El Evangelio(Jn 3,16-21) de la Liturgia del día 30 de abril, en pocas líneas nos refiere en termínanos radicales y absolutos la inmensidad del amor de Dios por su obra: Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna.»
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