Ayer, Mons. José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, realizó unas declaraciones hablando sobre la iniciativa política sobre legislar el pro de la maternidad la maternidad subrogada, es decir, vientre de alquiler.
Declaró que en la sociedad actual impera el dios-deseo, convirtiendo a la voluntad humana, independientemente de la ley natural, en el único referente.
Con el vientre de alquiler no se tiene en cuenta que no existe el derecho a tener hijos, sino el derecho de los niños a tener padres.
Hoy en día -ha afirmado- ,“si no quieres tener un hijo lo matas. Si lo quieres, lo fabricas”.
Si uno reflexiona a la luz de esta palabras, se da cuenta de hasta qué punto la moral está por los suelos, naufragando. Es ser humano de hoy es un individuo amoral, que hace lo que le viene en gana. ¿Por qué debo preferir el bien y no el mal, la justicia y no la injusticia, antes que aquello que me convenga? Y no hay más que hablar.
Esta actitud de hacer cada cual su capricho en todos los ámbitos y cuestiones de la vida, no sólo en estos temas del aborto y la reproducción como sea, va a traer -ya está trayendo- nefastas consecuencias: hay un desmadre generalizado, una descomposición familiar, una corrupción extendida a todas las capas sociales y un incremento de la maldad y el latrocinio, que va a terminar rompiendo por algún lado y nada bueno. Al tiempo.
Y dejo unas preguntas: ¿es todo lo posible permitido?, ¿se reduce lo permitido –y lo obligado– a lo posible?, ¿cuándo avanzando el tiempo, ya inminente, la biotecnología nos posibilite hacer de todo, habrá algo o alguien que nos detenga de perpetrar actos aberrantes sin inmutarnos?
Lo imposible superará lo permisible, porque lo imposible a disposición del deseo y del odio carece de límites.