![]() EXHORTACIÓN APOSTÓLICA SOBRE EL LLAMADO A LA SANTIDAD
CAPÍTULO PRIMERO Los santos que nos alientan y acompañan
Los santos de la puerta de al lado
El Señor llama
También para ti
Tu misión en Cristo
La actividad que santifica
Más vivos, más humanos
CAPÍTULO SEGUNDO
El gnosticismo actual
Una mente sin Dios y sin carne
Una doctrina sin misterio
Los límites de la razón
El pelagianismo actual
Una voluntad sin humildad
Una enseñanza de la Iglesia muchas veces olvidada
Los nuevos pelagianos
El resumen de la Ley
CAPÍTULO TERCERO
A contracorriente
«Felices los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos»
Ser pobre en el corazón, esto es santidad. «Felices los mansos, porque heredarán la tierra»
Reaccionar con humilde mansedumbre, esto es santidad. «Felices los que lloran, porque ellos serán consolados»
Saber llorar con los demás, esto es santidad. «Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados»
Buscar la justicia con hambre y sed, esto es santidad. «Felices los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia»
Mirar y actuar con misericordia, esto es santidad. «Felices los de corazón limpio, porque ellos verán a Dios»
Mantener el corazón limpio de todo lo que mancha el amor, esto es santidad. «Felices los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios»
Sembrar paz a nuestro alrededor, esto es santidad. «Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos»
Aceptar cada día el camino del Evangelio aunque nos traiga problemas, esto es santidad. El gran protocolo
Por fidelidad al Maestro
Las ideologías que mutilan el corazón del Evangelio
El culto que más le agrada
***
CAPÍTULO CUARTO
Aguante, paciencia y mansedumbre
Alegría y sentido del humor
Audacia y fervor
¡Cuántas veces nos sentimos tironeados a quedarnos en la comodidad de la orilla! Pero el Señor nos llama para navegar mar adentro y arrojar las redes en aguas más profundas (cf. Lc 5,4). Nos invita a gastar nuestra vida en su servicio. Aferrados a él nos animamos a poner todos nuestros carismas al servicio de los otros. Ojalá nos sintamos apremiados por su amor (cf. 2 Co5,14) y podamos decir con san Pablo: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9,16).
En comunidad
El pequeño detalle de que se estaba acabando el vino en una fiesta.
En oración constante
CAPÍTULO QUINTO
El combate y la vigilancia
Algo más que un mito
Despiertos y confiados
La corrupción espiritual
El discernimiento
Una necesidad imperiosa
Siempre a la luz del Señor
Un don sobrenatural
Habla, Señor
La lógica del don y de la cruz
***
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 19 de marzo, Solemnidad de San José, del año 2018, sexto de mi Pontificado. Francisco
[1] Benedicto XVI, Homilía en el solemne inicio del ministerio petrino (24 abril 2005): AAS97 (2005), 708. [2] Supone de todos modos que haya fama de santidad y un ejercicio, al menos en grado ordinario, de las virtudes cristianas: cf. Motu proprio Maiorem hac dilectionem (11 julio 2017), art. 2c: L’Osservatore Romano (12 julio 2017), p. 8. [3] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 9. [4] Cf. Joseph Malègue, Pierres noires. Les classes moyennes du Salut, París 1958. [5] Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 12. [6] Vida escondida y epifanía, en Obras Completas V, Burgos 2007, 637. [7] S. Juan Pablo II, Carta ap. Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 56: AAS 93 (2001), 307. [8] Carta ap. Tertio millennio adveniente (10 noviembre 1994), 37: AAS 87 (1995), 29. [9] Homilía en la Conmemoración ecuménica de los testigos de la fe del siglo XX (7 mayo 2000), 5: AAS 92 (2000), 680-681. [10] Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 11. [11] Hans U. von Balthasar, “Teología y santidad”, en Communio 6 (1987), 489. [12] Cántico Espiritual B, Prólogo, 2. [13] Ibíd., XIV-XV, 2. [14] Cf. Catequesis (19 noviembre 2014): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (21 noviembre 2014), p. 16. [15] S. Francisco de Sales, Tratado del amor a Dios, VIII, 11. [16] Cinco panes y dos peces: un gozoso testimonio de fe desde el sufrimiento en la cárcel, México 19999, 21. [17] Conferencia de Obispos católicos de Nueva Zelanda, Healing love (1 