El 2 de febrero, día de la vida consagrada, les ofrecemos unas líneas de esta obra[1] del padre Giocondo Pagliara (1922-2000), fraile franciscano, de origen italiano que pasó muchos años de su vida en Mozambique, como misionero capuchino.
“El conocimiento de Dios, es conocimiento de la caridad; por eso quien no conoce la caridad no conoce a Dios (…). Quien no ama, cierra la entrada al conocimiento. Por eso todo lo que intente comprender fuera de la caridad de Dios lo confirmará en su actitud de falta de caridad y le procurará un modo de conocer que le aleje aún más de Dios.” (Adriana Von Speyr) 61 “La caridad es conocimiento que aumenta, pero conocimiento, que a su vez hace crecer la caridad, así que en Dios el conocimiento y la caridad no se sitúan uno junto a otra sino que uno proviene de la otra y están vivos el uno por obra de la otra” (Adriana Von Speyr) 62
San Buenaventura: “La vida purgativa en la que se elimina el pecado; la iluminativa en al que se imita a Cristo y la unitiva, en la que se recibe al Esposo” (san Buenaventura, De triplici via, c.3,1). 66 A cada vía corresponde un estado de oración: la meditación en la purgativa, la de simplicidad o quietud en la iluminativa, la contemplación perfecta en la unitiva. 66 Buenaventura distinguía la contemplación imperfecta (o intelectiva) y la perfecta (o afectiva). 66 “Para que este paso sea perfecto, es necesario que toda actividad intelectual se suspenda y que el alma se transforme completamente en Dios con la pura llama del amor. Esta dulzura mística y secreta no la conoce mas que quien la recibe; no la recibe sino quien la desea; nadie la desea si no está inflamado hasta el fondo por el fuego del Espíritu Santo” (san Buenaventura, III Sentencia, d.24, dub. 4.). 67 En definitiva, la contemplación para san Buenaventura es la pura mirada de amor: “En el alma hay varias maneras de conocer…; pero hay que abandonarlas todas; en el vértice está la unción del amor que las supera todas” (san Buenaventura, Collationes in Hexaemeron, II, 29) 70.
Santa Teresa de Ávila: La Santa da una definición lineal y sugestiva de la contemplación: “Tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama” (Vida, 8,5). 70-71. Cuatro aguas de la oración teresiana:
Desde la meditación puede depositarse en el alma en pequeñas goas intermitentes, la gracia de la contemplación, que pasando de grado en grado y haciéndose cada vez más abundante y más pura, se convierte en agua viva. 73. El hilo de oro que une todos los estados de oración es el amor: “lo importante no es pensar mucho, sino amar mucho” (Moradas IV, 1,7). 73 El amor es también para santa Teresa el núcleo esencial, con todas las implicaciones psicológicas y teológicas de la contemplación. 73 Dios ha penetrado en el alma y ha tomado posesión de ella mediante la oración unidad al amor, oración y amor han sido las puertas que han permitido al alma descubrir y consumar el misterio de Dos esposo. 74
San Juan de la Cruz: CARACTERÍSTICAS DE LA CONTEMPLACIÓN La contemplación es atención amorosa a Dios: ——————————————– El alma, guiada por la fe y por la caridad, siente a Dios en sí y sólo puede vivir sumergida en él, mirándole continuamente con atención amorosa. (…) La expresión «atención amorosa» revela una tensión psicológica creciente que desee las entrañas del ser se lanza a Dios; pero la tensión es sólo una respuesta: antes de que el alma se haya dirigido hacia la luz ha habido una atracción, una llamada, un toque por parte de Dios que le había elevado hacia sí infundiéndole la seguridad de su presencia y el gusto de algún atributo divino. Es la noticia de que habla difusamente Juan de la Cruz, convencido de que si el cristiano no es consciente de la señal de la presencia divina cae en equivocaciones dolorosas. 76 Genera un conocimiento profundo de Dios: ————————————— La atención amorosa fina en el sumo bien une de tal modo el alma con Dios que se obra un derramamiento de caridad, alegría, gozo, de unción beatificante de Dios hacia el alma que le llega a conocer con un conocimiento experimental, cada vez más vivo y profundo, a media que se le derrama el flujo del amor divino. Cuando no se ve verifica este conocimiento sobrenatural, ajeno a toda descripción tanto como dista el cielo de al tierra, no habrá ni siquiera contemplación. La morada de Dios en su yo interior se revela mediante la percepción intuitiva experimental de algún atributo divino; esto es de Dios mismo. Esta percepción no es una simple vibración psicológica, sino que se adentra en la sustancia del alma de tal manera que no se puede nunca olvidar, a nivel de experiencia: «Porque acaecen estas noticias derechamente acerca de Dios, sintiendo altísimamente de algún atributo de Dios, ahora de su omnipotencia, ahora de su fortaleza, ahora de su bondad y dulzura, etc.; y todas las veces que se siente se pega en el alma aquello que se siente» (Subida al Monte Carmelo, II, 26,3). Bastaría uno solo de estos toques divinos para purificar completamente cualquier alma de toda fealdad. 