“Método de oración contemplativa”, James Borst

A continuación recogemos unas líneas que hemos destacado de este interesante librito[1], dedicado a la oración. Breve obra que animamos a leer completa porque cuanto dice es una verdadera ayuda para orar.

 

 

  • Hay una sola forma de llegar a ser contemplativo, y consiste en reservar diariamente, o de una manera regular, tiempo y espacio para una oración que sea auténtica, personal y contemplativa. p.15

 

  • Simplemente relájate y déjalo todo, mientras adquieres conciencia de la presencia de Dios. p.17.

 

  • Puedes relajarte y dejarlo todo, precisamente  porque  El está presente: en Su Presencia, nada tiene realmente importancia, todo está en sus manos. Tensiones, ansiedades, preocupaciones, frustraciones… todo se desvanece ante El como la nieve bajo el sol. pp.17-18.

 

  • Estate dispuesto, si es preciso, a emplear en ello todo tu tiempo de oración, sin pensar en resultados, efectos o recompensas. p.18.

 

  • El está presente a mi espíritu, atento a mi conciencia. El habita en el centro de mi verdadero yo, en el centro de mi ser. Ahora soy yo quien trata de tener conciencia de esto, pero un día será Él quien me dé gratuitamente dicha conciencia. p.19.

 

  • Ante su rostro, consciente de su Presencia, renuncio a todos y cada uno de los aspectos de mi ser; me reintegro a Él; trato de despojarme de mi sentido de posesión y le suplico que me posea, que viva en mí y a través de mí, para que “ya no viva yo, sino que sea Él quien viva en mí” (Gal 2,20).   p.20.

 

  • “Hago entrega de toda mi personalidad, más allá de mis sentimientos. Busco a tientas un apacible amor que va más allá de mi pensar. p.21.

 

  • Su voluntad es que aceptemos a las personas, las circunstancias y los acontecimientos tal como realmente son y se presentan; que jamás nos empeños en influir en las personas o en los acontecimientos por medio de la violencia del corazón, que ejerzamos sobre ellos únicamente el poder del amor y del perdón, del sufrimiento, la aceptación y el agradecimiento. En la vida ordinaria, esto supone que nunca hemos de juzgar, discutir, criticar, ser violentos, ni tratar de meternos donde no nos llaman. p.22.

 

  • Nos presentaremos ante Dios tal como somos: pecadores, espiritualmente disminuidos e incapacitados de mil maneras, enfermos crónicos, y aceptamos estas limitaciones e incapacidades porque El nos acepta y nos ama tal como somos. p.23.

 

  • Me oriento totalmente a su Presencia. Lo miro fijamente. Su presencia se me hace más real. El mantiene fija mi mirada interior. Mi vista descansa sencilla y amorosamente en El. Mi oración no es sino una amorosa conciencia de Él. p.26.

 

  • “Con amor eterno te he amado; por eso he reservado gracia para ti” (Jer 31,3)

 

  • Los pensamientos divagantes (las distracciones) suelen ser un problema. Tal vez somos incapaces de relajarnos, de hacer desaparecer las tensiones y de entregarnos. O tal vez estemos simplemente cansados, física o mentalmente. Lo primero que hay que hacer es aceptar plenamente esa debilidad y recordar que la oración es para Él, no para nuestro propio provecho. Estate dispuesto a gastar esa parte de tu tiempo como una “inmolación” hecha por El. De algún modo, un cierto sentido de fracaso es algo que pertenece a la esencia de la oración porque, a través de él, aprendemos a hacernos verdaderamente desinteresados: buscamos Su presencia y le amamos a un cuando se nos oculte su rostro, aun cuando no seamos capaces de discernir su presencia. p.30.

 

  • La hora de oración silenciosa debe ser importante para ti en relación a toda su vida de cristiano, religioso o sacerdote. p.41.

 

  • Debes procurar expresar tu entrega continua apartándote de la violencia y yendo hacia formas no-violentas y pacíficas; apartándote de todo tipo de mentiras y yendo hacia una absoluta sinceridad y armonía interiores; apartándote de la auto-afirmación y yendo hacia una gran sensibilidad a necesidades, derechos y sentimientos de los demás; apartándote de la falta de moderación y tratando de alcanzar un instinto de pureza de corazón y de mente; apartándote del deseo de posesión y de la avaricia y tratando de dar, compartir y preferir la sobriedad. pp.41-42.

