Anteayer y ayer en nombre de Alá que cometieron asesinatos de seres humanos: en Francia y en Indonesia.
Los que hemos nacido —a Dios gracias— bajo el amparo de un fe que dice «Dios es amor» nos resulta incomprensible está estas matanzas en nombre de Él. Otro tanto choca, como el mundo occidental calla la verdad en un triple sentido: el silenciamiento de las atrocidades cometidas por el islamismo en los países periféricos; el tratar de lavar la cara al islamismo (como en el caso de Francia) haciendo aparecer los atentados como terrorismo genérico, sin apellidos; el no pedir cuentas y apretarles las tuercas a líderes políticos-religiosos de los países musulmanes; la actitud de los medios de comunicación, de la cultura, del pensamiento, etc., que han colaborado bastardeando la verdad y la historia parangonando las religiones como si todas fueran iguales en sus comportamientos históricos.
Una persona en París salió por la calle asestando cuchilladas a la gente que encontraba a su paso, sin más y matando a una e hiriendo a 4. En Indonesia, un matrimonio y sus hijos de entre nueve y 18 años, se explosionaron en tres iglesias cristianas —una iglesia protestante, otra católica y otra pentecostal— en Surabaya —segunda ciudad de Indonesia, país de mayoría musulmana más grande del mundo—, segando la vida de 13 personas e hiriendo a 40.
Uno se pregunta: ¿Qué tendrán esta gente en la cabeza? ¿Cómo es posible que creen en un dios que les lleva a cometer tales atrocidades? ¿Esto no es acaso obra del mismísimo Satanás?
Recemos por la víctimas, por los asesinos, por la conversiones de los musulmanes y del mundo