Hoy celebramos la Jornada Mundial de oración por las vocaciones y la Jornada de vocaciones nativas Son tiempos de escasez de vocaciones religiosas en mundo occidental; lo que va en sintonía con el general aumento excepcional de la arreligiosidad, cada vez hay más gente en nuestras sociales que se declara no tener ninguna religión. De modo que allí donde no hay no se puede cosechar.
No obstante, no es exactamente se ha de corresponder la cantidad de los prácticamente con el fruto de vocaciones, sino más bien con otros factores: el más importante, el de la calidad, de la practica o vivencia religiosa, que sea comprometida, de oración, de sacramentos, de obras, comunitaria, etc. Otros factores que incluyen es el clima social de prestigio y consideración de la figura del sacerdote (especialmente hoy día con lo de la pederastia) y el la ambiente anticlerical fomentado por un laicismo cristianofóbico; a lo que se une el silencio de la Iglesia, para defenderse y para promocionar -testimoniar- el sacerdocio como algo ejemplar y como la mejor gente que existe en cuanto al bien para las personas y la comunidad. A lo que hay que añadir lo que supone seguir a Cristo, y ser continuar de tantos santos que han precedido en la misión más bella a la que entregar la vida, como dice el lema de este año: «Deja tu huella, sé testigo». Y concluyendo que según las encuestas que se realizan sobre la felicidad, según las actividades o profesiones, la del sacerdote sale como la más feliz.
Y añadir algo más: No podemos dejar que ninguna vocación se pierda. Los seminarios han de cuidar, mimar, a los seminaristas. No sirve solo tener vocación y decir que sí, la persona es ella y sus circunstancias, y están también juegan un papel importante. Cuento: Hace casi 40 años, estando en el seminario menor, desde los 12 años hasta los 18, y cuanto tenía que dar el paso al seminario mayor -junto los demás compañeros-, para los estudios propios de teología, de los 96 semanaritas que éramos en nuestro curso, tan solo pasaron 5, es decir 91 seminaristas dejamos el seminario; increíble.
Estos los files tenemos una responsabilidad, en alguna medida, de la escasez de sacerdotes, los obreros para la mies, tanto en la vocación como en su fidelidad en la permanencia. Tenemos que rezar y realizar sacrificios y cuidarles en su mantenimiento y atenciones.
Terminamos recordando las palabras del evangelio de la liturgia de la misa de ayer (Jn 6,66-69):
«Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí si el Padre no se lo concede».
Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Entonces Jesús les dijo a los Doce:
«¿También vosotros queréis marcharos?».
Simón Pedro le contestó:
«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios».
Para este día especial de las vocaciones recomendamos esta página www.paraquiensoy.com.
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