Pensamientos de Fe (135)

  1. Hoy día se ha hecho del deseo una ideología, con el que identifica la voluntad y querer, que dirige vitalmente la conducta de la gente; que es más que el hedonismo, teoría que establece el placer como fin y fundamento de la vida.     
  2. En la juventud actual prevalece el sentir sobre el pensar. Este desequilibrio afecta a muchos aspectos de la vida, pero especialmente al de la sensatez moral.
  3. Una sociedad sin moralidad, sin conciencia moral de sus individuos, sin responsabilidad personal, queda radicalmente desordenada y sobreviene sobre ella toda clase de males.
  4. La justicia natural o el derecho natural, la razón práctica, el sentido común, etc., todo esto está siendo distorsionado, se está eliminando con normalidad esta realidad, la naturaleza dada, con su orden; lo cual llegamos a ese extremo de romper la creación del Paraíso, un mundo acorde  con la voluntad de Dios, salirnos de él de manera total y abrupta, con todas las consecuencias, introduciéndonos en el caos, en la locura, esta ese cuando aquello este se ve –paradójicamente- normal o natural.  Esto que está ocurriendo hoy día es lo más grave ocurrido en la historia de la humanidad.
  5. Todo lo que no lleve la vitola de moral, es una inmoralidad, y por tanto algo maligno.
  6. El dinero -afán posesivo de un «objeto»- es una arma de destrucción masiva en manos del Demonio. Esta fijación vital o fanatización de la dependencia de un  deseo está acabando con la grandeza de la dignidad humana, que se arrastra sin levantar la vista a lo elevado.
  7. La educación ha de ser ennoblecedora y enaltecedora del ser humano, en su grandeza y dignidad, en su personal toda y en perspectiva a todo lo que apunta ser, a lo que trasciende.
  8. El mal es estéril y necesita alimentarse de eso, esterilidad, y hoy se nada en ese lodo nauseabundo: no se crea vida (aborto), se elimina a la gente (eutanasia).
  9. «Si es la nada lo que nos está reservado, hagamos que esto sea una injusticia», decía don Miguel de Unamuno[1]. La elevada grandeza de la persona humana queda socaba, al despojarla de la infinitud e inmortalidad; además de que no haya una correspondencia entre su bondad y asunción moral y un juicio final reivindicativo del justo y bueno; así como el derecho a ser feliz de los muchos que han vivido en esta vida en la desgracia, en la desdicha o en la injusticia.
  10. Decía Ratzinger: sólo el amor nos hace felices. Y en los momentos actuales, cuando la felicidad, la dicha de la plenitud, se cifra en la aspiración del deseo a la satisfacción del placer ininterrumpidamente, resulta normal que el ateísmo avance ante la plenitud de felicidad que Dios propone: el amor, caridad trinitaria, que deviene en santidad.

 

 

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[1] Sentimiento Trágico

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