J. ORTEGA Y GASSET: La rebelión de las masas, Historia como sistema, El espectador.

Les ofrecemos este domingo breves textos extraídos de esas tres obras del filósofo español José Ortega y Gasset (1883-1955).

     
“Historia como sistema”[1]

 

         La vida humana (…) es la realidad radical, en el sentido de que a ella tenemos que referir todas las demás. 29

         La vida que nos es dada no nos es dada hecha, sino que necesitamos hacérnosla nosotros, cada cual suya.  La vida es quehacer. (…) no encontramos siempre forzados a hacer algo, pero no nos encontramos nunca estrictamente forzados a hacer algo determinado, (…) como le es impuesta al astro su trayectoria o a la piedra su gravitación Antes que hacer algo, tiene cada hombre que decidir, por su cuenta y riesgo, lo que va a hacer. Pero esta decisión es imposible si el hombre no posee algunas convicciones. 29-30

         De aquí que el hombre tenga que estar siempre en alguna creencia y que la estructura de su vida dependa primordialmente de las creencias en que esté y que los cambios más decisivos de la humanidad sean los cambios de creencias, la intensificación o debilitamiento de las creencias. (..) Son estas  el suelo de nuestra vida. (…) Las creencias son lo que verdaderamente constituye el estado del hombre. 30

         Es un error definir la creencia como idea. 30

         La creencia no es, sin más, la idea que se piensa, sino aquella en que además se cree. Y el creer no es ya una operación el mecanismo “intelectual”, sino que es una función del viviente como tal, la función de orientar su conducta, su quehacer. 31

         La fe viva es presencia permanente y activísima de la entidad en que creemos. (…) Lo cual no quiere decir que estemos siempre, ni siquiera con frecuencia, pensando en ello, sino que constante “contamos con ello” 36

         Las creencias constituyen el estrato básico, el más profundo de la arquitectura de nuestra vida. (…) decimos que tenemos estas o las otras  ideas; pero  nuestras creencias, más que tenerlas, las somos. 38

         Ante una realidad inmensurable la física es imposible 45

          La vía es precisa y necesita con urgencia saber a qué atenerse y es preciso hacer de esta urgencia el método de la verdad. El progresismo que colocaba la verdad en un vago mañana ha sido el opio entontecedor de la humanidad. (…) Una manera de existir a cargo de la posterioridad dejando la propia vida sin cimientos, raíces ni encajes profundo. El vicio se engendra tan en la raíz de esta actitud, que se encuentra ya en la “moral provisional” de Descartes. 45-6

         La razón física no puede decirnos nada claro sobre el hombre. ¡Muy bien! Pues esto quiere decir simplemente que debemos desasirnos con todo radicalismo de tratar al modo físico y naturalista lo humano. (…) El fracaso de la razón física deja la vía libre para la razón vital e histórica. 46-7

         Lo humano se escapa a la razón físico-matemática como el agua por una canastilla. 49

         En Robert Boyle adapta su expresión aún vigente: la `natura’ es la regla o sistema de reglas según la cual se comportan los fenómenos  -en suma, la ley. 55

         En rigor, hasta Kant no se ha empezado a ver con claridad que el pensamiento no es copia y anejo de lo real, sino operación transitiva que sobre él se ejecuta, intervención quirúrgica en él. 48. (…) El pensamiento tiene sus formas propias que proyecta  sobre lo real. (…) aprender a pensar en un perpetuo ¡alerta!, en un incesante `modus ponendo tolles’ . En suma, tenemos que aprender a desintelectualizar lo real a fin de serle fieles. 59

         El hombre no es cosa ninguna, sino un drama  -su vida, un puro y universal acontecimiento. 63

          La vida es un gerundio y no un participio: un faciendum y no un factum. La vida es quehacer. La vía, en efecto, da mucho que hacer. 64

         En cada momento de mi vida se abren ante mi diversas posibilidades: puedo hacer esto o lo otro. Si hago esto, seré A en el instante próximo; si hago lo toro, seré B. 64

         El uso tarda en formarse. Todo uso es viejo. O lo que s igual, la sociedad es, primariamente, pasado, y relativamente al hombre, tardígrada. 73

