Pensamientos de Fe (125)

  1. El que Dios exista es algo que hoy día cuesta asumirlo, pues el sentirse afectado por esa realidad no depender del emisor, la Divinidad Trascendente, sino del receptor, que está atrofiado en su sensibilidad para según qué cosas; es tiempo de mostrencos. Es aquello del refrán «la miel no está hecha para la boca del asno», tal cual.     
  2. Ante los peligros que acechan a la humanidad, si la Iglesia permanece callada, ejerciendo de perro mudo, acaba por ser desechada por inútil, ¿quién, pues, entonces alertará a la humanidad de su posible condenación? La Iglesia no puede permanecer muda ante el grotesco espectáculo de males y degradación moral que acaece en los momentos actuales.
  3. Hoy en día no hay ningún lugar donde esconderse la inocencia; y sin inocencia no hay lugar para la confianza, acecha la desconfianza que pone en sospecha muchas cosas: desde la fe, la verdad, la palabra dada, el compromiso de por vida, amar sin límite, entregarse del todo, el estar a gusto con la existencia… en fin, todo se torna de un imposible que amarga la vida.
  4. El hombre actual no está en condiciones creer, no hay más que mirarle a la cara, la inocencia ha huido de sus ojos, la grandeza moral de la más noble aspiración del alma se ha perdido…
  5. Hay un siempre latente peligro de hacernos un Dios a nuestra medida, a nuestra manera; lo cual es en realidad una idolatría, y detrás de toda idolatría esta el diablo.
  6. Hay que estar constantemente convirtiéndonos, reajustando nuestra brújula, para que no nos descarríe de nuestra dirección que siempre y en todo lugar ha de  apunta a Dios.
  7. Ese subvertir al realidad, según el constructivismo, solo conduce al engaño, a fabricarnos a través de nuestro pensamiento una realidad que no existe. Como tal mentira que niega la verdad, el constructivismo es una herramienta del padre de la mentira.
  8. La normalización de lo feo, de la inmoral, de lo espiritualmente dañino, la exaltación del vicio y el silenciamiento de la virtud, el nulo reproche al pecado, etc., es algo totalmente sorprendente que sucede en nuestros días, cuando debería escandalizarnos, avergonzarnos; pero sucede con una pasmosidad bárbara.
  9. El aborto es una sangre derramada que abre muchas puertas a Satanás. La potencia de la influencia por tanta presencia de demonios en nuestros días, entre otras causas, como el aumento de la brujería o la pornografía, está llevado a una sobreabundancia del maldad en el mundo, a que esté bajo el poder del príncipe de las tinieblas.
  10. «Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto» (Rm 12,2). Entre lo que el mundo quiere y lo que quiere Dios, elijamos. 

 

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