Los estragos que está causando a mucha gente y de por vida esta infame y disparatado locura hay que pararla. Quien ame a sus semejantes no pude permanecer impasible ante esta intoxicación de la ideología de género que se extiende por todos los lugares de la Tierra como una epidemia.
Graves son las consecuencias de esta chifladura consentida como una verdad absoluta, a trasmitir y adoctrinar legalmente, a enseñar a la fuerza en la escuela pública y privada a tiernas mentes infantiles que se están abriendo a la vida. ¿De los daños que va a provocar esta enseñanza disparatada quién se hace responsable?
Los que estamos en desacuerdo con esa ideología peligrosa y los que advertimos los riesgos no debemos callarnos; todos tenemos que hablar en la medida que podamos, no hay que amedrentarse y dar la batalla del sentido común y de la reivindicación del espacio de nuestros derechos; pues están saltándose la línea de lo razonable, y se corre el gravísimo riesgo de que se haga mucho daño a mucha gente -especialmente niños- y para toda su vida. Todos tenemos la responsabilidad de manifestar nuestra oposición resistente ante su promulgación y propagación, desde la lógica que choca contra la irracionalidad hemos de hablar y hablar, sin callar, sin dejarnos intimidar, por ayudar a tantos que se verán afectados por esta locura inhumana, que tiene, sin duda, algo de satánico.
Ha habido y sigue habiendo gente que da la cara -aunque se la partan, a veces y de alguna u otra manera-; pero hay que plantarse y resistir. No hay causa más noble que la defensa de la infancia, tal y como hacen movimientos como #ConMisHijosNoTeMetas, y personajes del pensamiento mayormente cristiano que se esfuerzan en escribir contra ese intento de proselitismo progresista de meter -se quiera o no- en la cabeza de niños y de la sociedad en general concepciones suieneris como verdades absolutas.
Queremos destacar -como prototipo de persona comprometida en esta causa de defensa- a don Pedro Trevijano, sacerdote, autor de Relativismo e ideología de género, que desde hace ya años viene escribiendo artículo tras artículo advirtiendo de los errores y peligros de esta idelogía; hasta llegar a calificarla -con atino- como ideología «diabólica»: Tal es el grado de penetración irracional pero real de esta ideología que hasta a los que se suponen contrarios a ella, de alguna manera se contaminan en una especie de mundanización acrítica; de tal forma que como el mismo don Pedro dijo en cierta ocasión: «Un sacerdote me preguntó una vez quién opinaba en la Iglesia lo mismo que yo. Le dije que tres personas: un tal Francisco, un tal Benedicto XVI y un tal Juan Pablo II. Los tres tienen textos en los que condenan la ideología de género».
Y como dice también el propio Pedro Trevijano, «es el sentido común el que acabará cargándose la ideología de género». Pero lo que pasa que hasta que eso llegue, ¡cuánta agua habrá pasado bajo el puente…!

Así concluye el interesante artículo de Forum Libertas «Las ideas tienen consecuencias: el caso espectacular de la ideología de género«:
El problema de la perspectiva de género es que es incompatible con la sociedad que hemos construido, basada en unos fundamentos de matriz cristiana, una cultura, que ya no una fe, de este tipo. Por eso bajo la dinámica actual el estado de derecho no tiene cabida, transformado en estado de leyes. Y los fundamentos del estado del bienestar y la productividad a largo plazo, todo aquello que nos permite vivir como vivimos, no pueden sostenerse. Si a esto se le suma la crisis ambiental y los costes de la transición ecológica, el panorama lo es todo menos bueno.
Pero existe una respuesta si los cristianos se ponen las pilas y la Iglesia en Europa alza la cabeza y asume su misión histórica. La de siempre.
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