Los silencios políticos del clero

Valle de los Caídos. Caidos-Sebastian-Dubiel-Wikipedia

En estos días de removimiento del pasado, se incita a que los obispos españoles se manifiesten…

Cualquier medio de comunicación se atreve, como con ninguno, a atacar y decir de la Iglesia cualquier cosa o barbaridad que le parezca o apetezca. Y esto es así, porque la Iglesia no se defiende, calla (y como su Señor, muestra la otro mejilla y es llevado como cordero al matadero). Cualquier otra institución o colectivo ante acusaciones o críticas injustas o fake news responde con denuncias…; en cambio, con la Iglesia no ocurre así, y el ser humano, bajo la influencia del poder del pecado y las pasiones ideológicas sectarias e intolerantes, es capaz de difamar y calumniar sin ningún escrúpulo.

Recuerdo unas palabras de la ya famosa historiadora Ma­ría El­vi­ra Roca Ba­rea: “Y la Iglesia, ¿no contesta? ¿No se defiende? ¿Porqué no se defiende? Tiene en su haber logros muy importantes, cosas muy buenas que ha hecho por el mundo y por la sociedad Aunque yo no sea creyente, llevo a mis hijos a la catequesis y tengo mis discusiones con el cura del barrio. Le digo: «vamos a terminar siendo los agnósticos y ateos de buena voluntad los que tengamos que limpiar el nombre de la Iglesia porque ustedes tienen una pasividad absolutamente incomprensible». ¿Por qué no enseña esa parte de sí misma que es hermosa y que merecería ser mejor conocida?”

El caso es que en este día en que la Izquierda política, con el silencio cómplice de la Izquierda y la prácticamente la totalidad de los medios de comunicación, ha decidió desenterrar a Franco para trasladarlo de ese majestosa basílica del Valle de los Caídos, para ocultarlo al público. Nadie, absolutamente nadie, ha abierto la boca o a planteado oposición, excepto los familiares y el prior de la comunidad benedictina del monasterio de la basílica. Ha quedado en el ambiente y en algunos medios de comunicación el que la Iglesia no haya dado la cara y haber apostado por una salida a la situación como la del entierro en la tumba de la cripta de la catedral madrileña de la Almudena, donde la familia Franco posee dicha tumba en propiedad. En fin, que la Iglesia, con la excepción por libre del prior, ha guardado silencio (sepulcral).

El reproche a la actitud de pasividad, dado lo que supuso Franco para que la Iglesia no fuera arrasada por la izquierda miliciana de la guerra civil de 1936 y el que luego la mimara durante los años de la posguerra entregándola la formación y evangelización de toda la nación.

Esto es cierto. Pero la Iglesia ha hecho bien en mantenerse al margen. Lo más acertado ante los poderes políticos es no enconar los ánimos. Uno, particularmente, puede tomar una decisión contestaría, pero no cuando esta afecta a una comunidad… La Iglesia ha de mirar por lo que supone de su misión pacífica, evangelizadora y el bien de las almas a las que pastorea, ahora y en el futuro. La oposición (y no decimos ya el enfrentamiento) al poder político -y ya máxime si es en un asunto tan poco relevante como éste- para nada es aconsejable y prudente.

La Iglesia, ahora y siempre, y no por la posibles represalias del poder político, ha de mantenerse al margen… y “no meterse en política”.

Hay una dimensión profética y de denuncia de las injusticias y de crítica de las desviaciones de las buenas costumbres, etc.; pero esto siempre con prudencia, sin soliviantar las bajas pasiones de los políticos, tan en refriegas por el poder…

Por otra parte, existen también fieles cristianos en todos los partidos políticos…

Y por fin, hay que seguir la enseñanza de Jesucristo, cuando le pretendía comprometer e involucrar en cuestiones políticas contra los romanos, y afirmó: “Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios” (Mt 22,21). 

Y ya concluyendo -y entre comillas y que nadie se me ofenda-, para entrar en política hay que bajar al barro, es decir, que se “juega sucio”.  

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