
La fe viva actúa por la caridad (Ga 5,6).
La fe sin obras está muerta (Sant 2,26).
¡Ay de aquellos que se confortan en su ser «almas bellas», que diría Hegel; que en su angelismo pasan de cualquier compromiso real, y que por miedo a contaminarse, abandonan a los hombres a su suerte!




