Europa, apóstata de sí misma

La fe cristiana está sufriendo desde hace un tiempo una criba alarmante.

Juan Pablo II había hablado de “apostasía” como abandono de la fe, en la exhortación apostólica “Ecclesia in Europa” del 2003. Pero Benedicto XVI ha dicho más. Ha acusado a Europa de ser siempre con más frecuencia apóstata “de sí misma incluso antes que de Dios”: hasta “dudar de su misma identidad”.

El Papa emérito es un experto analista de la Iglesia y el mundo. De un modo especial de Europa, a la que conoce en profundidad y ama con pasión de padre. El viejo continente, «una fecunda tierra de raíces cristianas», corre el riesgo de convertirse «en un desierto inhóspito», y la buena semilla, de verse «ahogada, pisoteada y perdida».

Somos testigos de ello. La fe cristiana está sufriendo desde hace un tiempo una criba alarmante. La doctrina cristiana ya no es un referente a la hora de legislar y organizar la sociedad. La moral se desprecia, incluso la ética más elemental se soslaya al programar las normas políticas y sociales. No se tiene en cuenta la dignidad del ser humano. Por eso no importa la vida antes de nacer o al llegar a la ancianidad. Lo que realmente importa es la economía, y casi todas las ideologías tienen como objetivo final el progreso, ¿hacia dónde?

Para la cultura y la política de consumo Dios no cuenta, no existe, su sola referencia es considerada como intrusión en la total autonomía del hombre. Los dioses somos nosotros, dicen. Es la vuelta al paganismo rancio, pero con mucho ímpetu. Afirma el Cardenal Sarah que los países africanos y asiáticos no hay nada profano. Todo es sagrado. Todo alcanza su plenitud en Dios. El hombre africano es incapaz de comprender un mundo sin Dios. Un mundo sin Dios y sin moral es como un niño que nace muerto… Los avances técnicos intentan infundir en el hombre un sueño cada vez más profundo. El hombre sin Dios se mece con la ilusión de ser inmortal (Cfr. Se hace tarde y anochece, págs. 272 y ss.)

La indiferencia hacia Dios es una grave patología. El hombre se diviniza con una terrible arrogancia. Lo importante es el dinero, el poder, la riqueza material… Y a Dios se le desprecia, se considera como un intruso en la vida del hombre y de la sociedad. Y cuando se construye la vida humana sin su fundamento tarde o temprano se desploma. Se vuelve a repetir aquellas palabras del demonio en el paraíso: Seréis como dioses, conoceréis el bien y el mal, no hace falta ninguna otra referencia.

Benedicto XVI afirma:  que el secularismo que azota a Europa, «sociedad de antigua tradición cristiana», está erosionando el tejido cultural que hasta hace no mucho tiempo era un punto de referencia.

«El patrimonio espiritual y moral en el que Occidente hunde sus raíces y que constituye su linfa vital no forma ya parte de su valor, y así una tierra fecunda corre el riesgo de convertirse en un desierto inhóspito y la buena semilla, ser ahogada, pisoteada y perdida«, subrayó el pontífice.

El papa Ratzinger agregó que hay una «señal evidente», y es la disminución de la práctica religiosa, «visible» en la participación en la Liturgia Eucarística «y aún más» en el sacramento de la penitencia.

  Esta visión realista del panorama europeo nos debe animar a vivir la fe con santo orgullo y la pretensión de que otros la puedan descubrir en nuestra estilo y convicción de que estamos es la Verdad, y humildemente la ofrecemos.

Juan García Inza

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