         El hombre es lo que le ha pasado, lo que ha hecho (…) Lo que efectivamente le ha pasado y ha hecho constituye una inexorable trayectoria de experiencias que lleva a su espalda, como el vagabundo el hatillo de su haber. 79

         El error del viejo progresismo estribaba en afirmar `a priori’  que progresa hacia lo  mejor. 80

          Progresar es acumular ser, tesaurizar realidad. 82

         El hombre necesita de una nueva revelación. Y hay revelación siempre que el hombre se siente en contacto con una realidad distinta de él. No importa cuál sea ésta, con tal de que nos parezca absolutamente realidad y no mera idea nuestra sobre una realidad, presunción o imaginación. 86

          Las ideas representa dos papeles muy distintos, en la vida humana: unas veces son `meras ideas’.  El hombre se da cuenta de que, a pesar de la sutileza y aun exactitud y rigor lógico de su pensamientos, éstos no son más que invenciones suyas; en última instancia, juego intrahumano y subjetivo, intranscendente. Entonces la idea es lo contrario de una revelación -es una invención.  Pero otras veces la idea desaparece como tal idea y se convierte en un puro modo de patética presencia que una realidad absoluta elige. Entonces la idea  no nos parece ni idea ni nuestra. Lo trascendente se nos descubre por sí mismo, nos invade e inunda  -y esto es la revelación.  87

         Se ha desconocido que al fe religiosa es también razón, porque se tenía de esta última una idea angosta y fortuita. Se pretendía que la razón era sólo lo que se hacía en los laboratorios o el cabalismo de los matemáticos. La pretensión, contempla desde hoy, resulta bastante ridícula y parece como una forma entre mil de provincianismo intelectual. La verdad es que lo específico de la fe religiosa se sostiene sobre una construcción tan conceptual como puede ser la dialéctica o física. 88

         Todas las definiciones de la razón, que hacían consistir lo esencial de ésta en ciertos modos particulares de operar con el intelecto, además de ser estrechas, la han esterilizado, apuntándole o embotando su dimensión decisiva. Para mí es razón, en el verdadero i riguroso sentido, toda acción intelectual que nos ponen en contacto con la realidad, por medio de la cual topamos con lo  transcendente. Lo demás no es sino… intelecto; mero juego casero y sin consecuencias, que primero divierte al hombre, luego le entrega y, por fin, le desespera y le hace despreciarse a sí mismo. 88

         Cuando el hombre se queda o cree quedarse solo, sin otra realidad, distintas de sus ideas, que se limite crudamente, pierde la sensación de su propia realidad, se vuelve ante sí mismo entidad imaginaria, espectral, fanstamagórica. So bajo la presión formidable de alguna trascendencia se hace nuestra persona compacta y sólida y se produce en nosotros una discriminación entre lo que, en efecto, somos y lo que meramente imaginamos ser. 90-1

         La física no nos poden en contacto con ninguna trascendencia. 91

         Lo que hoy queda de fe en la física se reduce a la fe en sus utilizaciones. 92

         Toda desilusión, al quitar al hombre la fe es una realidad, a al cual estaba puesto, hace que pase a primer plano y se descubra la realidad de lo que le queda y en la que no había reparado. Así, la pérdida de la fe en Dios deja al hombre sólo con su naturaleza, con lo que tiene. De esta naturaleza forma parte el intelecto, y el hombre, obligado a atenerse a él, se forja la fe en la razón físico-matemática. Ahora, pérdida también  -en la forma descrita-  la fe en esa razón, se ve el hombre forzado a hacer pie en lo único que le queda y que es su desilusionado vivir. He aquí por qué en nuestros días comienza a descubrirse la gran realidad  de la vida como tal, de que el intelecto no es más que una simple función y que posee, en consecuencia, un carácter realidad más radical que todos los mundos construidos por el intelecto. Nos encontramos, pues, en una disposición que podría denominarse  “cartesianismo de la vida” y no de la `cogitatio’.  92-93.