enero 1988). [18] Cf. Ejercicios espirituales, 102-312. [19] Catecismo de la Iglesia Católica, 515. [24] Benedicto XVI, Catequesis (13 abril 2011): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (17 abril 2011), p. 11. [26] Cf. Hans U. von Balthasar, “Teología y santidad”, en Communio 6 (1987), 486-493. [27] Xavier Zubiri, Naturaleza, historia, Dios, Madrid 19993, 427. [28] Carlo M. Martini, Las confesiones de Pedro, Estella 1994, 76. [29] Es necesario distinguir esta distracción superficial, de una sana cultura del ocio, que nos abre al otro y a la realidad con un espíritu disponible y contemplativo. [30] S. Juan Pablo II, Homilía en la Misa de canonización (1 octubre 2000), 5: AAS 92 (2000), 852. [31] Conferencia Episcopal Regional de África Occidental, Mensaje pastoral a la conclusión de la II Asamblea Plenaria (29 febrero 2016), 2. [32] La mujer pobre, II, 27. [33] Cf. Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Placuit Deo, sobre algunos aspectos de la salvación cristiana (22 febrero 2018), 4: L’Osservatore Romano (2 marzo 2018), pp. 4-5: «Tanto el individualismo neo-pelagiano como el desprecio neo-gnóstico del cuerpo deforman la confesión de fe en Cristo, el Salvador único y universal». En este documento se encuentran las bases doctrinales para la comprensión de la salvación cristiana en relación con las derivas neo-gnósticas y neo-pelagianas actuales. [34] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 94: AAS 105 (2013), 1060. [35] Ibíd.: AAS 105 (2013), 1059. [36] Homilía en la Misa de la Casa Santa Marta (11 noviembre 2016): L’Osservatore Romano (12 noviembre 2016), p. 8. [37] Como enseña S. Buenaventura: «Es necesario que se dejen todas las operaciones intelectuales, y que el ápice del afecto se traslade todo a Dios y todo se transforme en Dios. […] Y así, no pudiendo nada la naturaleza y poco la industria, ha de darse poco a la inquisición y mucho a la unción; poco a la lengua y muchísimo a la alegría interior; poco a la palabra y a los escritos, y todo al don de Dios, que es el Espíritu Santo; poco o nada a la criatura, todo a la esencia creadora, esto es, al Padre, y al Hijo, y a Espíritu Santo» (Itinerario de la mente a Dios, VII, 4-5). [38] Carta al Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica Argentina en el centenario de la Facultad de Teología (3 marzo 2015): L’Osservatore Romano (10 marzo 2015), p. 6. [39] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 40: AAS 105 (2013), 1037. [40] Videomensaje al Congreso internacional de Teología de la Pontificia Universidad Católica Argentina (1-3 septiembre 2015): AAS 107 (2015), 980. [41] Exhort. ap. postsin. Vita consecrata (25 marzo 1996), 38: AAS 88 (1996), 412. [42] Carta al Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica Argentina en el centenario de la Facultad de Teología (3 marzo 2015): L’Osservatore Romano (10 marzo 2015), p. 6. [43] Carta a Fray Antonio, 2: FF 251. [44] Los siete dones del Espíritu Santo, 9, 15. [45] Id., In IV Sent., 37, 1, 3, ad 6. [46] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 94: AAS 105 (2013), 1059. [47] Cf. S. Buenaventura, Las seis alas del Serafín 3, 8: «Non omnes omnia possunt». Cabe entenderlo en la línea del Catecismo de la Iglesia Católica, 1735. [48] Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologiae I-II, q.109, a.9, ad 1: «La gracia entraña cierta imperfección, en cuanto no sana perfectamente al hombre». [49] Cf. La naturaleza y la gracia, XLIII, 50: PL 44, 271. [50] Confesiones X, 29, 40: PL 32, 796. [51] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 44: AAS 105 (2013), 1038. [52] La fe cristiana entiende la gracia como preveniente, concomitante y subsecuente a nuestras acciones (cf. Conc. Ecum. de Trento, Ses. VI, Decr. de iustificatione, sobre la justificación, cap. 5: DH, 1525). [53] Cf. Homilías sobre la carta a los Romanos, IX, 11: PG 60, 470. [54] Homilía sobre la humildad: PG 31, 530. [55] Canon 4, DH 374. [56] Ses. VI, Decr. de iustificatione, sobre la justificación, cap. 8: DH 1532. [57] N. 1998. [58] Ibíd., 2007. [59] Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologiae I-II, q.114, a.5. [60] Sta. Teresa de Lisieux, “Acto