Filadelfia, la sexta Iglesia

            Al Ángel de la Iglesia de Filadelfia escribe: Esto dice el Santo, el Veraz, el que tiene la llave de David: si él abre, nadie puede cerrar; si él cierra, nadie puede abrir. Conozco tu conducta: mira que he abierto ante ti una puerta que nadie puede cerrar, porque, aunque tienes poco poder, has guardado mi Palabra y no has renegado de mi nombre. Ya que has guardado mi recomendación de ser paciente, también yo te guardaré de la hora de la prueba que va a venir sobre el mundo entero para probar a los habitantes de la tierra. Vengo pronto; mantén con firmeza lo que tienes, para que nadie te arrebate tu corona. Al vencedor le pondré de columna en el Santuario de mi Dios, y no saldrá fuera ya más; y grabaré en él el nombre de mi Dios, y el nombre de la Ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén, que baja del cielo enviada por mi Dios, y mi nombre nuevo. (Ap 3,7-12).

…..

                Filadelfia es la sexta de las siete Iglesias a las que se escriben respectivas cartas. Un septenario de los varios que se dan en el Apocalipsis, donde los números y otras simbologías tienen un significado especial. Filadelfia tiene una singular importancia dado que es la número 6, la penúltima, que supone un hito en la historia humana, dado que será el tiempo en que se sucederán acontecimientos  extraordinarios, en los que se centra principalmente el libro del Apocalipsis y los profetas en su referencia al fin de los tiempos, y tras el cual se dará paso a la iglesia de Laodicea, tiempo maravilloso del milenarios. 

         Probablemente el decurso que va de mediados del siglo XX hasta el primer cuarto del XXI corresponde a esta iglesia. Es un tiempo breve, el más corto de las siete iglesias, pero probablemente el más intenso y decisivo.

         La Iglesia de esta etapa ha de mantenerse firme. Ya no es tiempo de reformas y cambios en la Iglesia: la doctrina, la liturgia, los dogmas, todo debe ser mantenido como un tesoro; única fuente de la verdad cuando el error y la oscuridad sobreabundan y dominan en todo el mundo. De modo que la Iglesia debe pertrecharse de la fidelidad al Evangelio de su Señor, sin apegarse al mundo, pretendiendo adaptarse a él. Como dice el dicho ignaciano: el tiempo de borrasca no hacer mudanza.

         Este es un tiempo de persecución, de tribulación y gran tribulación, que se acentuará según se aproxime el final, el tiempo de parto. El martirio será aún mayor que el padecido por la primera iglesia de los tiempos del imperio romano.

         Dada la gran apostasía y persecución, la Iglesia, tremendamente diezmada y condenada al ostracismo, la constituye tan sólo un  resto que se mantiene fiel a Cristo. La Iglesia visible, que ha renegado de Cristo, ha perdido el poder de atar y desatar; las llaves del Reino de los Cielos le han sido quitadas.

         Filadelfia es la Iglesia verdadera, el resto fiel, que vive en comunión fraterna, a quien Cristo ha abierto las puertas del cielo, desde donde baja su Reino.

         Llegará el día que parte de aquellos que la persiguen, entre ellos el pueblo judío, Dios les hará que se postren a sus pies, porque habrán visto que Él la ama como a su verdadera Iglesia.

         Dios promete su auxilio y protección a su Iglesia fiel y constante, en los momentos difíciles que van a sobrevenir a todo el mundo. Las dificultades para mantenerse fiel a las enseñanzas de Cristo y de la Iglesia se harán insoportables si no contaran con la ayuda divina. Estos verdaderos discípulos de Cristo serán protegidos por Él en la hora de la prueba, la que vendrá pronto; Jesús mismo ha dicho para acentuar lo terrible de ella que si el tiempo de esta prueba no se acortara ni los elegidos se salvarían.

         Vosotros que habéis sido los pilares del Reino en la tierra, seréis también columnas del Reino del cielo que va a descender.

     Después de vendrá la séptima y última iglesia, la de Laodicea, etapa del llamado milenarismo (simbólicamente mil años), que llegará hasta el fin del mundo y el  juicio final.

ACTUALIDAD CATÓLICA