         “Meditar es un progreso hacia sí mismo” (Aristóteles) 105

         Pensar es dialogar con la circunstancia. Nosotros tenemos siempre, queramos o no, presente y patente nuestra circunstancia; por eso nos entendemos. Mas para entender el pensamiento de otro tenemos que hacernos presente su circunstancia. 128

         “Lo que heredastes de tus antepasados conquístalo para poseerlo ” (Goethe) 149

         El sistema de la tradición viene a ser, en el hombre, un sucedáneo del sistema de los instintos que como animal perdió. en la medida en que estamos sumergido dentro de una tradición vivimos sus formas “instintivamente”. Esta es la vida del puro “creyente”, de la radical “fe”. 151

         “La verdadera filosofía reconoce como una imperfección lo que a menudo más se alaba en ella y se imita: la profundidad. Profundidad es un síntoma del caso precismanete la verdadera ciencia pretende transformar en un cosmos, sometiéndolo a una ordenación sencilla y de perfecta claridad. La verdadera ciencia, por lo menos en cuanto alcanza su positiva doctrina, no conoce profundidad alguna. Cualquier trozo de ciencia ya lograda es un conjunto de pasos intelectuales de los que cada uno es inmediatamente evidente y, por lo tanto, no es profunda”. (Edmundo Husserl) 182

         La ignorancia del que es por completo ignorante toma un cariz pasivo e inicuo. Pero el que es un buen ingeniero o un buen médico y sabe mucho de una cosa no se determinará a confesar su prefecto desconocimiento de las demás. Transportará el sentimiento dominador que, el andar por su especialidad, experimenta a los temas que ignore. Mas como los ignora su soberbia   -más gremial que individual-  no le consiste otra actitud que  la imperial negación de eso otros temas y esas otras ciencias. El buen ingeniero y el buen médico suelen ser en todo lo que no es ingeniería o medicina de una ignorancia agresiva o de una torpeza mental que causa pavor. 185

..ooOoo..

 

      “La rebelión de las masas”[2]

 

         Tiene sólo apetitos, cree que sólo tiene derechos y no cree que tiene obligaciones: es el hombre sin nobleza que obliga  -sine nobilitate-, snob (sin nobleza). 17

         El snob está vacío de destino propio, como no siente que existe sobre el planeta para hacer algo determinado e incanjeable, es incapaz de entender que hay misiones particulares y especiales mensajes. 18

         La disposición de los hombres, sea como soberanos, sea como  conciudadanos, a imponer a los demás como regla de conducta su opinión y sus gustos, se halla tan enérgicamente sustentada por algunos de los mejores y algunos de los peores sentimientos inherentes a la naturaleza humana. 25

         Los problemas humanos no son, como los astronómicos o los químicos, abstractos. Son problemas de máxima concreción, porque son históricos. Y el único método de pensamiento que proporciona alguna probabilidad de acierto en su manipulación es la “razón histórica”. 39

         Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender. Es el deporte y el lujo específico del intelectual. 43

         Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo  -en bien o en mal-  por razones apicales, sino que se siente  “como todo el mundo”, y, sin embargo, no se angustia, se siente a sabor al sentirse idéntico a los demás. 45

         El hombre selecto no es el petulante que se cree superior a los demás, sino el que se exige más que los demás, aunque no logre cumplir en su persona esas exigencias superiores. Y es indudable que la división más radical que cabe hacer en la humanidad es esta en dos clases de criaturas: las que se exigen mucho y acumulan sobre sí mismas dificultades y deberes, y las que no se exigen nada especial, sino que para ellas vivir es ser en cada instante lo que ya son, sin esfuerzo de perfección sobre sí mismas, boyas que van a la deriva. 45

         Quien no haya sentido en la mano palpitar el peligro del tiempo, no ha llegado a la entraña del destino. 51

         La auténtica plenitud vital no consiste en la satisfacción, en el logro, en la arribada. Ya decía Cervantes que “el camino es siempre mejor que la posada” 59

         Vivimos en un tiempo que se siente fabulosamente capaz pare realizar, pero no sabe qué realizar. Domina todas las cosas, pero no es dueño de sí mismo. Se siente perdido en su propia abundancia. 70

         La vida, que es, ante todo, lo  que podemos ser, vida posible, es también, y por lo mismo, decidir entre las posibilidades lo que en efecto vamos a ser. Circunstancia y decisión son los dos elementos radicales de que se compone la vida. 72