de ofrenda al Amor misericordioso” (Oraciones, 6). [61] Lucio Gera, “Sobre el misterio del pobre”, en P. Grelot-L. Gera-A. Dumas, El Pobre,Buenos Aires 1962, 103. [62] Esta es, en definitiva, la doctrina católica acerca del «mérito» posterior a la justificación: se trata de la cooperación del justificado para el crecimiento de la vida de la gracia (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2010). Pero esta cooperación de ninguna manera hace que la justificación misma y la amistad con Dios se vuelvan objeto de un mérito humano. [63] Cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 95: AAS 105 (2013), 1060. [64] Summa Theologiae I-II, q.107, a.4. [65] Homilía durante el Jubileo de las personas socialmente excluidas (13 noviembre 2016): L’Osservatore Romano (14-15 noviembre 2016), p. 8. [66] Cf. Homilía en la Misa de la Casa Santa Marta (9 junio 2014): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (13 junio 2014), p. 11. [67] El orden entre la segunda y la tercera bienaventuranza cambia según las diversas tradiciones textuales. [68] Ejercicios espirituales, 23. [69] Manuscrito C, 12r. [70] Desde los tiempos patrísticos, la Iglesia valora el don de lágrimas, como se puede ver también en la hermosa oración Ad petendam compunctionem cordis: «Oh Dios omnipotente y mansísimo, que para el pueblo sediento hiciste surgir de la roca una fuente de agua viva, haz brotar de la dureza de nuestros corazones lágrimas de compunción, para que llorando nuestros pecados, obtengamos por tu misericordia el perdón» (Missale Romanum, ed. typ. 1962, p. [110]). [71] Catecismo de la Iglesia Católica, 1789; cf. 1970. [73] La difamación y la calumnia son como un acto terrorista: se arroja la bomba, se destruye, y el atacante se queda feliz y tranquilo. Esto es muy diferente de la nobleza de quien se acerca a conversar cara a cara, con serena sinceridad, pensando en el bien del otro. [74] En algunas ocasiones puede ser necesario conversar acerca de las dificultades de algún hermano. En estos casos puede ocurrir que se transmita un relato en lugar de un hecho objetivo. La pasión deforma la realidad concreta del hecho, lo transforma en relato y termina transmitiendo ese relato cargado de subjetividad. Así se destruye la realidad y no se respeta la verdad del otro. [75] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 218: AAS 105 (2013), 1110. [78] Carta enc. Centesimus annus (1 mayo 1991), 41c: AAS 83 (1991), 844-845. [79]Carta ap. Novo millennio ineunte (6 enero 2001), 49: AAS 93 (2001), 302. [81] Bula Misericordiae Vultus (11 abril 2015), 12: AAS 107 (2015), 407. [82] Recordemos la reacción del buen samaritano ante el hombre que unos bandidos dejaron medio muerto al borde del camino (cf. Lc 10,30-37). [83] Conferencia Canadiense de Obispos Católicos. Comisión de Asuntos Sociales, Carta abierta a los miembros del Parlamento, The Common Good or Exclusion: A Choice for Canadians (1 febrero 2001), 9. [84] Cf. La V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, según el magisterio constante de la Iglesia, ha enseñado que el ser humano «es siempre sagrado, desde su concepción, en todas las etapas de su existencia, hasta su muerte natural y después de la muerte», y que su vida debe ser cuidada «desde la concepción, en todas sus etapas, y hasta la muerte natural» (Documento de Aparecida, 29 junio 2007, 388,464). [85] Regla, 53, 1: PL 66, 749. [86] Cf. Ibíd., 53, 7: PL 66, 750. [87] Ibíd., 53, 15: PL 66, 751. [88] Bula Misericordiae Vultus (11 abril 2015), 9: AAS 107 (2015), 405. [89] Ibíd., 10: AAS 107 (2015), 406. [90] Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia (19 marzo 2016), 311: AAS 108 (2016), 439. [91] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 197: AAS 105 (2013), 1103. [92] Cf. Summa Theologiae II-II, q.30, a.4. [93] Ibíd., ad 1. [94] Cristo en los pobres, Madrid 1981, 37-38. [95] Hay muchas formas de bullying que, aunque parezcan elegantes o respetuosas e incluso muy espirituales, provocan mucho sufrimiento en la autoestima de los demás. [96] Cautelas, 13b. [97] Ibíd., 13a. [98] Diario, p. 132. [99] Sto. Tomás de Aquino, Summa Theologiae I-II, q.70, a.3. [100] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 