uno; si hubiera sido elegido sinodalmente, por la comunidad de fieles piadosos, hubiera sido nombrado muy muy probablemente alguien como mons. José Ignacio Munilla.
  3. La naturaleza humana en cuanto tal está imbuida de lo que Dios puso en ella como seña de identidad suya de Suyo. Cuando el ser humano aterriza sobre sí -producto de una descompresión, de un vacio (como el actual)-, se da cuenta de la referencia exacta de su naturaleza en la iluminación de la fe cristiana.
  4. Hay un intento obvio por acabar con el ser humano, en su grandeza y dignidad. Lo cual se manifiesta en todos eso intentos por deconstruirlo, por negar su propia naturaleza, su misma mismidad, y reducirlo a un animal más, y hasta a veces incluso menos, tan solo hay que ver la consideración que se da a las mascotas.
  5. Otro de los intentos -escandaloso, pero que se escucha con naturalidad- es el que se suele decir ya: «yo no me arrepiento de nada«; es algo frecuente en nuestro hablar diario, pero que revela la gravedad de no reconocer la propia conciencia y no admitir la responsabilidad de la maldad cometida.
  6. Dios precisa de manos vacías en las que depositar los tesoros que nos quiere dar: el don de su gracia no tiene lugar en un corazón repleto de cosas mundanas.
  7. Dios no necesita nada de nosotros, tan sólo que le dejemos amarnos. Dios lo tiene y puede todo, es la máxima perfección y santidad; nosotros sí lo necesitamos: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5), dice el Señor.
  8.  “Lo que Tú quieras. Como Tú quieras. Cuando Tú quieras”, decía santa Maravillas de Jesús. Cuando se da esa disposición y entrega de confianza absoluta, en ese punto se sucede la gran maravilla de la contemplación mística, de la que hablaba el también carmelita san Juan de la Cruz: «La sabiduría de esta contemplación es el lenguaje de Dios al alma, de puro espíritu a espíritu.»
  9. “Importa mucho, y el todo, una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere (…), siquiera se hunda el mundo.”, dice Santa Teresa de Jesús. Aunque se pase por delicados momentos personales que contraigan el ánimo de seguir a Jesús, nunca jamás  hemos de abandonar la firme y decidida determinada determinación de no soltarnos de la mano de Dios; aunque se hunda nuestro mundo, y justamente por eso.

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