Por nada del mundo la Iglesia debe cerrar las iglesias ni la asistencia a los necesitados. Es decir, no debe renunciar la sacramento del amor ni al ejercicio del amor. Esto es lo que el enemigo del Amor está deseando que suceda. Es más, en esta enfermedad contagiosa del coronavirus el Maligno ha tenido mucho que ver.
No se trata de ser imprudente y temerario, pero se pueden barajar medios para evitar el riesgo de contagio o al menos minimizarlo, dejemos esa parte pequeña de riesgo en manos de la Providencia. Pero jamás renunciar al Amor: a la Eucaristía y a la ayuda a los más necesitados.
En esto hay mucho en juego, de alguna manera: «la presencia del Amor entre nosotros», dejando el campo abierto a la acción del Maligno, para que el mundo caiga bajo su poder.
Jamás la Iglesia ha dado la espalda cobardemente a las epidemias a lo largo de su historia, la santidad se prueba en estos momentos de heroísmo. Jamás ha abandonado el Amor.
La obligación moral de ser precavidos y prudentes no es óbice para que poniendo los medios estar ahí siendo luz y sal del mundo. Los medios pueden ser: que se hagan misas con menos personas, aumentado el número de celebraciones, pidiendo a las personas de riesgo -con bajas defensas- no asistir, enumerando a una distancia de 2 metros cada puesto permitiendo la admisión hasta que se cubran todos, asistir con mascarilla protectora, etc. En cuanto a la asistencia a los pobres, se pueden ver soluciones como dar de comer en bocadillos o en envases desechables, para llevar . En fin, que soluciones hay seguro. Las soluciones se deben rezar.
Y como dice el recién nombrado Presidente de la Conferencia Episcopal Española, Mons. Omella: “Es necesario rezar porque Dios está por encima de nosotros, Él es quien nos guía y nos ilumina, pero tenemos que aplicar las normas de prudencia. Hay que dejar que el corazón pueda explayarse”
Y estas son palabras del director de Cáritas italiana, el P. Soddu: “Precisamente cuando podría prevalecer el miedo y la desconfianza hacia el prójimo, la fe y la esperanza en Dios -que con sus gestos el Papa Francisco confirma continuamente- nos llaman a poner en práctica una nueva ‘fantasía de la Caridad’, que nos haga salir a todos juntos de esta crisis”.