6: AAS 105 (2013), 1221. [101] Recomiendo rezar la oración atribuida a santo Tomás Moro: «Concédeme, Señor, una buena digestión, y también algo que digerir. Concédeme la salud del cuerpo, con el buen humor necesario para mantenerla. Dame, Señor, un alma santa que sepa aprovechar lo que es bueno y puro, para que no se asuste ante el pecado, sino que encuentre el modo de poner las cosas de nuevo en orden. Concédeme un alma que no conozca el aburrimiento, las murmuraciones, los suspiros y los lamentos y no permitas que sufra excesivamente por esa cosa tan dominante que se llama yo. Dame, Señor, el sentido del humor. Concédeme la gracia de comprender las bromas, para que conozca en la vida un poco de alegría y pueda comunicársela a los demás. Así sea». [102] Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia (19 marzo 2016), 110: AAS 108 (2016), 354. [103] Exhort. ap. Evangelii nuntiandi (8 diciembre 1975), 80: AAS 68 (1976), 73. Es interesante advertir que en este texto el beato Pablo VI une íntimamente la alegría a la parresía. Así como lamenta «la falta de alegría y de esperanza», exalta la «dulce y confortadora alegría de evangelizar» que está unida a «un ímpetu interior que nadie ni nada sea capaz de extinguir», para que el mundo no reciba el Evangelio «a través de evangelizadores tristes y desalentados». Durante el Año Santo de 1975, el mismo Pablo VI dedicó a la alegría la Exhortación Apostólica, Gaudete in Domino (9 mayo 1975): AAS 67 (1975), 289-322. [104] Cautelas, 15. [105] S. Juan Pablo II, Exhort. ap. postsin. Vita consecrata (25 marzo 1996), 42: AAS 88 (1996), 416. [106] Confesiones, IX, 10, 23-25: PL 32, 773-775. [107] Especialmente recuerdo las tres palabras clave «permiso, gracias, perdón», porque «las palabras adecuadas, dichas en el momento justo, protegen y alimentan el amor día tras día»: Exhort. ap. postsin. Amoris laetitia (19 marzo 2016), 133: AAS108 (2016), 363. [108] Sta. Teresa de Lisieux, Manuscrito C, 29v-30r. [109] Grados de perfección, 2. [110] Id., Avisos a un religioso para alcanzar la perfección, 9b. [111] Libro de la Vida, 8, 5. [112] Juan Pablo II, Carta ap. Orientale lumen (2 mayo 1995), 16: AAS 87 (1995), 762. [113] Discurso en el V Congreso de la Iglesia italiana, Florencia (10 noviembre 2015): AAS 107 (2015), 1284. [114] Cf. S. Bernardo, Sermones sobre el Cantar de los Cantares 61, 3-5: PL 183, 1071-1073. [115] Relatos de un peregrino ruso, Buenos Aires 1990, 25.96. [116] Cf. Ejercicios espirituales, 230-237. [117] Carta a Henry de Castries (14 agosto 1901). [118] V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, Documento de Aparecida (29 junio 2007), 259. [119] Conferencia de Obispos Católicos de India, Declaración final de la XXI Asamblea plenaria (18 febrero 2009), 3.2. [120] Cf. Homilía en la Misa de la Casa Santa Marta (11 octubre 2013): L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española (18 octubre 2013), p. 12. [121] Cf. B. Pablo VI, Catequesis (15 noviembre 1972): Ecclesia (1972/II), 1605: «Una de las necesidades mayores es la defensa de aquel mal que llamamos Demonio. […] El mal no es solamente una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y pavorosa. Se sale del cuadro de la enseñanza bíblica y eclesiástica quien se niega a reconocer su existencia; o bien quien hace de ella un principio que existe por sí y que no tiene, como cualquier otra criatura, su origen en Dios; o bien la explica como una pseudorrealidad, una personificación conceptual y fantástica de las causas desconocidas de nuestras desgracias». [122] S. José Gabriel del Rosario Brochero, Plática de las banderas, en Conferencia Episcopal Argentina, El Cura Brochero. Cartas y sermones, Buenos Aires 1999, 71. [123] Exhort. ap. Evangelii gaudium (24 noviembre 2013), 85: AAS 105 (2013), 1056. [124] En la tumba de san Ignacio de Loyola se encuentra este sabio epitafio: «Non coerceri a maximo, contineri tamen a minimo divinum est» (Es divino no asustarse por las cosas grandes y a la vez estar atento a lo más pequeño). [125] Colaciones sobre el Hexaemeron, 1, 30. © Librería Editorial Vaticano
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