La cuarentena como oportunidad

Cuaresma viene de cuarenta, como cuarentena. Jesús se retiro al desierto durante cuarenta días, para sumergirse en el silencio, el ayuno y la oración; no como un fin en sí, sino para predisponerse a afrontar lo que le iba a venir.

Estos días de cuarentena, retirados a la fuerza -confinados- en unos pocos metros cuadrados,  que estamos viviendo a consecuencia de la pandemia del coronavirus, lejos de ser una especie de condena insoportable ha de convertirse en un momento oportuno -en un kairós, que decías los clásicos, lapso indeterminado en que algo importante sucede-.

¿Tiempo oportuno para qué? Para que, con tiempo (del que tantas veces nos lamentaos de no tener) y en silencio (al que somos incapaces de soportar), cojamos el toro por los cuernos y nos respondamos a quema ropa aquellas preguntas que todos llevamos dentro y de las que huimos temerosos a que exijan de nosotros mismos cambios que no estaríamos dispuestos a realizar.

Reprimir o desentenderse de ciertas cuestiones vitales, fundamentales, no hacen nada bien, aunque parezca que se puede vivir así, sin afrentarlas, como si no existieran; pero no, somos seres fundamentalmente espirituales, y no podemos pasar por la vida ignorando aquello que en realidad somos, y de lo que se desprenden cuestiones ineludibles. Y aunque su orillamiento parezca a simple vista no suponer nada, si que supone en términos de todo aquello que supone engrandecer y no envilecer la masa de la que estamos hechos; lo cual se traduce -como se palpa- en la decadencia -a la que todos sumamos, rotulando un rostro- de una sociedad donde predominan disvalores, la insolidaridad, el egoísmo, la falta de integridad, rectitud, nobleza, fidelidad, honradez… y la cultura de la muerte. Y todo esto ante una pasividad absoluta por cada uno de nosotros, incapaces de distanciarnos de la mentalidad materialista, impropia, que nos banaliza…

Es el tiempo de tomar el pulso a nuestra vida. Esa es la oportunidad de nos ofrece esta cuarentena sobrevenida: convertirla en una cuaresma, que nos abre a lo que nos trasciende.   

 

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