Cuando los acontecimientos proféticos que han de sucederse inexorablemente, tal vez en un futuro no lejano -viendo como se está desenvolviendo el devenir histórico de la humanidad y que la evidencia de los signos anunciados se están cumpliendo-, el Señor, nuestro creador, clemente y misericordioso, padre amantísimo de entrañas de madre, desplegará un derroche de piedad por salvar a la Humanidad, por intentar que nadie se pierda -o los menos posibles-.
Esta voluntad salvífica en lo referente a estos últimos tiempos la podemos ver plasmarse en los estos momentos:
- El anuncio repetitivo de Jesucristo de que vivamos en constante alerta, en vela, y su darnos señales -los signos de los tiempos- en los que podemos atisbar que el momento se acerca.
- Los numerosos anuncios proféticos que a lo largo de toda la Biblia están recogidos avisando de lo que vendrá.
- Los no menos anuncios -en forma de revelaciones privadas– que se han dado puntualmente a través de muchos cristianos de fe profunda, probada, de santos y místicos; especialmente, en estos tiempos presentes y postreros, y de forma repetitiva, por la augusta Madre del Señor y de la Iglesia.
- Ya cuando se sucedan los momentos propiamente del fin de los tiempos, la acción salvadora de Dios se verá en tres momentos: en el Aviso, en el Milagro y en medio del Castigo, cuando Jesucristo intervenga y se manifiesta, en la Parusía, rescatando a muchos y dando tiempo a la conversión de la Humanidad.
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Dios, por su infinita misericordia, tendrá a bien manifestarse a la Humanidad, para convertirla y salvarla. Como a Tomás, que ante sus dudas, le demostró su existencia haciéndole meter los dedos en las heridas de los clavos y en el costado, se mostrará a los ojos mortales de los hombres de este fin de los tiempos.
La gran catástrofe que se va a producir sobre los habitantes de la tierra, será precedida de manifestaciones tumbativas de la existencia de Dios, que constituirán un supremo llamamiento de la divina misericordia invitando a la conversión. Pues, como dice San Pedro, el Señor no quiere que nadie se pierda, sino que todos se conviertan (2 Pe 3,9).
En aquellos días del fin de los tiempos, Dios en su Hijo Jesucristo, que ha vencido ya en su raíz a los poderes del mal, al pecado y a la muerte, dará al hombre, convirtiéndose, la posibilidad de incorporarse a su victoria y ser sacramentalmente insertado en su muerte y resurrección. Gran parte de los hombres, en aquellos instantes dramáticos, viendo cómo los cielos se velan y sintiendo faltar la tierra bajo sus pies, harán un acto de contrición suprema y volverán a entrar en gracia con Dios. Y sucederá que todo el que invoque el nombre de Yahvé será salvo (Joel 3,5a).
Dios en su infinito amor misericordioso hacía sus hijos, como un padre, tratará de salvar al mayor número de ellos, dándoles hasta tres veces la posibilidad de no negarle.
Primera: la Humanidad recibirá la misma luz que en el momento de su muerte. Se trata de una iluminación de la conciencia que ayudará a conocer la gravedad del pecado. Se les mostrarán las profundidades de sus almas. Cada persona verá su alma como la ve Dios; será una experiencia del poder y del amor de Dios. Esta señal o aviso constituirá una señal de la misericordia de Dios y una oportunidad para corregirse y purificarse e impulsar el alma a la conversión.
Segunda: Será una señal por la cual toda la Humanidad experimentará un conocimiento externo de que Dios existe. El Evangelio dice: Aparecerá en el cielo la señal del Hijo del hombre (Mt 24,29). Una gran cruz, luminosa, de la cual penderá el Salvador. De sus llagas descenderá sobre el mundo franjas de luz llenas de la gracia de la divina misericordia que se esparcirá por todo la tierra, alcanzando a todos sus habitantes. Antes de venir como justo Juez, vendrá como Rey de Misericordia. Será el milagro mayor que Jesús ha hecho para el mundo, el milagro será tan grande y espectacular como el mundo necesita. El milagro coincidirá con un acontecimiento de la Iglesia y con la fiesta de un santo de la Eucaristía… un niño que llevaba la Santa Comunión a cristianos perseguidos.
“Levantemos la vista y esperemos al Señor, que ha de venir en las nubes desde los cielos. Vendrá glorificado y escoltado por un ejército de ángeles Entonces sonarán las trompetas de los ángeles. Los que hayan muerto en Cristo resucitarán primero, los piadosos que estén con vida serán tomados en las nubes y recibirán el premio a sus trabajos. Así serán también honrados en lo humano, ya que lucharon por encima de las fuerzas humanas” (San Cirilo de Jerusalén). Así consta en las Sagradas Escrituras: Dijo Jesús a sus discípulos: “Entonces verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes con gran poder y majestad; enviará a los ángeles para reunir a sus elegidos de los cuatro vientos, de horizonte a horizonte” (Mc 13,26-27). Entre los supervivientes estarán los que llame Yahvé (Joel 3,5b). El Rey dirá a los que tenga a su derecha: “Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo” (Mt 25,34), dirá a aquellos que entonces serán transportados en carros de nubes y serán reunidos por los ángeles.
Tercera: Será el último intento de la Misericordia Divina para la conversión del mundo entero, especialmente de los impíos. Los que aún no se hayan convertido tras esas dos experiencias del amor de Dios, quedará, ya para algunos de ellos, la conversión durante la catástrofe que sobrevendrá, o tras haber sobrevivido a ella.
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