La apertura del séptimo sello

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A la apertura del séptimo sello se produjo un silencio… como de media hora “Cuando el Cordero abrió el séptimo sello, se hizo silencio en el cielo, como una media hora…” (Ap 8,1); un silencio que sobrecogió… por la expectación de lo que supondría: iba a tener lugar el cumplimiento de la esperanza prometida, por el que tanto habían rogado los justos y mártires delante del trono de Dios.

Hasta ese momento, el Mal había campo a sus anchas, persiguiendo a la Iglesia, a sus hijos y pervirtiendo a la humanidad entera. La tierra entera se hallaba estragada por la acción del Maligno. Pues “despechado contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.” (Ap 12,17).

Hasta ese momento el Señor -por un misterio que no se nos alcanza- había permanecido quieto, sin tomar medidas, esperando…, pese a los ruegos de los mártires que ante su Trono solicitaba su intervención para evitar que el Mal siguiera martirizando a los fieles a Cristo (Cf. Ap 5,9-11).

Sorprendentemente el Señor de la historia, Jesucristo, no había asumido su poder, el poder que le correspondía, como Verbo Creador y Redentor. “Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un Reino de Sacerdotes, y reinan sobre la tierra” (Ap 5,9-12). ¿Por qué? No lo sabemos; al final, todo quedará revelado.

La apertura del séptimo sello es un momento de entusiasmo para todos aquellos que pedían que el Señor decidiera dar el paso de intervenir. Es un momento esperanzador para los fieles a Cristo y, a la par, temible para todos los enemigos del Reino de Dios.

Tras la apertura, comienza la acción decidida del Cielo: “Entonces a los siete Ángeles que están en pie delante de Dios; les fueron entregadas siete trompetas” (Ap 8,2).

Las trompetas entrarán en juego, por tres días. Las siete temibles trompetas serán tocadas, anunciando plagas y acontecimientos horrorosos que devastarán la tierra y mermarán su población. Las trompetas coinciden y quedan más explicitadas con el derramamiento de las igualmente espantosas siete copas.

Esta acción divina, tras la apertura del séptimo sello, que dará lugar a las trompetas, como plagas castigadoras, se concentrarán en tres días –los tres días de oscuridad– en toda la Tierra. Será el “Gran Día de cólera“.

El desenlace será el Armagedón, que tendrá lugar concluyendo el tercer día, cuando se desencadenaran con toda su virulencia la intervención del Cielo, con el vertido casi simultaneo de las mortíferas siete copas.

Entonces, en ese momento, para concluir, tendrá lugar la manifestación, la Parusía, del Señor o Cristo:

“`Aquel que es y que era´ porque has asumido tu inmenso poder para establecer tu reinado” (Ap 11, 17).

“Vi el cielo abierto, y apareció un caballo blanco; su jinete se llama `Fiel y Veraz´, porque juzga con justicia y combate. Sus ojos son como llama de fuego, muchas diademas ciñen su cabeza, y lleva grabado un nombre que nadie conoce sino él. Va envuelto en un manto empapado en sangre, y es su nombre `el Verbo de Dios´. Lo siguen las tropas del cielo sobre caballos blancos, vestidos de lino blanco y puro. Y de su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, pues él las regirá con vara de hierro y pisará el lagar del vino del furor de la ira de Dios todopoderoso. En el manto y en el muslo lleva escrito un título: `Rey de reyes y Señor de señores´.” (Ap 19,11-16).

“El Cordero, como es Señor de Señores y Rey de Reyes, los vencerá en unión con los suyos, los llamados y elegidos y fieles.” (Ap 17,14).

Satanás, sus Bestias y todos sus seguidores quedarán derrotados, expulsados de la tierra y encerrados en el infierno.

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