***** Cuenta una antigua leyenda, que en la Edad Media un hombre muy virtuoso fue injustamente acusado de haber asesinado a una mujer. En realidad, el verdadero autor era una persona influyente del reino y por eso, desde el primer momento se procuró un «chivo expiatorio» para encubrir al culpable. El hombre fue llevado a juicio ya conociendo que tendría escasas o nulas chances de escapar al terrible veredicto !la horca! El juez, también complotado, cuidó no obstante, de dar todo el aspecto de un juicio justo; para ello dijo al acusado: —Conociendo tu fama de hombre y devoto del Señor, vamos a dejar en manos de él, tu destino» y continuó, «Vamos a escribir en dos papeles por separados las palabras «culpable» e «inocente». Tú escogerás y será la mano de Dios la que decida tu destino. Por supuesto, el mal Juez había preparado dos papeles con la misma leyenda, «culpable» y la pobre víctima, aún sin conocer los detalles se daba cuenta que el sistema propuesto era una trampa. No había escapatoria. El Juez convidó al hombre a tomar unos de los papeles doblados. Éste, respiró profundamente, quedó en silencio unos cuantos segundos con los ojos cerrados, y tomó uno de los papeles y llevándolo a su boca lo engulló rápidamente. Sorprendidos e indignados los presentes le reprocharon airadamente… —Pero… ¿qué has hecho?, ¿y ahora….? ¿Cómo vamos a saber el veredicto…? —Es muy sencillo, respondió el hombre… Es cuestión de leer el papel que queda, y sabremos lo que decía el que me tragué… Con rezongos y bronca mal disimulada, debieron liberar al acusado, y jamás volvieron a molestarlo…[1]
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No entremos en pánico. Por mas difícil que se nos presenten las circunstancias de la vida y lo veamos todo perdido y oscuro, no desesperemos; nunca perdamos la esperanza y no dejemos de buscar la salida ni de luchar hasta el último momento. La imaginación crea posibilidades imprevistas a situaciones en que todo parece perdido. *****
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