«La gloria del Señor les rodeó de luz» (Lc 2,9).
El Señor nos dijo sed santos porque yo soy santo, y san Juan entre sus términos favoritos que aplica a Dios es el de la luz: «Dios es Luz, en él no hay tinieblas alguna» (1 Jn 1,5). Así se entiende que a los santos se les represente con una orla en torno a su cabeza: es el aura de santidad de aquellos en quien el Amor divino, el Espíritu Santo, está tan presente que quedan le «imantados» de su luz, y la «reflejan». «Arropado de luz como de un manto». (Sal 104,2).





