Pensamientos de Fe (124)

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  1. Tener fe empieza por sentirse amado. Es un don. Y a su vez la fe nos predispone a recibir la gracia de Dios que mueve a hacer su voluntad, consistente en amar…, y así sinstonizarnos con él, asemejándonos, santificándonos…  
  2. Todo intento por adaptar la doctrina del Evangelio al espíritu del tiempo o época no es sino un volver la sal sosa o echar agua al vino, laicizar lo sagrado, masonificar o gnostificar lo sobrenatural y trascedente.
  3. «No os amoldéis a este mundo» (Rm 12,2). Si procuramos ser modernos por ser «bien vistos», aceptados, a final no seremos ni vistos y si despreciados, porque no diremos nada… ni nuevo, verdadero ni interesante; es decir, lo de la sal que se vuelve sosa…
  4. En cuanto a la Fiducia Supplicans, si la aplaude quien combate la doctrina de siempre (emanada de la Sagradas Escrituras, de la Tradición y el Magisterio), malo, y cuanto los fieles piadosos, de rosario y misa diaria, se muestran perplejos, es señal de que algo no va bien…
  5. El derecho natural libera de las ideologías; de ahí que se le combata con tanto ahínco hoy día, pues lo ideologizados no toleran que se les pare los pies, que haya un dique de contención, una verdad que les impida fanatizar sus ideas, su superestructura irreal y antinatural, y en definitiva, antihumana.
  6. El derecho natural es un conjunto de valores o principios que se encuentran en la naturaleza y conciencia del hombre. Y el derecho positivo, son normas dictadas por el Estado, que moralmente no pueden ir contra el derecho natural; algo que hoy día se produce con total «naturalidad», lo cual supone una contradicción o traición; una violación que trae graves consecuencias morales para cualquier sociedad y sus miembros. 
  7. El progresismo es un movimiento constante e imparable -como ir en bicicleta que si te paras te caes-, y en este pedalear por pedalear, avanzar por avanzar, sin ton ni son y sin saber hacia dónde ir ni para qué; puede dirigirse hacia el precipicio, pero esto parece no importar, lo importante es el movimiento denominado progre. ¡Allá vamos! (Surgen los peores vaticinios). 
  8. La leyes de Dios están por encima de las leyes de los hombres. Hacer la voluntad de Dios es prioritario a cualquier otra cosa; por mucho que duela, que contradiga nuestros deseos e intereses mundanos. Doblegar la propia voluntad por amor a Dios, es lo más importante, lo único importante.
  9. Si el deseo dirige nuestras vidas, estamos perdidos. El deseo es una fuerza arbitraria, que no distingue entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto, lo legítimo y lo ilegítimo, lo que humanamente humaniza o deshumaniza.
  10. El descentramiento es imprescindible para progresar en la unión espiritual con Dios. El egocentrismo que todo lo vive en función de sí mismos. Para salir de él hay que pasar por la noche pasiva del espíritu: lo cual implica no solo un desprendimiento del yo, sino también de sus facultades, y de superar cualquier tipo de representación de Dios, de confundir a Dios con nuestras ideas, deseos y gustos por muy nobles y elevados que sean.   

 

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