         Es falso decir que en la vida “deciden las circunstancias”. Al contrario: las circunstancias son el dilema, siempre nuevo, ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter. 73

         Mimar es no limitar los deseos, dar la impresión a un ser de que todo le está permitido y a nada está obligado. La criatura sometida a este régimen no tiene la experiencia de sus propios confines. 82

         Somos aquello que nuestro mundo nos invita a ser, y las facciones fundamentales de nuestra alma son impresas en ella pro el perfil del contorno como por un molde. 84

         Noble significa el “conocido”, se entiende el conocido de todo el mundo, el famoso, que se ha dado a conocer sobresaliendo sobre la masa anónima. Implica un esfuerzo insólito que motivó la fama. Equivale, pues, noble a esforzado o excelente. 86-7

         Toda vida es la lucha, el esfuerzo para ser sí misma. Las  dificultades con que tropiezo para realizar mi vida son, precisamente, lo que despierta y moviliza mis actividades, mis capacidades. Si mi cuerpo no me pesase, yo no podría andar. 116

         El especialista “sabe” muy bien su mínimo rincón de universo; pero ignora de raíz todo el resto. 127

         El joven no necesita razones para vivir; sólo necesita pretextos. 151

         El encanallamiento no es otra cosa que la aceptación como estado habitual y constituido de una irregularidad, de algo que mientras se acepta sigue pareciendo indebido. 153

         La vida humana, por su naturaleza propia, tiene que estar puesta a algo, a una empresa gloriosa o humilde, a un destino ilustre o trivial. 153

         La vida es por lo pronto un caos donde uno está perdido. El hombre lo sospecha; pero le aterra encontrarse cara a cara con esa terrible realidad, y procura ocultarla con un telón fantasmagórico donde todo está muy claro. Lo trae sin cuidado que sus “ideas” no sean verdaderas; las emplea como trincheras para defenderse de su vida, como aspavientos para ahuyentar la realidad.167

         El hombre de cabeza clara es el que se liberta de esas “ideas” fantasmagóricas  y mira de frente a la vida, y se hace cargo de que todo en ella es problemático, y se siente perdido. Como esto es la pura verdad   -a saber, que vivir es sentirse perdido-, el que lo acepta ya ha empezado a encontrarse, ya ha comenzado a descubrir su auténtica realidad, ya está en lo firme. 168

         De la moral no es posible desentenderse sin más ni más. Lo que con un vocablo falto hasta de gramática se llama amoralidad, es una cosa que no existe. Si usted no quiere supeditarse a ninguna norma, tiene usted, “velis nolis”, que supeditarse a la norma de negar toda moral, y esto no es amoral, sino inmoral. Es una moral negativa que conserva de la otra la forma en hueco. 196

         El hombre del Sur propende a ser gárrulo. Gracia, que nos educó, nos soltó las lenguas y nos hizo indiscretos a nativitate. 201

         En muchas épocas humana el poder social de este fue muy reducido y otras negáis ajenas a lo económico informaron la convivencia humana. Si hoy (1927) poseen el dinero los judíos y son los amos del mundo, también lo poseían en la Edad Media y eran la hez de Europa. 253

         En el siglo XVI, por mucho dinero que tuvieses un judío, seguía siendo un infra-hombre, y en tiempo de César los “Caballeros”, que eran los más ricos como clase, no ascendían a la cima de la sociedad.

         Parece lo más verosímil que sea el dinero un factor social secundario, incapaz por sí mismo de inspirar la gran arquitectura de la sociedad. 253

         Todas las épocas sometidas al imperio crematíostico consiste en ser tiempos de transición. Muerta una constitución política y moral, se queda la sociedad sin motivo que jerarquice a los hombres. 254

 

..ooOoo..

 

“EL ESPECTADOR”[3]

 

         Mientras tomemos lo útil como útil, nada hay que objetar. Pero si esta preocupación por lo útil llega  a constituir el hábito central de nuestra personalidad, cuando se trate de buscar lo verdadero tenderemos a confundirlo con lo útil. Y esto, hacer de la utilidad la verdad, es la definición de la mentira. El imperio de la política es, pues, el imperio de la mentira. 18

         Un alma necesita respirar almas afines.