 

  • En otras palabras, debe oponerte resueltamente a las tendencias viciosas que afligen al Espíritu y matan el alma: el orgullo y el deseo de prestigio, los celos y la antipatía, la ira y la violencia, la falta de moderación y la impureza, la pereza y la codicia. Debes acoger de todo corazón los frutos del Espíritu, paz interior, paciencia en tu comportamiento, amabilidad para con todos, bondad en tus intenciones, confianza en tus relaciones, dulzura interior y exterior, control de tu corazón y tu mente. p.42.

 

  • Una vez que hayas comenzado a orar, ya no volverás a ser el mismo. El hará uso de ti. Será lo más grande que pueda sucederte en tu vida. p.46.

 

  • La oración meditativa. Se trata de una oración centrada en la mente, la cual crea imágenes, reflexiona y piensa en Dios y en sus maravillosas obras. La mente trata de comprender y de formar conceptos. En la meditación, los labios están quietos y la mente activa. p.53.

 

  • La oración contemplativa o contemplación. Es una oración del corazón y la voluntad que tienen a lograr la presencia de Dios. Tanto los labios como la mete permanecen quietos; lo que hay es, sencillamente, un fijar la mirada en el Señor, mientras el corazón se ensancha en una silenciosa plegaria y la voluntad trata de alcanzar la unión con la voluntad de Él. p.53.

 

  • En su corazón, María vivía la gracia de los “anawin”, los humildes de corazón, los pobres del Señor que buscan resueltamente Su rostro y glorifican su nombre, y cuya espiritualidad expresa tan admirable mente salmo 34: Contempladlo y quedaréis radiantes… p.60. 

 

  • De un modo lento, pero seguro, la oración contemplativa conducirá a una maravillosa transformación de la  persona humana. Es evidente que nuestra espiritualidad y nuestra oración deben tener “eficacia” para cambiarnos; de lo contrario, serán irrelevantes y constituirán un verdadero escándalo. No puedes “orar” día tras día, mes tras mes, y seguir siendo igual, porque entonces tu búsqueda y tu oración no son auténticas, sino que únicamente son una sutil forma de ocultarte del Dios vivos, de impedir que el espíritu invada tu vida. La verdadera oración contemplativa supone abrirse al Espíritu. Sus dones y sus frutos serán cada día más evidentes. A través de este tipo adoración experimentamos cada vez más la donación personal de Jesús a cada uno de nosotros, donación que consisten en Su paz. p.64.

 

  • Tenemos necesidad de un ritmo diario uniforme de sueño y de vigilia, de trabajo y de descanso, de alimentación y de digestión. Hay razones para pensar que dedicar una hora diaria a la “salud del alma” es una auténtica necesidad si se desea vivir una vida humana y cristiana equilibrada. p.72.

 

  • Como también que, al hacer esto, abrimos nuestra vida a Dios y le permitimos que él nos abra el corazón y comience a cambiarnos, a transformarnos. Es imposible dedicar una hora diaria a la oración de repente, sino después de haber sido verdadera y profundamente transformados en toda nuestra vida, en todo nuestro ser. A veces podría parecernos que, cuando se dedica un ahora a la oración, se malgasta una gran parte de ella; no importa. Si perseveramos y esa hora constituye un verdadero signo de nuestro fiel amor al Señor; si estamos dispuesto a malgastar nuestro tiempo por él, entonces él nos transformará profundamente de un modo lento pero seguro. p.87.

 

  • Para mí, la oración es una tabla de salvación: tengo necesidad de ella, me guste o no; tengo necesidad de ella, y consiguientemente, la practico, aun cuando haya tenido que renunciar algunas veces a la recreación, casi siempre al sueño, y, en ocasiones, a ciertos tipos de trabajo. Pero el Señor debe tener la prioridad. p.91.

 

ACTUALIDAD CATÓLICA

[1] BORST, J., Método de oración contemplativa,  Sal Terrae, Santander, 1981.