María, Madre de Dios. 1 de enero

Hoy, especial primer dia del año, celebramos la Solemnidad de María Santísima, Madre de Dios. ¡Qué mejor manera de celebrar este primer día del año que homenajeando a la Virgen como Madre de Nuestro Salvador! ¡Y qué mejor cosa que entrar en el nuevo año de su mano maternal, encomendándose a su amparo!

Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios; no deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, ¡oh siempre Virgen, gloriosa y bendita!

 

Confiarse a la ternura de una madre, como es la Virgen María, Madre de Jesús y Madre nuestra, resulta extraordinariamente consolador en medio de un mundo donde abunda la soledad, la dispersión, la falta de amor… Ella nos quiere llevar de la mano, como a hijitos queridos.

 

En el Concilio de Éfeso se confirma la devoción a María, Madre de Dios.

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El Concilio de Éfeso se celebró entre el 22 de junio y el 16 de julio del año 431, en Éfeso, antiguo puerto griego, en la actual Turquía.

Es considerado por la Iglesia católica, por la Iglesia ortodoxa, por la Iglesia anglicana y por la Iglesia copta como el III Concilio Ecuménico.

 Al contrario de los anteriores concilios cuyas cuestiones teológicas se referían principalmente a la unicidad de Dios, el concilio de Éfeso supuso un cambio de dirección, pues se debatió sobre la naturaleza de Cristo dada la negación de los nestorianos a la unicidad de la naturaleza de Cristo y considerar que sus naturalezas, divina y humana, se encontraban separadas, prevaleciendo la naturaleza humana sobre la divina, por lo que María no debía ser considerada Madre de Dios (Theotókos), sino sólo «Madre de Cristo» (Khristotokos, ya que había dado a luz a un hombre en que la divinidad había ido a habitar).

 El texto principal de la decisión del Concilio es la siguiente:

Pues, no decimos que la naturaleza del Verbo, transformada, se hizo carne; pero tampoco que se trasmutó en el hombre entero, compuesto de alma y cuerpo; sino, más bien, que habiendo unido consigo el Verbo, según hipóstasis o persona, la carne animada de alma racional, se hizo hombre de modo inefable e incomprensible y fue llamado hijo del hombre, no por sola voluntad o complacencia, pero tampoco por la asunción de la persona sola, y que las naturalezas que se juntan en verdadera unidad son distintas, pero que de ambas resulta un solo Cristo e Hijo; no como si la diferencia de las naturalezas se destruyera por la unión, sino porque la divinidad y la humanidad constituyen más bien para nosotros un solo Señor y Cristo e Hijo por la concurrencia inefable y misteriosa en la unidad… Porque no nació primeramente un hombre vulgar, de la santa Virgen, y luego descendió sobre Él el Verbo; sino que, unido desde el seno materno, se dice que se sometió a nacimiento carnal, como quien hace suyo el nacimiento de la propia carne… De esta manera [los Santos Padres] no tuvieron inconveniente en llamar madre de Dios a la santa Virgen.

Concilio de Efeso, Denzinger 111a

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¡Feliz y santo año para todos, de la mano de la Madre de Nuestro Señor que nos la dio como  Madre, en la persona de Juan al pie de la cruz!

 

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