78 Es oscura ———————– Frente a Dios el alma es como el ojo frente al sol, cuanto más se mira, menos se ve; pero al mismo tiempo que en el ojo se anula la facultad visual, él percibe el sol sensoriamente, es decir, como experiencia como presencia, quemadura, calor, dimensión, realidad, objeto. Mirando a Dios el ama se llena de tinieblas en todas sus facultades interinas; pero la luz que la embiste y que le provoca tal oscuridad y sufrimiento purificador, le da una excepcional experiencia de Dios; aumenta la fe, la esperanza, la caridad, y, de modo extraordinario, el conocimiento de Dios; entonces comprender la paternidad, la bondad, la misericordia, la caridad y la santidad de Dios.78 Cuanto más unida a Dios más pura y refinada es su experiencia aunque sea más oscuro el conocimiento. San Una de la Cruz explica este fenómeno con una compasión muy oportuna: » El rayo de sol que entra por la venta, cuando más limpio y puro es de átomos, tanto menos claramente se ve, y cuando más de átomos y motas tiene el aire, tanto parece más claro al ojo. La causa es porque la luz no es la que pro sí misma se ve, sino el medio con que se ven las demás cosas que embiste; y entonces ella, pro la reverberación que hace en ellas, también se ve, y si no diese en ellas, ni ellas ni ella se verían» 78 Da un conocimiento indistinto y confuso: ————————————— Cuando el alma se inmoviliza en Dios cediendo a la atracción de su amor, el refluir de su sustancia se unifica con la voluntad divina; así todo, su mirada no se fija en el detalle sino que profundiza en la unidad de la totalidad divina. Si se ocupase de los detalles, sería signo evidente de que el alma no está contemplando sino meditando; necesitará, pro tanto, confiarse al soplo de Dios que le invita a perderse en él. 79 Provoca la suspensión del razonamiento, de la imaginación y de la memoria: —————————————– La contemplación perfecta provoca la suspensión de las facultades internas; pero esta suspensión no deriva de un esfuerzo personal para no pensar, recordar o imaginar, porque de ello resultaría un vacío mental poco fructífero, ya que no estaría iluminado por ninguna virtud. 79 Dios se comunica al alma sobrenaturalmente anticipándose a cualquier acción personal: —————————————– Efectos primarios de la contemplación: conocimiento y amor de Dios; conocimiento de sí; paz interior, quietud, reposo: ————————————— El conocimiento amoroso de Dios y el conocimiento de la propia nada aplacan los deseos del alma; su inteligencia, su memoria, y de manera especial su voluntad, se entusiasman absorbiendo la luz divina que en abundantes chorros mana de la persona del huésped. 80 …….
El contemplativo no puede se sustraerse a la condición humana como si fuera un semidios; no puede dejar de sentirse una unidad en la totalidad. 81.
Thomas Merton: El místico debe cumplir un éxodo de importancia capital: salir del centro del interés personal y colocarse fuera, en lo que le rodea; la operación será perfecta cuando en el centro ponga a Dios y a los hermanos: “Un hombre no puede entrar en el más profundo centro de sí mismo y de éste pasar a Dios si no sabe salir completamente de sí mismo, vaciarse, darse a los otros en la pureza de un amor altruista” (T Merton) 82 El alma está impregnada de paz y un círculo de silencio le impide ser alcanzada por las tensiones externas: “Nada puede penetrar en el corazón de esta pez. Nada del exterior la puede alcanzar. Hay también una esfera de tu actividad que está excluida de esta espléndida noche etérea. Los cinco sentidos, la imaginación, el razonamiento, el hambre del deseo no pertenecen a este cielo sin estrellas.” (Merton). 84
