¡Señor mío, en ti confío!
Se podría decir, sin riesgo alguno a equivocarnos, que la confianza lo es todo; sobre ella se sostiene todo el edificio espiritual y se fundamenta la religación con Dios. «La fe religiosa para el creyente es la entrega confiada en manos de una trascendencia reconocida en esa confianza.»[1]




