- Los cristianos –la Iglesia- hemos de ser portadores del espíritu del evangelio con el que impregnar al mundo que nos rodea, al orden temporal, sin consentir –y menos participar- que el espíritu del tiempo sea quien imponga su mundanidad aciaga.
- Somos limitados, nuestro esfuerzo no da para mucho, nuestro tiempo está contado, etc. Somos así; de modo que no malgastemos cuanto podemos hacer en lo que es inútil que hagamos. Pensemos en lo que Jesús nos dijo: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15,5) y “Todo lo puedo en Aquel que me conforta” (Fil 4,13).
- El creer proporciona sentido a la vida, llenando el vacío existencial; esperanza, en que la muerte no es el final y se vivirá eternamente con los seres amados; santidad, aspirar a la máxima vocación de llegar a ser lo más humanamente perfecto, creciendo en bondad y nobleza; fuerza, para cumplir con el deber y la responsabilidad, con la ayuda de la gracia con auxilia la debilidad humana; sensibilidad, para escuchar la voz de la conciencia, para conmoverse misericordiosamente, para saborear el gusto de lo espiritual que sutilmente viene de Dios; humaniza, enriquece desarrollando las potencialidades del ser persona humana, aquella que se manifestará en plenitud cuando lleguemos al cielo. Jesús, Dios y hombre verdadero, y mostrar cómo la fe transforma la vida y nos hace más humanos, con conforma a su humanidad divinizada.
- Dios siente debilidad por los débiles. Está presente en los humildes, pobres, enfermos… de manera singular.
- Llámese sed, luz, inquietud, vacio interior, vocación o llamada… que todos los seres humanos llevamos dentro por ser quien somos, humanos, hijos del Creador, y que nadie ni nada en esta existencia finita puede llenar, pues es un reclamo o exigencia a la trascender en busca de plenitud, de felicidad y santidad; que no se pueden alcanzar en este hábitat terreno.
- La religación con Dios, es decir, el hecho religioso, es algo que se soslaya en estos tiempos, pero esa verdad está ahí, siempre latente, siempre a la esperar de tenida en cuenta. Se equivoca quien pretende cegar ese hondura infinita ese pozo sin fondo a base de rellenarlo de cosas y más cosas mundanas; lo que resulta ser un sucedáneo frustrante.
- En Dios, en su ser, se contemplan las cualidades, virtudes o valores más perfectos y en grado sumo, infinito. Sólo nos asemejamos a Él, nuestro Creador, cuando tratamos de reflejar en nosotros su imagen de la manera más parecida posible, conquistando de alguna manera, parcialmente, aquello divino que constituye ser perfecto y santo.
- A los que el mundo considera de malditos, por ser sufrientes y miserables, Dios les considera dichosos, les aplica un macartismo (de la palabra griega makarismos, que significa «feliz» o «afortunado»): «Bienaventurados los que lloran«(Mt 5,4),
- Conformar a Dios a nuestros deseos es una pretensión diabólica; idolizarle a medida de nuestra ideología, voluntad y capricho. Es algo que incluso -parcialmente- se puede llevar a cabo inconscientemente.
- Ser respetuosos con la belleza, el bien y la verdad supone estar resituados en lo que realmente importa y es esencial.
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