Pensamientos de Fe (130)

  1. Andaba sor santa Faustina tan pre-ocupada en conocer la voz de Dios, muy metida en sí misma, en un «me-mi-conmigo» tan egótico, que el Señor por fin la habló, y la dijo «me cansas, Faustina; me aburres». Aquella voz con ese reproche no impacto tanto a la santa, como el tono misericordioso, lleno de gracia, del Señor. 
  2. Dijo el convertido Cardenal inglés Newman: «la fe es soportar (mil) dudas», y nuestro don Miguel de Unamuno dijo: «Mil dudas no hacen una increencia».
  3.  Creer implica un compromiso de obediencia, de obediencia a la Palabra de Dios; es decir, que sólo quien cree obedeciendo es quien ama al Señor, pues en esto consiste en amarle: hacer lo que Él dice.  «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14,15).
  4.  «Si me amáis, guardaréis mis mandamientos» (Jn 14,15), porque os amo, y es lo mejor o único que podéis hacer.
  5. Una vez concluida la creación del cielo, la tierra y el universo, “vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno” (Gen 1,31). Lo surgido de sus manos es bueno y bello, de modo que  la naturaleza, el orden, el cosmos (de donde viene cosmética), poseen un atractivo para el ser humano, que evoca la bella huella de Dios en todo lo creado.
  6. En cambio, hay algo incierto, oscuro, tal vez maligno, en aquellos que gustan o se sienten atraídos por  lo feo, el desorden, la destrucción, las películas de terror, gores, violentas, etc.; esto es algo que hoy desgraciadamente abunda y de lo que muchísimos niños y no tan niños se atiborran. Se prefieren las tinieblas a la luz.
  7. Actualmente se está imponiendo una mentalidad de deseo rector; es decir, que se desprecia la naturaleza, para satisfacer el deseo advenedizo, sea cual sea, sin consideración ni respeto por el hermoso orden en la impronta de lo creado tal cual es. El ser humano actual pretende ocupar el lugar de Dios, trastocándolo todo, alterando el orden intrínseco de las cosas. Lo cual, sin duda, trae gravísimas consecuencias.
  8. El desorden que la intervención del hombre contra la naturaleza u orden inscrito en las cosas, predispone o hacer plausible que el demonio intervenga para nuestro mal; el maligno se desenvuelve bien, como pez en el agua, allí donde reina el caos.
  9. Rebelarse contra la naturaleza, rechazar el orden natural y moral, hace enfermar interiormente a las personas y la sociedad. Y esto se está viendo en el incremento exponencial de la maldad: en la inmoralidad reinante, como el sus múltiples manifestaciones: corrupto, delincuencia, violencia, suicidios, drogadicciones, agresiones sexuales, infidelidades, familias rotas, etc.
  10. En contra de la rebeldía —que hoy ocurre como en los orígenes en el Paraíso Terrenal—, desobedeciendo los designios creacionales y nuestro orden natural vacacionado a amar y hacer el bien, está en vivir con arreglo a la voluntad divina, la cual es todo el secreto de nuestra existencia, de modo que se cumpla esto tan maravilloso: la de su presencia santificadora en nosotros: «Espíritu Santo, que Dios ha dado a los que lo obedecen” (Hch 5,32).

 

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