La Virgen María al final de los tiempos (I)

Virgen del Carmen, Benidorm

María es la respuesta de la Humanidad. Ella es la respuesta a lo que Dios quería, el asentimiento a su voluntad salvadora, que precisa de la colaboración por parte del ser humano, para que se lleve a cabo. El Señor ha querido que ella jugara ese papel fundamental, que su participación fuera requisito imprescindible para que la historia de la Humidad no acabara en fracaso. La pura y virginal humildad, fiel y dignísima, representante de la pequeñez de la carne humana era cuanto precisaba para hacer uno de los nuestros y operar la salvación.

En María, la nueva Eva, se cumplen las palabras del Génesis:  «Haré que haya enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya, ésta te pisará la cabeza mientras tú te abalanzarás sobre tu talón»  (Gen 3,15). Y esa enemistad será hasta el final de los tiempos.

Somos muchos los escritos que se pueden citar haciendo referencia a esta participación extraordinaria de la Virgen María, en pro de salvar al mayor número posibles de sus hijos, la humanidad y dentro de esta, especialmente, a los hijos de su Iglesia querida, de la que ella es madre por designación divina (de su Hijo al pie de la cruz en la figura de san Juan). A partir de su Hijo, ella se ha convertido en madre de toda la humanidad. Y a quien ha sido encomendada sus cuidados, sobre todo en tiempos de peligro.

He aquí algunas citas sobre la Santísima María en relación al final de los tiempos:

Venerable María Jesús Agreda:

«Antes de la segunda venida de Cristo, María, más que nunca, debe brillar en misericordia, poderío, y gracia para traer a los incrédulos a la fe católica. El poder de María en los últimos tiempos será muy eminente». “En los últimos tiempos, el señor quiere extender de una manera especial el renombre de su Madre. María empezó la salvación, y por su intercesión se completará.»

Beata Ana Catalina Emmerich:

«Vi por encima de la iglesia (San Pedro de Roma) muy disminuida, una mujer majestuosamente vestida con un manto azul cielo que se situaba a lo lejos, portando una corona de estrellas sobre la cabeza. Vi de nuevo la iglesia de San Pedro con su alta cúpula. San Miguel se mantenía en lo alto, brillante de luz, llevando una vestimenta roja de sangre y sosteniendo en la mano un gran estandarte de guerra». «Vi una mujer llena de majestad avanzar en la gran plaza que está ante la Iglesia. Ella mantenía su amplio manto sobre los dos brazos y se elevaba suavemente en el aire. Se posó sobre el domo y extendió sobre toda la extensión de la Iglesia su manto que parecía irradiar oro.» «Vi también como, al final, María extendió su manto por encima de la Iglesia y como los enemigos de Dios fueron ahuyentados.»

San Luis María Grignon de Monfort:

 «Dios quiere que su Madre Santísima, sea ahora más conocida, amada y honrada que nunca«. «María debe resplandecer más que nunca en los últimos tiempos en misericordia, poder y gracia». «Ella es la aurora que precede y anuncia al Sol de Justicia, Jesucristo», «María debe ser terrible al diablo y a sus secuaces «como un ejército en orden de batalla» sobre todo en estos últimos tiempos, porque el diablo sabiendo que le queda poco tiempo y menos que nunca para perder a las gentes, redoblará cada día sus esfuerzos y ataques. De hecho, suscitará a en breve crueles persecuciones y tenderá terribles emboscadas a los fieles servidores y verdaderos hijos de María, a quienes le cuesta vencer mucho más que a los demás». «El poder de María sobre todos los demonios resplandecerá, sin embargo, de modo particular en los últimos tiempos, cuando Satanás pondrá asechanzas a su calcañar, o sea, a sus humildes servidores y pobres a juicio del mundo; humillados delante de todos; rebajados y oprimidos como el calcañar respecto de los demás miembros del cuerpo. Pero, en cambio, serán ricos en gracias y carismas, que María les distribuirá con abundancia, grandes y elevados en santidad delante de Dios, superiores a cualquier otra creatura por su celo ardoroso; y tan fuertemente apoyados en el socorro divino que, con la humildad de su calcañar y unidos a María, aplastarán la cabeza del demonio y harán triunfar a Jesucristo«. (Tratado de la verdadera devoción a la Virgen).

 

Porque Dios la mencionó especialmente en el Génesis como de la que saldría el linaje que pisaría la cabeza al enemigo de la humanidad. El Inmaculado Corazón de María busca para estos tiempos cruciales, hijos fieles, que den junto con ella y San Miguel y los ángeles, la batalla al Demonio y sus secuaces, y evitar que arrastre y condenen tras sí a los menos hombres posibles. Estos hijos fieles son «los apóstoles auténticos de los últimos tiempos» de que habla san Luis María y el mensaje mariano de la Salette.

 

La Virgen María al final de los tiempos (II)

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