Jacques y Raïssa Maritain: “Una vez que ha llegado a este nuevo estadio de su progreso espiritual, el alma no recibe ya la ayuda de los dones del Espíritu (necesarios para la salvación), sino sólo de vez en cuando, para vencer alguna dificultad excepcional o tentación, pero cuando ha pasado este umbral, comienza a estar sostenida habitualmentepor ellos; es decir, está bajo lo que los teólogos llaman el régimen habitual de los dones” (J. Maritain, El campesino de Garona, Desclée, Bilbao, 1968, pp.337 y ss.) 87 Para las almas agobiadas ante el apremio de ganar el pan cotidiano, Maritain aconseja dedicar “cada día un poco de tiempo, aunque sea breve, a la oración en casas”: “Es la única regla fija, me parece, que puede haber en un estado de vida que no requiere ninguna. Y cuando por fuerza mayor se deba renunciar, queda siempre el deseo del corazón y aquella benignidad (…) que está en las costumbres divinas” (J. Maritain, El campesino de Garona, Desclée, Bilbao, 1968, pp.349 y ss.) 88 “Ella conserva la paz de su alma, su sorprendente lucidez, su humor, la preocupación por sus amigos, el temor de afligir a los demás, y su maravillosa sonrisa (…), y la conmovedora luz de sus admirables ojos (…) Y durante todo ese tiempo fue implacablemente destruida, como a hachazos, por ese Dios que la amaba (…)” (J. Maritain, Diario de Raïssa, Estela, Barcelona, 1966, p.31) 90 En diciembre de 1933 escribe “Caminamos en la oscuridad, expuestos a chocar con mil obstáculos. Pero nosotros sabemos que `Dios es amor´, y la confianza en Dios es nuestra luz. Tengo el sentimiento de que lo que se nos pide es vivir en el torbellino, sin retener nada de nuestra sustancia, sin retener para nosotros ni reposo ni amistades, ni salud, ni ocio —rogar sin tregua e incluso sin tiempo— y dejarnos arrollar por las olas de la voluntad divina hasta el día en que ella diga: ya basta” (J. Maritain, Diario de Raïssa, Estela, Barcelona, 1966, p.31) 90 “Vida escondida en Dios. Ver en el prójimo únicamente el amor con que Dios lo ama, y su miseria de criatura, no mayor que la mía, mueve la compasión de Dios y hace descender sobre nosotros su misericordia. Algunas veces, durante el recogimiento, el corazón se torna más cálido cada vez. Se siente el amor. Otras veces es más difuso. El cuerpo permanece en un gran reposo agradable, cualquiera que sea suposición. En ese recogimiento siento necesidad de aislarme (paso todas mañanas en mi habitación), de cerrar los ojos” (J. Maritain, Diario de Raïssa, Estela, Barcelona, 1966, p.52) 92 “Las grandes imperfecciones de nuestros hermanos son como una desnudez en la que no nos está permitido fijar los ojos. Pero que cada uno presente sus miserias ante la mirada de Dios, implorando humildemente la curación. Ya que esa divina mirada, que cura y reviste de luz, puede ver toda desnudez porque todo está desnudo ante ella” (Raïssa) (J. Maritain, Diario de Raïssa, Estela, Barcelona, 1966, p.31) 94 “En la vía mística, Dios, por lo que a las criaturas respecta, sólo otorga al alma lo que ésta no exige fuera de lo que la misma caridad le obliga a pedir. Experiencia cien veces repetida. Rechaza especialmente aquello de desea demasiado. Por el contrario, parece conceder todo lo que se pide en un movimiento de caridad, incluso las cosas materiales, el pan cotidiano, el buen tiempo” (J. Maritain, Diario de Raïssa, Estela, Barcelona, 1966, pp.156-157) 95
René Voillaume: “Es, para nosotros, una especia de intuición filial que nos permite penetrar en el misterio de Dios sin saber cómo sucede esto.” (René Voillaume) 96. La intuición debe dilatarse después en la oración: “A este íntimo conocimiento de Dios no se puede llegar sin momentos de silenciosa búsqueda en la oración (…) Las gracias de luz, de conocimiento, que son la raíz de este amor íntimo, de esta amistad que nos une a Jesús, estas gracias se nos dan normalmente en el silencio de la oración, en aquellos instantes que nos consagramos solamente a Jesús, porque queremos estar con él como con una persona, con un amigo. Retirarnos a la soledad, al silencio para encontrarnos sólo con él, quiere decir ofrecernos a él (…) Hay, por tanto, en toda vida cristiana, y de modo especia en la vida religiosa, un mínimo necesario que define la plegaría contemplativa, es decir, una oración orientada completamente hacia el conocimiento de aquél a quien se ama” (René Voillaume) 96. “Todo cristiano está llamado aquí abajo a un mínimo conocimiento amoroso de Dios, a la luz de los dones del Espíritu Santo, sin el que seria incapaz de orar, amar al Señor y vivir según el evangelio” (René Voillaume) 97 Para Voillaume la contemplación se consuma en lo íntimo del ser, morada habitual de Dios Trinidad: “La Trinidad está en nosotros y nosotros estamos en la Trinidad” (René Voillaume) 97 …….
Si la contemplación es unión a Cristo y conocimiento amoroso de Dios, no puede ser sólo propiedad de algunos afortunados. Todas las almas deben poder alcanzar esta “perla preciosa”, cualquiera que sea su punto de partida. 103 La oración del corazón se puede equipara a la oración de quietud, que tiene lugar cuando el alma intenta absorber la luz divina, y se siente inundada de una acción tan gozosa que rebosa hasta saturar los sentidos. 118
………………………………….. [1] Maestros de la contemplación, Narcea, Madrid, 1984.
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