Pensamientos de Fe (172)

  1. Los cristianos –la Iglesia- hemos de ser portadores del espíritu del evangelio con el que impregnar al mundo que nos rodea, al orden temporal, sin consentir –y menos participar- que el espíritu del tiempo sea quien imponga su mundanidad aciaga.       
  2. Somos limitados, nuestro esfuerzo no da para mucho, nuestro tiempo está contado, etc. Somos así; de modo que no malgastemos cuanto podemos hacer en lo que es inútil que hagamos. Pensemos en lo que Jesús nos dijo: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5) y “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Fil 4,13).
  3. El creer proporciona sentido a la vida, llenando el vacío existencial; esperanza, en que la muerte no es el final y se vivirá eternamente con los seres amados; santidad, aspirar a la máxima vocación de llegar a ser lo más humanamente perfecto, creciendo en bondad y nobleza; fuerza, para cumplir con el deber y la responsabilidad, con la ayuda de la gracia con auxilia la debilidad humana; sensibilidad, para escuchar la voz de la conciencia, para conmoverse misericordiosamente, para saborear el gusto de lo espiritual que sutilmente viene de Dios; humaniza, enriquece desarrollando las potencialidades del ser persona humana, aquella que se manifestará en plenitud cuando lleguemos al cielo. Jesús, Dios y hombre verdadero, y mostrar cómo la fe transforma la vida y nos hace más humanos, con conforma a su humanidad divinizada.
  4. Dios siente debilidad por los débiles. Está presente en los humildes, pobres, enfermos… de manera singular.
  5. Llámese sed, luz, inquietud, vacio interior, vocación o llamada… que todos los seres humanos llevamos dentro por ser quien somos, humanos, hijos del Creador, y que nadie ni nada en esta existencia finita puede llenar, pues es un reclamo o exigencia a la trascender en busca de plenitud, de felicidad y santidad; que no se pueden alcanzar en este hábitat terreno.
  6. La religación con Dios, es decir, el hecho religioso, es algo que se soslaya en estos tiempos, pero esa verdad está ahí, siempre latente, siempre a la esperar de tenida en cuenta. Se equivoca quien pretende cegar ese hondura infinita ese pozo sin fondo a base de rellenarlo de cosas y más cosas mundanas; lo que resulta ser un sucedáneo frustrante. 
  7. En Dios, en su ser, se contemplan las cualidades, virtudes o valores más perfectos y en grado sumo, infinito. Sólo nos asemejamos a Él, nuestro Creador, cuando tratamos de reflejar en nosotros su imagen de la manera más parecida posible, conquistando de alguna manera, parcialmente, aquello divino que constituye ser perfecto y santo.
  8. A los que el mundo considera de malditos, por ser sufrientes y miserables, Dios les considera dichosos, les aplica un macartismo (de la palabra griega makarismos, que significa «feliz» o «afortunado»): «Bienaventurados los que lloran«(Mt 5,4),
  9. Conformar a Dios a nuestros deseos es una pretensión diabólica; idolizarle a medida de nuestra ideología, voluntad y capricho. Es algo que incluso -parcialmente- se puede llevar a cabo inconscientemente.
  10. Ser respetuosos con la belleza, el bien y la verdad supone estar resituados en lo que realmente importa y es esencial. 

ACTUALIDAD CATÓLICA


Descubre más desde ACTUALIDAD CATOLICA

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.