Cada 24 de mayo la Iglesia celebra a la Madre de Dios bajo la advocación de “Santa María, Auxilio de los cristianos” (Maria Auxilium Christianorum), conocida popularmente como Santa María Auxiliadora.
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Una historia sobre la total confianza de Don Bosco en los cuidados maternales de Nuestra Madre María
San Juan Bosco necesitaba construir una Iglesia en honor a María Auxiliadora, pero no tenía nada de dinero. Se lanzó, pero las deudas también se lanzaron sobre él. Para conseguir dinero en un momento en que no podía retrasar más los pagos, un día le dijo a la Virgen:
—¡Madre mía! Yo he hecho tantas veces lo que tú me has pedido… ¿Consentirás en hacer hoy lo que yo te voy a pedir?.
Con la sensación de que la Virgen se ha puesto en sus manos, don Bosco penetra en el palacio de un enfermo que tenía bastante dinero pero que también era bastante tacaño. Este enfermo, que hace tres años vive crucificado por los dolores y no podía siquiera moverse de la cama, al ver a don Bosco le dijo:
—Si yo pudiera sentirme aliviado, haría algo por usted.
—Muchas gracias; su deseo llega en el momento oportuno; necesito precisamente ahora tres mil liras.
—Está bien; obténgame siquiera un alivio, y a fin de año se las daré.
—Es que yo las necesito ahora mismo.
El enfermo cambia con mucho dolor de postura, y mirando fijamente a don Bosco, le dice:
—¿Ahora? Tendría que salir, ir yo mismo al Banco Nacional, negociar unas cédulas ¡ya ve!, es imposible.
—No, señor, es muy posible –replica don Bosco mirando su reloj–. Son las dos de la tarde… Levántese, vístase y vamos allá dando gracias a María Auxiliadora.
—¡Este hombre está chiflado! –Protesta el viejo entre las cobijas–. Hace tres años que no me muevo en la cama sin dar gritos de dolor, ¿y usted dice que me levante? ¡Imposible!.
—Imposible para usted, pero no para Dios… ¡Ánimo! Haga la prueba.
Al rumor de las voces han acudido varios parientes, la habitación está llena. Todos piensan de don Bosco lo mismo que el enfermo: que está chiflado.
—Traigan la ropa del señor, que va a vestirse dice don Bosco, y hagan preparar el coche, porque va a salir. Entretanto, nosotros recemos.
Llega el médico.
—¿Qué imprudencia está por cometer, señor mío?
Pero ya el enfermo no escuchaba más que a don Bosco; se arroja de la cama y empieza a vestirse solo, y solo, ante los ojos maravillados de sus parientes, sale de la habitación y baja las escaleras y sube al coche. Detrás de él, don Bosco.
—¡Cochero, al Banco Nacional!
Ya la gente no se acuerda de él: llevaba tres años sin salir a la calle. Vende sus cédulas y entrega a don Bosco sus tres mil liras.[1]
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“En el cielo nos quedaremos gratamente sorprendidos al conocer todo lo que María Auxiliadora ha hecho por nosotros en la tierra”, decía San Juan Bosco, quizás el más grande difusor del amor a María Auxiliadora. Esta hermosa piedad ha estado presente en la Iglesia y en la vida de los fieles desde antiguo, cada vez que algún cristiano, hijo de María, atraviesa por alguna dificultad.
Devoción enraizada profundamente
Los cristianos de los primeros siglos aprendieron a invocar a la Virgen con el nombre de “Auxiliadora”. Los dos títulos más frecuentes que podían leerse en las antiguas iglesias o monumentos de Oriente eran: “Madre de Dios” (Theotokos) y “Auxiliadora” (Boeteia). Santos como San Juan Crisóstomo, San Sabas y San Sofronio hicieron uso de ambos títulos para referirse a la Madre de Dios.
Hacía el año 733, San Germán de Constantinopla escribió un bello texto: «Oh María tú eres poderosa Auxiliadora de los pobres, valiente Auxiliadora contra los enemigos de la fe. Auxiliadora de los ejércitos para que defiendan la patria. Auxiliadora de los gobernantes para que nos consigan el bienestar, Auxiliadora del pueblo humilde que necesita de tu ayuda».
María Auxilio de los cristianos
En el siglo XVI, el Papa San Pío V, gran devoto de la Virgen, después de la victoria cristiana sobre los ejércitos musulmanes en la batalla de Lepanto, ordenó que se incluya en el corpus de las letanías marianas la invocación a “María Auxilio de los cristianos”.
En los tiempos de Napoleón, el Papa Pío VII fue apresado por órdenes del emperador francés. El Pontífice pidió el auxilio de María para superar la terrible situación -con una Iglesia secuestrada por el poder imperial-, prometiéndose que, una vez recuperada su libertad, decretaría una nueva fiesta mariana para la Iglesia. Una vez producida la caída de Napoleón, el Santo Padre retorna triunfante a la sede pontificia el 24 de mayo de 1814 y decreta que esa fecha sea destinada para celebrar cada año la Fiesta de María Auxiliadora.
Un año después de estos acontecimientos nacía San Juan Bosco, a quien la Virgen se le apareció en sueños para pedirle que construyera un templo en su honor, con el título de Auxiliadora. Es así que el santo italiano inició la construcción de dos “monumentos”: uno físico, que es la Basílica de María Auxiliadora en Turín; y uno “vivo”, conformado por las religiosas Hijas de María Auxiliadora.
Don Bosco solía enseñar a los jóvenes que él y muchos fieles devotos de la Auxiliadora habían obtenido grandes favores del Cielo. Los medios por excelencia para obtener esas gracias -decía el santo- eran el rezo de la novena a María Auxiliadora y la repetición constante de la jaculatoria de San Juan Damasceno.
“Confiad siempre en Jesús Sacramentado y María Auxiliadora y veréis lo que son milagros”, afirmaba, sin reparos, el fundador de los salesianos.
Más información:
- Datos Históricos
- Novena
- San Juan Bosco, Fundador de los Salesianos
- Historia de la Devoción a María Auxiliadora
- Origen de la Advocación
- La Patrona de la Guardia
- Especial de María Auxiliadora
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Santos de hoy: Vicente de Lerin, presbítero; Susana, Marciana, Afra, Paladia, Donaciano, Rogaciano, Robustiano, Zoilo, Servilio, Félix, Silvano, Diocles, Melecio, Vicente, mártires; Patricio, obispo; Amalia, virgen; Manahén, profeta; Simeón, estilita, el Joven y Marta, su madre; Ester y Mardoqueo (A.T.); Juana, mujer de Cusa, discípula del Señor.
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[1] Pbro. José Pedro Manglano Castellary. ACIprensa.
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