         Criaturas errabundas e indóciles, decididas a no disolver sus instintos en las formas convencionales de vida que la sociedad ofrece e impone. Temperamentos tales tienen que fracasar en una época como la muestra, tiranizada por principios de hipocresía. (…) Pero estas vidas, que son prácticamente fracasos y derrumbamiento, son moral y sentimentalmente victorias y gestos de ascensión.  ..coincidirá todo corazón sensible todavía no pervertido pro la valoración utilista de las cosas. 36

         Para flotar en esta época que vimos es imprescindible tener mal corazón, buen estómago y un cheque en el bolsillo. 36

         ¿Quién que se falle totalmente absorbido por una ocupación se siente infeliz? Este sentimiento no aparece sino cuando una parte de nuestro espíritu está desocupada, inactiva, cesante. La melancolía, la tristeza, el descontento son inconcebibles cuando nuestro ser íntegro está operando. Basta, en cambio, que en nuestra actividad se haga un calderón para que asciendan del espíritu quieto  -como los vahos maléficos en un agua muerta-   esas emociones de desazón, de desamparo y vacío infinito. Entonces advertimos el desequilibrio entre nuestro ser potencial y nuestro ser actual. Y eso, eso es la infelicidad. 45-6

         No hay renacimiento posible si no se vuele a nacer. Y nacer es naturarse, volver a la naturaleza, retornar de la cultura hecha farsa. 50

         El hombre no puede vivir plenamente si no hay algo capaz de llenar su espíritu hasta el punto de desear morir por ello. Lo que no nos incita a morir no nos excita a vivir. 52

         Cuando el ideal fluya por la jornada entera los años vibrarán como lanzas templadas y victoriosas. 54

         La esencia de la feminidad se nos revela en el hecho de que un ser sienta realizado plenamente su destino cuando entrega su persona a otra persona. (…) Frente a este maravilloso fenómeno la masculinidad oponen su instinto radical, que la impulsa a apoderarse de otra persona. Existe, pues, una armonía preestablecida entre hombre y mujer; para ésta, vivir es entregarse; para aquél, vivir e apoderarse, y ambos sinos, precisamente por ser opuesto, vienen a perfecto acomodo. 101

         …Salomé obtiene todas su demandas. Como para ella desear es lograr, han quedado atrofiadas en su alma todas aquellas operaciones que los demás solemos ejercitar para conseguir la realización de nuestros apetitos. Las energías, de esta suerte vacantes, vinieron a verterse sobre la turbina del deseo, convirtieron a Salomé en una prodigiosa fábrica de anhelos, de imaginaciones, de fantasías. Ya esto significa una deformación de la feminidad. Porque la mujer normalmente imagina, fantasea menos que el hombre, y a ello debe su más fácil adaptación al destino que le es impuesto. >Para el varón lo deseable suele ser una creación imaginativa, previa a la realidad; para la mujer, por el contrario, algo que descubre entre las cosas reales. Así, en el orden erótico, es frecuente que el hombre forje a priori, como Chateaubriand, un “fatôme d’amour” una imagen irreal de la mujer a la que dedica su entusiasmo. En la mujer es esto sobremanera insólito. 102

         Un exceso de virginidad corporal, una inmoderna preocupación de prolongar el estado de doncellez suele presentarse en la mujer el lado de un carácter masculino. 102-3

         No sería mujer Salomé si no necesitase entregas su persona a otra persona; pero mujer imaginativa y frígida, la entrega a un fantasma, a un ensueño de su propia elaboración. De esta suerte su feminidad se escapa toda pro una dimensión imaginaria. 103

         Las Salomés buscan siempre un varón tan distinto de los demás valores, que casi pertenece a un nuevo sexo desconocido. Otro síntoma de feminidad deformada. El Bautista es un persona peludo y frenético, que vocee en los desiertos y predica una religión hidroterápica. No podía Salomé haber caído pero; Juan Bautista es un hombre de ideas, un “Homo religiosus”: el polo opuesto a Don Juan, que es el “homme à femmes”. 103

        Salomé, que no ama a Juan Bautista, necesita ser amada de él, necesita apoderarse de su persona, y al servicio de este anhelo masculino pondrá todas las violencias que el varón suele usar para imponer al contorno su voluntad. 104

         Durante la Edad Media las relaciones entre los hombres descansaban en el principio de la fidelidad, radicado a su vez en el honor. Por el contrario, la sociedad moderna está fundada en el contrato. 125

         ¡Grave confesión de la modernidad! Fría más en la materia, precisamente porque no tiene alma, porque no es persona. Y, en efecto, esta edad ha tenido a elevar la física al rango de teología. 125

         La producción se regulaba por  el consumo, y no, según acaeció luego, el consumo por l producción, que es, al decir, de los entendidos en estas cosas, el rasgo esencial del capitalismo. Lo cual es una perversión del orden natural y correcto. Pues la riqueza no es sino el  medio para adquirir lo que se necesita o se desea. Parece, pues, el mejor orden que se comience pro sentir la necesidad o el deseo de una cosa y luego se piense en lograr la cuantía exigida para su adquisición. Pero el hombre moderno comienza por desear la riqueza, esto es, el puro medio adquisitivo. A este fin aumenta indefinidamente la producción, no por necesitar el producto, sino  con ánimo de obtener aún más riqueza. De donde resulta que el producto, la mercancía se ha convertido en medio, y el dinero, la riqueza, en fin último. 130

         Según la  hermana de Nietzsche, éste pensaba sobre los españoles: “¡Los españoles! ¡He ahí hombres que han querido ser demasiado! 163

         Si se quiere conocer a la mujer es preciso detenerse ante ella o, dicho de otra manera, es preciso “flistear”. NO existe otro método de conocimiento. El flirt es a la mujer lo que el experimento a la electricidad. Pues, el flirt comienza pro una detención, merced a la cual se convierte el transeúnte apresurado en interrogados que inicia una conversión particular. 177

         La mujer no revela su segundo aspecto, el verdadero y propio, sino al que se individualiza ante ella y deja de ser el hombre en general, el que pasa de largo, cualquiera. 177

         Comparada con el hombre, toda mujer es un poco princesa: vive de sí misma y, por ello, vive para sí misma. Al público presenta sólo una máscara convencional, impersonal, aunque variamente modulada; sigue la oda en todo y se complace en las frases hechas, en las opiniones recibidas. (…) la vanidad de la mujer es más ostentosa que la del hombre precisamente porque se refiere sólo a exterioridades; nace, vive y muere en ese haz externo de su vida a que me ha referido, pero no suele afectar su realidad íntima. (…) La vanidad del varón, menos ostentosa, es más profunda. Si el talento o la autoridad política saliesen a la cara, como ocurre con la belleza, la presencia de la mayor parte de los  hombres sería insoportable. 178

         Cuanto  mayor aparato y cuidados pone la mujer al presentarse en público mayor es la distancia que establece entre éste y su verdadera personalidad. 179

         En el hombre hay un instinto de expansión, de manifestación. Siente que si lo que él es no lo es a l vista de los demás valdría tanto como si no lo fuera. 179

         Hay en la mujer un instinto de ocultación, de encubrimiento: su alma vive como de espaldas a lo exterior, ocultando la íntima fermentación pasional. Los gestos del pudor no son sino la forma simbólica (véase Darwin y Piderit) de ese recato espiritual. 179

         Cuanto mayor es el deseo de mantener secreto algo de nuestra vida interior más expuestos nos hallamos al azoramiento. 180

         Esta posesión  de una vida interior donde no se deja circular al prójimo es una de las superioridades de la mujer sobre el hombre. 180

         Para que la vitalidad profunda o individual de la mujer se manifieste es preciso que el hombre deje de formar parte del público y por uno u otro motivo se destaque individualmente ante ella. 181

         Ya se oye, ya se oye el galopar de los caballeros ideales y el latir afanoso de los canes instintivos. La dama siente un misterioso afán de huída. No hace falta más para que la eterna escena venatoria se cumpla. En la caza, la misión de la pieza es huir arrastrando al cazador y la jauría en su torbellino de persecución. Así, en el frenesí de los amores, la mujer colabora primero con una apariencia de pavor y de fuga… 184

 

……………………………………………..

[1] Sarpe, Madrid,1984.

[2] Planeta, Barcelona, 1984.

[3] Salvat editores, Estella (Navarra), 1970.